Carlos Gustavo Álvarez
columnista

El verdadero túnel

Triste pero cierto. Nos dejó el tren. Y, sin embargo, ahí en ese mismo punto, La Línea, hay un proyecto que es futuro de verdad.

Carlos Gustavo Álvarez
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Carlos Gustavo Álvarez
septiembre 10 de 2020
2020-09-10 09:43 p.m.
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Sacar pecho por la inauguración, por fin, del Túnel de La Línea, el conector vial más largo de América, dicen, no impide que queden expuestas las vergüenzas. Resumidas por Germán Vargas Lleras, en El Tiempo, al señarlo como “una obra mal planeada, mal diseñada, mal licitada, mal contratada y, por supuesto, mal ejecutada”.

Camándula de equivocaciones, como haberlo construido en lo alto y no en la base de la cordillera, entretelas perniciosas en su licitación y adjudicación, la trepada ciclística de los costos y el ritmo de construcción decimonónico: 0,7 kilómetros por año.

Las responsabilidades en ese penoso panorama se explican por el conocido método científico de uso patrio “tinmaríndedopinguécúcaramácaratíterefue”. Pero ese caso, damas y caballeros, hay que estudiarlo y entenderlo más allá de los discursos y la cinta cortada. Porque también al Túnel de La Línea lo atraviesa esa Colombia politiquera, turbia, pendenciera, ciega de futuro y ávida de lucro, en la que, si seguimos viviendo, no estamos haciendo otra cosa que matar y comer del muerto.

La inauguración de un túnel automotor nos confronta, también, con una realidad que configura otro caso de análisis y desengaño: el haberle dado la espalda al tren.

Carlos Niño Murcia, en su libro Los ferrocarriles en Colombia: genealogía de un fracaso, explica por qué el país se bajó de esa corriente progresista que se estableció desde el siglo XIX, con impactos evidentes y colosales que nos han sido negados.

“Colombia, por su dispersión en intereses regionales, la mala gestión gubernamental y la voracidad sindical, aborta este proceso y fracasa de manera estruendosa en aprovechar un sistema de transporte de gran uso y eficacia en muchos países”.

Triste pero cierto. Nos dejó el tren. Y, sin embargo, ahí en ese mismo punto, La Línea, hay un proyecto que es futuro de verdad.

“Ferropista en la Cordillera Central de Los Andes, Corredor Logístico Bogotá-Buenaventura, Tramo: Ibagué-Armenia, Colombia”, una APP de iniciativa privada, conecta las citadas poblaciones mediante una vía férrea de 55 kilómetros y un túnel, ese sí, en la base del macizo, de 44,2 kilómetros. Los trenes contarán con 35 vagones plataforma, sobre los que se cargarán los camiones.

En una primera etapa podrán realizarse entre 100 y 120 viajes al día. El tiempo de recorrido entre las dos estaciones será de 30 minutos. Según Ferropista.com, al citar casos análogos, esta obra nos pondría en envidiables grandes ligas. Donde juegan el Eurotúnel entre Francia y el Reino Unido, otras bellezas entre Italia y Suiza, y desarrollos en Austria, Japón y España.

El proyecto, más complejo y desafiante de lo mencionado aquí, tiene un capex de $8,1 billones y se espera que esté listo en 2027 o antes... Ojalá… Porque el verdadero túnel de Colombia, del que no salimos, es esta forma de ser nacional que le pone trabas a todas las cosas, que se lucra de los dineros públicos y que no se compromete ni se aplica, de veritas de veritas, a construir un gran país.

Carlos Gustavo Álvarez
Periodista.
cgalvarezg@gmail.com

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