Ricardo Santamaría
Columnista

Historias de reconciliación

A lo largo de mi vida me he topado con cientos de estas historias. Personas que inspiran con su trabajo, su actitud, su ejemplo.

Ricardo Santamaría
POR:
Ricardo Santamaría
julio 13 de 2020
2020-07-13 10:22 p. m.
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La reconciliación en Colombia es invisible. Sucede al margen de las noticias diarias, la política y los grandes escándalos. Pero es real. Imparable. Vive en el corazón de cada ser humano que decidió pasar la página, perdonar, seguir adelante, empezar de nuevo.

A lo largo de mi vida me he topado con cientos de estas historias. Personas que inspiran con su trabajo, su actitud, su ejemplo. Son historias reales, de gente de carne y hueso -y de mucho corazón- que han vivido dolores y realidades extremas pero que gracias a su férrea voluntad, a su deseo invencible de ser felices y al perdón, lograron superar y trascender esas situaciones límite, para cumplir sus sueños y tener vidas extraordinarias -o normales-, pero llenas de sentido.

Aprendieron de esas experiencias y, lo más importante, no a pesar de ellas sino gracias a ellas, se convirtieron en seres humanos empoderados, a cargo de sus vidas y su felicidad, y con un sentido trascendente de su existencia que les alcanza incluso para disfrutar la vida.

Y viendo esos seres humanos a los que la vida puso durísimas pruebas, me pregunto: ¿No ese el sentido más claro de la felicidad: Tener vidas con propósito?

Son las historias de hombres y mujeres anónimos, invisibles, con los cuales quizás nos cruzamos a diario sin saber la profundidad de su dolor y la grandeza de su redención. Un puñado de seres humanos que representan el camino de miles, o quizás millones de colombianos, con historias similares.

Una prueba. Esta es la historia de tres amigos. Dos policías invidentes y un exjefe guerrillero. Los conocí un día en un programa de televisión que en ese entonces conducía, llamado Conversemos en Paz. Llegaron al tiempo. Todos de corbata. Haciendo chistes. Calculo que rondan los 40 años de edad. Empezamos a hablar. A los 22 años los policías quedan ciegos en una emboscada de la guerrilla en el Caquetá.

El que ordenó el ataque es el guerrillero que está ahí con ellos. En ese entonces era comandante de un frente. Han pasado más de 15 años desde entonces.

¿Cómo pueden ser que hoy sean amigos y juntos vayan a un programa de televisión a contar lo que les sucedió?

Esta es la historia: Los dos policías llegan al Hospital Militar. Uno de ellos se quiere suicidar. Empiezan su recuperación en Teletón. Conocen dos mujeres. Se enamoran.

Ambos se casan. Gracias a una beca entran a estudiar derecho a la Universidad. Se gradúan. Empiezan a trabajar en una firma de abogados. En un encuentro de la Fundación Origen se conocen con el guerrillero que ordenó el ataque en el que quedaron ciegos. Es una casualidad. Hablan. Lo perdonan.

Posteriormente, lo invitan a almorzar un domingo a la casa de la mamá de uno de ellos. Sellan su amistad. Empiezan a dar conferencias de lo que les pasó.

Es un caso de perdonar lo imperdonable, de superarse a pesar de las circunstancias más duras, de encontrar un nuevo sentido de vida. Renacieron gracias al perdón y a la solidaridad de muchas personas y fundaciones. Hoy retribuyen contando esta historia. Sus vidas no son perfectas, pero tienen un enorme significado y propósito.

Ricardo Santamaría
Analista y escritor.
risasa1960@gmail.com

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