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Innovación

Un mundo tecnopolar: qué es y cómo funciona

Ya no se trata de los estados, ahora las tecnológicas diseñan, crean y gestionan una dimensión nueva de geopolítica, economía e interacción social.

Tecnología

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Portafolio
enero 27 de 2022 - 08:55 p. m.
2022-01-27

En 2022, las tecnologías digitales que ya están transformando nuestras vidas, en muchos sentidos para mejor, expondrán nuevas vulnerabilidades en nuestras vidas y sociedades. Los algoritmos creados con datos sesgados tomarán decisiones destructivas que afectarán la forma en que miles de millones de personas viven y trabajan.

Las turbas en línea incitarán a la violencia, la mala información moverá los mercados de valores, las teorías de la conspiración distorsionarán las opiniones de millones de personas y los piratas informáticos robarán información sobre todos nosotros. Todas estas amenazas crecerán en el espacio digital, donde las empresas tecnológicas más grandes del mundo y no los gobiernos establecen las reglas.

Este es un nuevo punto de inflexión para el desarrollo. Durante casi cuatro siglos, los estados-nación han trazado los límites y han hecho cumplir las reglas que rigen nuestras sociedades y nuestras vidas. Pero las firmas de tecnología más grandes ahora están diseñando, construyendo y administrando una dimensión completamente nueva de geopolítica, economía e interacción social.

Están escribiendo los algoritmos que deciden lo que la gente ve y escucha, determinan nuestras oportunidades económicas y personales e influyen en nuestra forma de pensar.

Partes importantes de nuestra vida diaria, e incluso algunas funciones esenciales del Estado, existen cada vez más en el mundo digital, y el futuro está siendo moldeado por compañías que no quieren ni tampoco pueden gobernar la sociedad de manera efectiva.
Las personas pasarán más tiempo en el espacio digital en 2022, en el trabajo y en el hogar, e incluso en el ‘metaverso’, una versión emergente y más inmersiva de la web donde se magnificarán todos los problemas de la gobernanza digital.

El metaverso, a su vez, dependerá cada vez más con el tiempo de los sistemas económicos basados en plataformas blockchain descentralizadas que los gobiernos ya están luchando por controlar.

Claro, los gobiernos están tratando de contraatacar. La Unión Europea aprobará nuevas leyes en 2022 que limitan algunas prácticas comerciales de estas grandes firmas. Los reguladores de EE. UU. avanzarán en los casos antimonopolio y comenzarán el largo y polémico proceso de redacción de nuevas reglas para la privacidad digital. China continuará presionando a sus empresas para que se alineen con las prioridades nacionales. Otros gobiernos restringirán los tipos de datos que pueden cruzar las fronteras.

Pero estas son tácticas regulatorias, no estrategias, y ningún gobierno desafiará las ganancias masivas y la influencia de las grandes tecnológicas en el corto plazo. Los funcionarios políticos tampoco limitarán la capacidad de las plataformas más grandes para invertir esos recursos en la esfera digital donde ellos, y no los gobiernos, siguen siendo los arquitectos, actores y ejecutores.

Este no es solo un desafío estadounidense u occidental. Es un problema también para el mundo en desarrollo, donde los gobiernos enfrentan disyuntivas aún más marcadas entre el acceso a los servicios digitales necesarios para aprovechar las oportunidades económicas en el siglo XXI y los riesgos que plantean la ciberseguridad deficiente y la desinformación viral.

China no es inmune a los desafíos de este nuevo mundo digital. Sí, tiene el ‘firewall’ de internet y el aparato de vigilancia más sofisticados del mundo, y el presidente Xi Jinping no ha dudado en tomar medidas contra las empresas que cree que se están volviendo demasiado grandes.

Pero el Partido Comunista Chino necesita un crecimiento económico sólido y resistente para mantener su monopolio en el poder político nacional. Si Xi toma medidas drásticas contra los pioneros tecnológicos y las empresas del sector privado más emprendedores y capaces de China, el país no podrá desarrollar la infraestructura digital necesaria para impulsar la productividad y los niveles de vida a largo plazo.

En muchos casos, las mismas empresas que Pekín ve como amenazas potenciales para el régimen también son pilares indispensables de su economía, un dilema central para un país, democracia o estado policial.

Ya existe una falta de liderazgo global en el mundo actual. No existe un gobierno único o una alianza duradera de países que esté dispuesto y sea capaz de manejar el creciente número de problemas globales que ya tenemos: una respuesta a pandemias, cambio climático, resolución de conflictos y atención coordinada para los migrantes y refugiados del mundo.

Pero el espacio digital está aún peor gobernado. Los gigantes tecnológicos son como países en desarrollo que carecen de instituciones de gobierno para igualar su poder político. Al igual que un país con un crecimiento económico acelerado que aún no puede educar a sus ciudadanos ni mantenerlos seguros, las grandes empresas del sector no tienen la capacidad ni la voluntad de gobernar los nuevos espacios y herramientas que están creando.

La gobernanza ineficaz de los gigantes tecnológicos impondrá costos a la sociedad y las empresas. La desinformación empeorará antes de las elecciones de medio mandato de EE. UU. de 2022, lo que socavará aún más la fe estadounidense en el proceso democrático. Y a medida que las empresas de tecnología y los gobiernos no se unan en torno a la gobernanza de la privacidad de los datos, el uso seguro y ético de la inteligencia artificial y la ciberseguridad, las tensiones entre EE. UU. y China sobre estos temas aumentarán, y los esfuerzos de Estados Unidos y Europa para encontrar un terreno común serán insuficientes.

Sin países, o empresas, capaces de elaborar soluciones efectivas a los problemas globales, la credibilidad de los gobiernos se erosionará aún más, lo que deshilachará todavía más el contrato social. Este es el mundo tecnopolar de hoy.

IAN BREMMER
Presidente de Eurasia Group y GZERO Media

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