40 millones de personas padecen la esclavitud moderna

La OIT incluye en esta categoría el trabajo forzoso y los matrimonios forzados.

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En algunas partes de la India, los fabricantes de ladrillos son aún ejemplo de trabajos forzados.

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efe
agosto 24 de 2019 - 11:29 a.m.
2019-08-24

La esclavitud moderna aún encadena a más de cuarenta millones de personas en pleno siglo XXI, unas dramáticas cifras que cobran actualidad, pues ayer se conmemoró el “Día internacional del recuerdo de la trata de esclavos y su abolición” de Naciones Unidas.

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El dato pavoroso procede de las conclusiones del informe de la “Walk Free Foundation” (WFF), un organismo que colabora con la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

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El 23 de agosto de 1791 se produjo una revuelta de esclavos en la entonces colonia francesa de Santo Domingo, hoy Haití; considerada como el primer levantamiento contra el sistema esclavista.

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Doscientos años después, este cruel sistema de opresión persiste en nuestros días. El Índice Global de Esclavitud (GSI, por sus siglas en inglés), elaborado por la citada WFF.

Según el informe de este organismo, unos 40,3 millones de personas en el mundo son víctimas de la llamada esclavitud moderna, un término que incluye las situaciones en las que a una persona, mediante amenazas, violencia, coacción, abuso de poder o engaño, se le priva de su libertad para controlar su cuerpo, elegir o rechazar un empleo o dejar de trabajar.

La OIT considera dos formas actuales de sometimiento: el trabajo forzoso y los matrimonios forzados. Casi 25 millones de seres humanos son víctimas del trabajo impuesto por personas o entidades públicas y privadas. Entre ellas, en torno a cinco millones sufren explotación sexual, y más de quince millones se ven obligadas a casarse contra su voluntad.

DE GHANA A EE. UU.
Los diez países que encabezan la esclavitud moderna son Corea del Norte, Eritrea, Burundi, la República Centroafricana, Afganistán, Mauritania, Sudán del Sur, Pakistán, Camboya e Irán, aunque ningún rincón del mundo está exento de situaciones de explotación.

En Brasil, por ejemplo, un caso denunciado es el de dos hermanos, Elias y Nerisvan Vieira da Silva, que estuvieron encerrados en una granja y en contacto permanente con productos tóxicos. Fueron amenazados con no recibir paga por su trabajo si intentaban escaparse, según la ONG estadounidense ‘Free the Slaves’, que colaboró con otras organizaciones locales para devolverles la libertad, con lo que hoy han vuelto a trabajar como campesinos en el otro extremo del país.

Este caso tiene mucho que ver con los niños pescadores del Lago Volta (Ghana), los fabricantes de ladrillos de Pahasaur (India), o las 403.000 personas que sufren esclavitud en Estados Unidos, el país más desarrollado del mundo, según los datos del GSI.

Para la OIT, la vulnerabilidad económica es la principal causa de la esclavitud moderna. Uno de sus expertos, el brasileño Luiz Machado, explica que “si los salarios no pueden cubrir las necesidades de los trabajadores y sus familias, buscarán otras formas para complementar sus ingresos e intentar vivir decentemente.

Una familia pobre acepta cualquier tipo de trabajo para sobrevivir”. En lo que se refiere a la explotación por género, la OIT señala que un 71% de las víctimas son mujeres. En concreto, las mujeres y las niñas representan el 99% de quienes sufren trabajo forzoso en la industria del comercio sexual, y llegan hasta el 84% las que son obligadas a casarse.

HUMANOS EN VENTA
Este sistema moderno de explotación no solo afecta al tráfico de seres humanos en la medida en que las víctimas pueden ser sometidas en el ámbito doméstico y en el propio lugar de nacimiento.

La trata con fines de explotación sexual es un tipo concreto. Por ejemplo, no supone necesariamente el cruce ilegal de fronteras, pero cuando es así puede implicar también tráfico ilegal de personas.

Se sabe poco sobre la práctica de obligar a casarse a las mujeres, una costumbre habitual en ciertas comunidades de África, Oriente Medio, Asia y América Latina. Según sus propios cálculos, la Unicef estima que aproximadamente 650 millones de niñas y mujeres en todo el mundo se han casado antes de cumplir los 18 años de edad.

En un contexto de globalización, multiculturalidad y migraciones, los matrimonios forzados han comenzado a aparecer en Europa. Por ejemplo, la Federación de Mujeres Progresistas de España (FMP) elaboró el informe “No Acepto”, una investigación preliminar que pretende sacar a la luz los matrimonios forzados.

“Aún no existen grandes datos sobre esta realidad”, comenta la abogada Beatriz Lázaro, asesora de la FMP como especialista en violencia de género y una de las autoras del informe. Lázaro diferencia dos supuestos tipificados en el Código Penal: los matrimonios comprendidos dentro de la trata y aquellos que se producen en el entorno familiar.

"Todas las mujeres víctimas de matrimonios forzados -dice- normalmente sufren otras múltiples violencias, como agresiones sexuales, violencia de género o trabajos forzosos".

EFE

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