Win Bischoff: ‘El dinero necesita encontrar un hogar’

El veterano banquero habla sobre dirigir Citigroup y Lloyds en los momentos de crisis.

Citibank

Win Bischoff cree que se avecina otra crisis.

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agosto 24 de 2019 - 09:43 a.m.
2019-08-24

“¡Patrick!”, me dice una voz amable a mis espaldas cuando salgo de la estación Victoria del metro de Londres. Voy camino a Olivomare, un discreto restaurante de Belgravia que ha escogido mi invitado, Sir Win Bischoff. Pero él estaba en el mismo metro que yo, así que el encuentro comienza 10 minutos antes.

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Este hombre de 78 años de edad renunciará en octubre como presidente del Consejo de Información Financiera, el organismo regulador de auditoría del Reino Unido, después de medio siglo en las finanzas.

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Es el epítome del caballero de la City, aún vivaracho y con cierto tono rosado en sus mejillas después de tantos años de vinos y cenas. Incluso sin el bombín y el paraguas enrollado que eran el uniforme de la generación de Bischoff cuando se unió al banco Schroders en 1960, parece la viva encarnación del banquero británico de la vieja escuela.

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Sin embargo, las apariencias engañan. Bischoff, nacido en Alemania, carece del pedigrí de Eton y Oxford o Cambridge de sus pares, y ha sido un financiero discretamente subversivo por décadas.

Después de que lo nombraron CEO de Schroders con sólo 42 años, pasó a presidir dos de los bancos más grandes del mundo en momentos de crisis, aunque no sin polémica. También ha enfrentado tormentas durante su período al frente del muy criticado organismo regulador de auditoría, un acto final complicado en lo que ha sido una carrera histórica.

Mientras entramos a Olivomare, Bischoff me explica por qué lo escogió: algo aparentemente ilógico dado que ambos hemos viajado desde nuestras oficinas que están apenas a 300 metros de distancia entre sí. Pero era uno de los favoritos de su esposa, que murió hace unos meses.

“Rosemary era una mujer maravillosa”, me dice, y le pregunto cómo se conocieron. “Es una historia sobre cómo nos recompensa el deber. Yo estaba con una novia y me pidió que pasara el fin de semana en casa de sus padres. Pero ya yo había prometido asistir al bautizo del hijo de un amigo”.

Con cierta reticencia, asistió al bautizo, conoció a Rosemary, la madrina del bebé, y se enamoró de ella. ¿Y qué pasó con la otra novia? “No hubo resentimientos”, bromea. “Ya ves, el deber te recompensa”.

Aunque lleva muchísimo tiempo en la City, la vida de Bischoff ha sido peripatética. Creció durante la guerra en Alemania antes de que su padre, un granjero, mudara la familia a Sudáfrica y se convirtiera en un empresario de la importación y la exportación.

De Johannesburgo en el apartheid, Bischoff se fue a estudiar en la Universidad de Nueva York, y luego comenzó su carrera como asistente en Chase Manhattan. Se unió a Schroders, que en ese momento era un banco combinado de inversiones y gestoría de patrimonio, en 1966, y pasó los siguientes 34 años allí. Pero fue lejos de la sede londinense donde adquirió su experiencia: en 1970, a los 29 años, estableció una oficina en Hong Kong.

Pronto surgió una lista informal entre tres empresas en Hong Kong - Schroders, HSBC y Jardine Fleming - para garantizar que se distribuyeran las lucrativas salidas a bolsa. Si esto suena elitista es porque así fue: las regulaciones bancarias eran muy laxas, y más aún en Hong Kong. En 1971, a Bischoff le tocó la buena fortuna de sacar a bolsa la naciente propiedad y negocio manufacturero de Li Ka-shing, quien ahora es un magnate multimillonario.

“Repartimos las ofertas públicas iniciales”, recuerda Bischoff, “y la fecha en que Li quería salir a bolsa, por razones de feng shui, me tocó a mí? Creo recordar que recaudó HK$150 millones, valorando el negocio en HK$600 millones”. Para un banquero novato, este gran negocio fue un golpe maestro.

“Mi carrera se forjó en Hong Kong”, afirma. En 1984, un año después de volver a Londres, se convirtió en el CEO de Schroders. “Entre los candidatos que se habían quedado en Londres durante la década de 1970, había una sensación de negativismo. Por eso creo que saltaron una generación y me eligieron a mí”.

Aprovechando la ola de liberalización del mercado que se produjo tras el Big Bang de la City - la desregulación y las reformas emprendidas por Margaret Thatcher - Schroders recuperó el terreno que había perdido ante los nuevos rivales.

Para el 2000, después de resistir la incursión de bancos extranjeros, Bischoff llegó a un acuerdo para vender la unidad de banca de inversión a Citigroup, lo cual dejó el negocio cotizado de Schroders como gestoría de activos pura. En 16 años, había convertido una empresa de nicho, valorada en £112 millones, en un grupo de £4.500 millones que vendía su negocio bancario por US$2.200 millones.

Pero tuvo su mejor momento entre 2007, el comienzo de la crisis financiera mundial, y 2014, cuando la crisis de la eurozona había amainado.

Bischoff era el presidente regional de Citigroup en Europa cuando Wall Street comenzó a colapsar. En noviembre de 2007, lo sacaron de este puesto y lo convirtieron en el director ejecutivo interino de Citi en Nueva York durante un par de meses tempestuosos. Chuck Prince acababa de ser expulsado, tras revelar pérdidas de hasta US$11.000 millones en hipotecas de alto riesgo.

Lloyds Bank

Tuvo su mejor momento entre 2007, el inicio de la crisis financiera mundial, y 2014, cuando las cifras de la eurozona mejoraban.

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Una vez que se encontró un nuevo CEO permanente, el exbanquero de Morgan Stanley Vikram Pandit, Bischoff fue nombrado presidente y supervisó la primera fase de estabilización de Citigroup, incluso cuando estuvo al borde del colapso, fue casi nacionalizado y comenzó un radical programa de contracción.

Le pregunto a Bischoff si ese fue el momento más difícil de su carrera. No, me dice. Eso fue un poco más tarde, cuando regresó al Reino Unido y lo nombraron presidente de Lloyds Bank, a finales de 2009.

Tras ser reclutado por el entonces Canciller de la Hacienda Alistair Darling para presidir el banco comercial más grande de Gran Bretaña, Bischoff se encontraba nuevamente en medio de un torbellino. Algunos pensaron que actuó muy lentamente. Durante 18 meses se aferró a Eric Daniels, el director ejecutivo que había dirigido el acuerdo de HBOS, ante la irritación de algunos miembros de la junta que criticaron su deseo de evitar confrontaciones.

Entonces, ¿por qué dudó? “Mi opinión era que yo tenía que conocer mucho más sobre la compañía y cómo estaba funcionando antes de pensar en cambiar al director general. Queríamos tener a la persona adecuada. Y Eric Daniels sabía dónde estaban enterrados los cadáveres”.

El nombramiento del portugués António Horta-Osório como director ejecutivo de Lloyds en 2011 le provocó a Bischoff un tipo diferente de desafío. En meses se dio cuenta de que su nuevo empleado estaba sufriendo de estrés y agotamiento.

La combinación de una inminente crisis de la eurozona, grandes volúmenes de financiación a corto plazo y los objetivos autoimpuestos de Horta-Osório le provocaron insomnio y, en última instancia, un colapso nervioso; tendría que tomarse una licencia inmediatamente.“Esto fue más difícil que la crisis porque el Gobierno aún poseía 43% de Lloyds y ya habíamos anunciado que nuestro director financiero se iba”, dice.

El tuvo que supervisar los desafíos operativos y nombrar a un suplente, al tiempo que consideraba si Horta-Osório podría desafiar los precedentes y regresar a un puesto de alta presión después de un problema de salud mental.

“Teníamos nuestro propio médico”, recuerda. “También le dije a António: ‘No quiero ver tu historia clínica, pero nuestro médico necesita verla de forma confidencial. El consejo fue que él podía recuperarse y regresar”. Horta-Osório regresó, y sigue siendo el director ejecutivo de Lloyds hasta el día de hoy.

Cuando el banquero se retiró de Lloyds en 2014, a los 72 años, el grupo había repuntado sólidamente. Parecía que Bischoff iba a dejar su carrera bancaria por todo lo alto. Pero no fue así.

Mientras Bischoff contempla su jubilación, reflexiona sobre las polémicas que ha enfrentado, muchas más de las que podría haber esperado. Apenas un mes después de terminar en Lloyds, asumió la presidencia del organismo regulador de auditoría del Reino Unido, el Consejo de Información Financiera.

Cuando comenzó, parecía un último puesto cómodo para un financiero interesado en preservar su estatus en la City. Bischoff lo niega, alegando que rechazó el puesto y hubo que persuadirlo para que lo aceptara.

De cualquier manera, su mandato ha estado salpicado de críticas. Durante sus cinco años en el cargo, el colapso de la subcontratista Carillion y la cadena de cafeterías Patisserie Valerie han sido momentos malos. Ambos habían sido objeto de auditorías aparentemente débiles que hasta ahora el FRC no ha castigado.

Muchos también descalificaron una investigación del FRC sobre la auditoría hecha por KPMG de HBOS antes de la crisis como un encubrimiento.

Al preguntársele sobre estos temas, Bischoff parece inusualmente vulnerable. Juguetea con la envoltura del turrón que viene con su café expreso, y evita mi mirada. “A las compañías las destruyen la gerencia y las juntas. Pero quizás los auditores no fueron lo suficientemente escépticos”.

Lentamente, comienza a admitir las deficiencias del FRC y su incapacidad para cambiar la situación. “Ha sido mucho más difícil hacer las cosas de lo que imaginaba y más difícil también buscar mayor poder. Creo que hay motivos para que se les den poderes mucho mayores e intrusivos a los auditores, para que nos teman más como reguladores”.

Su reemplazo como presidente, el exbanquero convertido en director financiero de GSK, Simon Dingemans, supervisará el fortalecimiento de los poderes del FRC y su evolución hacia un nuevo organismo.

Junto con el historial mixto de Bischoff en el organismo regulador de auditoría, los problemas heredados de su estancia en Lloyds también han regresado, particularmente el maltrato de clientes de pequeñas empresas tras un escándalo de fraude de HBOS.

Dos ejecutivos de HBOS de la sucursal de Reading habían pasado años recibiendo sobornos a cambio de referir clientes de pequeñas empresas de alto riesgo a asociados en una empresa de consultoría que luego les cobraba a los clientes altas tarifas, despojándolos de sus activos y aplastándolos.

Aunque esto sucedió antes del rescate de HBOS por parte de Lloyds en 2009, el banco enfrentó críticas por su demora en reconocer la gravedad del escándalo.
Nikki y Paul Turner, propietarios de pequeñas empresas, están entre quienes acusaron a Bischoff de responder con desdén a sus quejas. Bischoff, quien luce arrinconado una vez más, reconoce que “se podría haber analizado el asunto con más detenimiento”.

En 2017, tres años después de que Bischoff se retirara, seis de las personas responsables del fraude fueron encarceladas. Dos meses después, Lloyds nombró a la exjueza del Tribunal Superior, Dame Linda Dobbs, para que realizara una revisión independiente en curso de su manejo del escándalo de HBOS.

Hay algunos aspectos positivos relevantes que compensan los negativos al final de su carrera. Bischoff fue uno de los primeros miembros del 30% Club, un grupo que ha contribuido a promover las carreras de las mujeres en los negocios, y se ganó una reputación por sus políticas de contratación diversa en Schroders.

Actualmente Bischoff aún muestra una prudente sabiduría a la que los financieros con actitudes alcistas deberían prestar atención. Tras haber vivido muchas crisis de mercado, ve que se avecina otra. “El mundo está muy apalancado”, dice mientras le da un último sorbo a su café expreso. “El dinero necesita un hogar. Se aloja en los títulos de deuda, lo cual es sorprendente. Y hay algo rarísimo: las personas recurren a los valores no líquidos para obtener mayores ganancias”.

En sus 57 años de carrera, ha mantenido su ritmo de vida; su única concesión es no trabajar los viernes por la tarde. Pero eso podría estar a punto de cambiar. Su otro cargo actual, director de JPMorgan Securities, finalizará el próximo año.

¿Entonces se retirará completamente? “Sí. Bueno, no haré nada en la vida pública, como en una gran institución financiera. Sospecho que me podrían pedir que haga algo en un área sin fines de lucro. La educación es el área que más me interesa personalmente”.


Es difícil darse cuenta de que uno de los nombres más importantes de la City - y un personaje que bebió vino durante décadas en los eventos sociales casi todas las noches de la semana - la abandonará. Su decisión de pedir agua mineral con gas definitivamente fue un presagio del cambio.

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