‘Amlo’ es una mayor amenaza para la democracia liberal que Bolsonaro

1 de enero será el día en que el presidente electo de Brasil, Jair Bolsonaro, tomará posesión del gobierno de la principal economía de América Latina.

Jair Bolsonaro, el próximo presidente de Brasil.

Jair Bolsonaro, el próximo presidente de Brasil.

AFP/Evaristo SA

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noviembre 30 de 2018 - 08:20 p.m.
2018-11-30

Hoy, Andrés Manuel López Obrador, un izquierdista rebelde conocido como ‘Amlo’, será el presidente de México y lanzará lo que ha llamado la “cuarta transformación” del país. No se sabe cómo se desarrollará la relación entre él y Donald Trump, aunque se dice que el estadounidense se refiere afectuosamente a López Obrador en privado como “Juan Trump”.

Un mes más tarde, Jair Bolsonaro, un conservador inconformista, se convertirá en el presidente de Brasil y comenzará lo que, según él, será un replanteamiento radical de la sociedad y la economía del país. Debido a sus comentarios misóginos y racistas, su nacionalismo divisorio y sus elogios de la dictadura, el excapitán del ejército a menudo es etiquetado como “Trump Tropical”.

Los dos líderes son parte de los cambios que están experimentando las dos economías más grandes de América Latina. Aunque los dos vienen de extremos opuestos de la política, ambos son ejemplos de una época de caudillos, u hombres fuertes populistas, que la región aparentemente había dejado atrás. ¿Quién es la mayor amenaza para la democracia liberal? Con casi toda seguridad es López Obrador - quien promete paz y amor - más que Bolsonaro, un proponente del encarcelamiento para todos sus opositores.

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Esto tal vez parezca un punto de vista provocativo pero está basado en un análisis empírico. López Obrador disfrutará de un poder casi ilimitado cuando asuma el cargo. Su partido tiene mayorías en el Senado y la Cámara. Cuenta con un amplio apoyo popular, domina su gabinete, hereda una economía relativamente saludable -que lo libera de las presiones inmediatas - y se enfrenta a un poder judicial débil.

Además, él quiere aún más poder. Planea crear ‘súper delegados’, responsables ante la rama ejecutiva, para monitorear todos los programas estatales y sus presupuestos. Al mismo tiempo, los recortes salariales en el sector público han provocado un éxodo de tecnócratas de la administración, debilitando a las pocas instituciones independientes de México que podrían controlar su poder.

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Bolsonaro enfrenta exactamente lo contrario. Está limitado. Su partido tiene una minoría en ambas cámaras del Congreso. No controla los presupuestos estatales. Se enfrenta a una prensa agresiva y a un poder judicial ferozmente independiente; está sujeto a más disciplina del mercado dada la débil economía de Brasil; y ha nombrado tecnócratas de peso para su gabinete. A diferencia de López Obrador, sus instintos parecen ser descentralizar el poder, incluyendo la independencia del banco central.

Bolsonaro también ha mostrado flexibilidad en sus compromisos de campaña más indignantes. Ha cambiado de opinión sobre la retirada del Acuerdo de París, reconsideró trasladar la embajada en Israel a Jerusalén y ha acogido a los refugiados venezolanos.

Por el contrario, López Obrador se ha vuelto más obstinado. Tras una ‘consulta popular’, canceló la construcción del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México, aunque los miles de millones de dólares en costos de compensación contradicen sus reclamos de un “gobierno de austeridad”. Algunos de sus proyectos favoritos respaldados por referendos similares, como una refinería de mil millones de dólares en su estado natal de Tabasco, proporcionarán fuentes lucrativas de patrocinio y apoyo político. También ha dicho que el presidente venezolano, Nicolás Maduro, es “bienvenido” en su toma de posesión, a pesar del historial de corrupción y abusos a los derechos humanos cometidos en su régimen.

Esto no implica que se debe ignorar el impacto del posible iliberalismo reaccionario de Bolsonaro. La forma en que él responda sobre las reformas económicas dolorosas es vital. Sin embargo, si Bolsonaro se extravía demasiado, las instituciones brasileñas, los mercados, los medios de comunicación y el ejército, le pedirán cuentas. Su problema es la falta de poder político, no exceso.

López Obrador, por el contrario, podrá implementar su visión de cambio. También necesita concentrar su poder para mejorar la coordinación de las políticas y así liberar a México de la corrupción y mejorar la vida de los pobres. Sin embargo, ese éxito sólo es probable si esta concentración del poder es parte de un nuevo enfoque institucional de debido proceso y mayor transparencia, en lugar de estar basado en su discreción personal. Lo preocupante es que hasta ahora hemos visto muchos indicios más del segundo enfoque.

John Paul Rathbone

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