Banqueros centrales replantean todo en la cita de Jackson Hole

Los formuladores de políticas debatieron el cambio de régimen en condiciones económicas mundiales de mucha incertidumbre durante su encuentro anual.

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Jerome Powell, de la Fed, y Mark Carney, del Banco de Inglaterra, fueron dos protagonistas en la cita del fin de semana.

Bloomberg

POR:
Brendan Greeley
agosto 27 de 2019 - 10:00 p.m.
2019-08-27

Los banqueros centrales en Jackson Hole sintieron que las cosas nunca volverían a ser lo mismo.

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El mundo desarrollado ha experimentado un “cambio de régimen” en las condiciones económicas, dijo James Bullard, presidente de la Reserva Federal de San Luis.

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“Algo está pasando, y está provocando un replanteamiento de la banca central y de todas nuestras nociones sobre lo que creemos que estamos haciendo. Tenemos que dejar de pensar que el próximo año las cosas van a ser normales”.

Las tasas de interés no volverán a subir a corto plazo, el papel del dólar está bajo escrutinio como refugio y como un medio de cambio, y la incertidumbre se ha convertido en una característica permanente.

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Los formuladores de políticas reconocieron que habían llegado a un momento decisivo en la forma en que veían el sistema global. No pueden depender de las herramientas que utilizaban antes de la crisis financiera para definir el entorno económico, y a EE. UU. ya no se le puede considerar un actor predecible ni en economía ni en comercio, a pesar de que no existe un reemplazo para el dólar.

La reunión en Wyoming se produjo al tiempo (viernes) que Donald Trump prometió aumentar los aranceles sobre las importaciones chinas. Su amenaza fue la culminación de un día tumultuoso en los mercados financieros que comenzó cuando Pekín anunció represalias, y durante el cual Jay Powell, presidente de la Reserva Federal, advirtió que el trabajo del banco central no incluía dirigir la política comercial.

La resultante liquidación del mercado sugirió que los inversionistas se estaban dando cuenta de la realidad de que quizá no habrá un acuerdo entre las dos economías más grandes del mundo y que no se vislumbra un final claro para el conflicto comercial.

“Los inversionistas han cuantificado que habrá incertidumbre, habrá mensajes de Twitter, habrá amenazas y respuestas a esas amenazas”, apuntó Bullard.

Y agregó que estaba quedando claro que había habido dos cambios a largo plazo en el entorno económico subyacente. El primero es que los bancos centrales no podrán volver a las políticas de las que dependían antes de la crisis del 2008. Las tasas no subirán nuevamente al 5% y los balances no volverán a cero pronto.

Este problema es peor para Europa y Japón que para EE. UU., pero dada la interconexión global, es relevante en todo el mundo.

El segundo cambio que Bullard destacó es que las empresas, la Fed y los bancos centrales deben entender que EE. UU. no está en negociaciones comerciales. Está en un período de prolongada incertidumbre comercial, con consecuencias a largo plazo para la inversión empresarial.

Tanto Bullard como Robert Kaplan, presidente de la Reserva Federal de Dallas, señalaron la política comercial de Trump hacia México - en lugar de China - como el factor crucial detrás de esta incertidumbre.

En mayo, Trump amenazó con aranceles a su vecino del sur, un país con el que ya había negociado un nuevo acuerdo comercial que modificaba el TLCAN.

En cuanto a las compañías en el distrito de la Fed de Dallas, con cadenas de suministro transfronterizas, Kaplan dijo: “Tenemos que entender que podríamos despertarnos cualquier día y tener una sorpresa incluso con países con los que ya tenemos acuerdos. No sólo es China”.

Según Kaplan, por primera vez en años, los banqueros centrales enfrentan un problema que la política monetaria no provocó y no puede solucionar. “El rumbo de la economía tiene que ver más con la política comercial”, señaló.

Y hay otro aspecto de la función de EE. UU. en el sistema económico global que les preocupó a quienes asistieron a Jackson Hole: el estado del dólar en el sistema monetario internacional.

EE. UU. representa sólo el 10% del comercio mundial y el 15% del PIB global, pero el dólar se utiliza para fijar el precio de la mitad de las facturas comerciales y dos tercios de la emisión global de valores, dijo Mark Carney, gobernador del Banco de Inglaterra. Alegó que esto creaba distorsiones en el sistema monetario que debilitaban la formulación de políticas.

Maurice Obstfeld, execonomista principal del FMI quien ahora trabaja en la Universidad de California, Berkeley, dijo que cuando otros países podían predecir el comportamiento de EE. UU., estaban más dispuestos a cederle a Washington el control del sistema monetario mundial.

Pero ese enfoque está cada vez bajo un mayor escrutinio. “Había menos preocupación cuando a EE. UU. se le consideraba un líder responsable de la economía mundial”, dijo.
Sebnem Kalemli-Ozcan, de la Universidad de Maryland, dijo que la política monetaria estadounidense provocaba que las inversiones entraran o salieran de formas que ni sus emisores podían controlar.

Carney hizo la sugerencia radical de que una moneda digital privada o controlada por el gobierno podría servir como contrapeso global al dólar. Pero él y otros reconocieron que no había un mecanismo realista para desvincular la economía global del dólar.

Al fin de la reunión anual de Jackson Hole, los banqueros centrales sintieron que tenían pocas herramientas para contrarrestar una perspectiva comercial cada vez más sombría que ellos no pueden controlar.

“La mejor política sería deshacerse de esta incertidumbre política”, afirmó Bullard. “Entonces no existiría este problema”.

Brendan Greeley

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