Auge de Trump resultará ser efímero

Su política de keynesianismo regresivo muestra que los republicanos de EE. UU. han renunciado a la responsabilidad fiscal.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

EFE/ Erik Lesser

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Portafolio
julio 14 de 2019 - 01:07 p.m.
2019-07-14

“La economía ha experimentado una dramática recuperación bajo el presidente Trump”. Así lo indica una declaración en el sitio web de la Casa Blanca. Esta afirmación amerita una sobria evaluación.

La conclusión es que la economía ha respondido a un enorme estímulo fiscal, aproximadamente como lo habían predicho los mejores pronosticadores. Ese aumento es poco probable que perdure. Los significativos recortes de impuestos han beneficiado enormemente, como se preveía, a los propietarios de corporaciones.

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Pero ciertamente no han pagado por sí mismos. Más bien han dejado la posición fiscal a largo plazo en un frágil estado. Que los republicanos estén contentos con esto es digno de mención. Dada su postura durante la era de Obama, también es hipócrita.

Quizás la conclusión más simple es que un estímulo fiscal funciona, incluso en una etapa tardía del ciclo económico. Según Jason Furman, el presidente del consejo de asesores económicos de Barack Obama y actualmente en la Universidad de Harvard, el estímulo fue de aproximadamente el 1,2% del producto interno bruto (PIB).

Un artículo publicado en conjunto con Robert Barro, también de Harvard, en marzo de 2018, pronosticó que esto aumentaría la tasa de crecimiento en 1,1 puntos porcentuales durante 2018 y 2019. Hasta el momento, esto parece corresponder con los resultados.
Por lo tanto, la tendencia de crecimiento de la economía de Estados Unidos fue del 2,2% desde el primer trimestre de 2009 hasta los tres meses iniciales del 2017, los años de recuperación después de la crisis bajo la administración de Barack Obama.

El crecimiento interanual real ha aumentado a alrededor del 3% desde el segundo trimestre de 2018. Por consiguiente, la economía de hecho se ha acelerado a corto plazo.
Esta aceleración ha traído consigo disminuciones adicionales en el desempleo. La tasa de desempleo cayó del 4,7% al 3,7% entre enero de 2017 y junio de 2019. Precisamente, esta es la tasa de desempleo más baja desde diciembre de 1969.

Los buenos resultados en cuanto a la contratación ayudaron a provocar un aumento inflacionario en la década de 1970. ¿Será diferente esta vez? Afortunadamente, un aumento significativo similar no ha ocurrido hasta ahora. Ha habido un incremento modesto en el crecimiento del salario promedio por hora de los empleados privados, del 2,4% en el año hasta enero de 2017 al 3,1% en el año hasta junio de 2019.

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Pero esta tasa se ha estabilizado durante este último ejercicio. En términos reales, las ganancias semanales promedio aumentaron sólo un 1% en el año hasta mayo de 2019. Si los recortes de impuestos aportaron algo a los trabajadores, ciertamente es más a través de empleos adicionales que del aumento de las ganancias reales.

Sin embargo, la participación en el mercado laboral por parte de hombres y mujeres de entre 25 y 55 años todavía está por debajo de los picos del pasado.

En junio de 2019, la participación de hombres en edad productiva fue del 89%, una cifra que está alejada del 96% a principios de 1970.

De igual forma, para las mujeres, fue del 76% en junio de 2019, frente a un máximo del 77% en abril de 2000. La disminución del desempleo debe ponerse en este contexto.

De igual forma, la participación de la fuerza laboral ha disminuido drásticamente en el caso de los hombres en edad productiva. Mientras tanto, el aumento secular en la participación se detuvo hace dos décadas en el caso de las mujeres en edad productiva.

El principal impacto de los recortes de impuestos en la economía que se han aplicado bajo el Gobierno de Donald Trump es sobre las ganancias después de impuestos, como habría de esperarse.

Así pues, el impuesto efectivo sobre las ganancias se derrumbó al 10% a principios de 2018, desde el 19% durante el tercer trimestre de 2016. Esta es otra enorme caída en una historia que está llena de declives: a principios de la pasada década de 1950, la tasa alcanzó un máximo del 50%.

La gran justificación económica para imponerles impuestos más bajos a las corporaciones en Estados Unidos es que la inversión presentaría una tendencia al alza. La relación entre la inversión fija privada no residencial real y el PIB fue de 13,8% durante el primer trimestre de 2019.

Esto es sólo un 0,8 punto porcentual más alto que durante el último trimestre de 2016. Cabe destacar que también está dentro de los ratios registrado en la historia.

El artículo que realizaron los profesores Barro y Furman implica que el cambio en el tratamiento fiscal de las corporaciones debiera tener un modesto efecto al alza en el crecimiento, mayormente a través de una mayor inversión acumulada.

Pero el impacto sólo sería aumentar el PIB a lo largo de 10 años en 0,2-0,4 puntos porcentuales. En un reciente artículo, el profesor Furman ha sugerido que incluso esto pudiera ser una sobreestimación, en términos de los ingresos nacionales reales de Estados en lugar del PIB, una vez que se toman en cuenta los pagos a extranjeros necesarios para financiar una mayor inversión y los déficits fiscales.

Si bien el efecto a largo plazo sobre el crecimiento parece ser insignificante, el impacto sobre las finanzas del Gobierno federal estadounidense no lo es.

Puede que ese sea el punto principal, al menos para los republicanos del Congreso. Los recortes de impuestos no se pagan por sí mismos. Pero ayudan a “matar de hambre a la bestia”, en lenguaje republicano común.

La relación entre los ingresos federales y el PIB cayó al 17% durante el primer trimestre de 2019, en comparación con el 18,8% que se registraba tan solo dos años antes.

Por otro lado, la brecha entre los ingresos y el gasto en el país también alcanzó el 5,5% del PIB durante el primer trimestre de 2019, en lo que debe estar cerca del pico del ciclo.

Esto realmente pudiera justificarse si estos déficits estuvieran financiando la inversión. Pero al menos por el momento no lo están haciendo.

La incontinencia fiscal de los republicanos también les habrá dicho a los demócratas que la responsabilidad fiscal no tiene sentido. Esa realización tendrá significativos efectos a largo plazo.

La principal política de Donald Trump ha sido una forma regresiva del keynesianismo, tras una máscara de reforma fiscal corporativa. Ésta última resultó en enormes ganancias para los accionistas; también ha producido un fuerte estímulo a corto plazo, el cual ha tenido positivos efectos sobre el desempleo.

Se desconoce si las tasas de desempleo actuales serán sostenibles por un largo periodo de tiempo. Pero no pueden seguir cayendo para siempre. Es probable que los efectos sobre el crecimiento a largo plazo sean modestos, aunque mantener la economía tan ‘caliente’ pudiera generar un aumento en la inversión y, por lo tanto, en el crecimiento.

Dada la presión sobre la Reserva Federal para que continúe ‘alimentando’ la economía, esto pudiera terminar mal, con una inflación y unas tasas de interés más altas, y con una credibilidad fiscal y monetaria deteriorada.

Es demasiado pronto para elogiar la ‘Trumpeco-nomía’. Pero no es demasiado pronto para señalar hacia dónde se dirige Estados Unidos. Es difícil imaginarse a alguien defendiendo la prudencia fiscal.

La elección es más bien entre los keynesianos de derecha y los de izquierda. A largo plazo, es probable que termine mal. Pero eso podría ser a un muy largo plazo.

Martin Wolf

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