Bolsonaro, un año entre la polémica y la recuperación

El presidente de Brasil cumplirá su primer aniversario, en el que sus salidas de tono han sido protagonistas y la mejora de la economía le ha ayudado.

Jair Bolsonaro

Pese a que en los primeros meses de presidencia, Jair Bolsonaro trató de contener sus comentarios, en las últimas semanas ha vuelto a ser más conflictivo.

Archivo particular

POR:
AFP
diciembre 20 de 2019 - 08:00 p.m.
2019-12-20

El presidente Jair Bolsonaro está a punto de consagrar su primer año de gobierno, en el que “liberar” a Brasil de la izquierda y el “globalismo” fueron dos de sus promesas con las que, además, pretende ser reelecto en 2022 para construir un país “respetuoso de la religión” y del derecho a portar armas.

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“Siempre soñé con liberar a Brasil de la nefasta ideología de izquierda. Tenemos que deconstruir muchas cosas”, dijo Bolsonaro durante una visita a Washington en marzo.

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En septiembre, cuando los incendios en la Amazonía causaban alarma mundial, este escéptico del cambio climático le advirtió a la ONU que no tenía nada que hacer en Brasil. “No estamos aquí para borrar nacionalidades y soberanías en nombre de un ‘interés global’ abstracto”, proclamó ante la Asamblea General.

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Bolsonaro, de 64 años, asumió el cargo el 1 de enero y desde entonces raros son los meses sin renuncias o destituciones por ajustes de cuentas o causas ideológicas en los ministerios o las agencias estatales.

Hay “un lado luminoso y un lado sombrío”, dijo a la revista Exame, elogiando en particular al ministro de Economía, Paulo Guedes.

Este es “un gobierno liberal en economía y antiliberal en política”, define con menos lirismo Marcos Nobre, profesor de filosofía de la Universidad de Campinas.

Bolsonaro, un admirador de la dictadura militar (1964-85), había prometido no buscar la reelección, pero en junio declaró que “si el pueblo lo quiere, estaremos cuatro años más”. Esta campaña prematura mantiene a su base movilizada, frente a una izquierda debilitada y dividida.

La estrategia parece eficaz: después de una pérdida inicial de popularidad, el electorado se divide en tres partes iguales entre quienes juzgan su gobierno bueno, malo o regular. Y una encuesta FSB/Veja mostró este mes que Bolsonaro solo sería derrotado por su ministro de Justicia, Sergio Moro, el juez anticorrupción que envió a la cárcel al expresidente de izquierda Luiz Inácio Lula da Silva.

Bolsonaro actúa “como un presidente antisistema y cuando fracasa puede decir que está tratando de cambiar las cosas democráticamente, pero que el sistema no lo deja”, apunta Nobre.

Para el académico, Bolsonaro pretende “instaurar un régimen autoritario, aunque no esté condiciones de hacerlo”. El excapitán del Ejército “fue electo por una confluencia de factores accidental. Si fuera reelecto, ya no sería accidental y tendríamos un proyecto en vías de implementación”, advierte el profesor.

Bolsonaro y sus hijos suelen tantear los límites del sistema. El diputado Eduardo Bolsonaro afirmó en octubre que “si la izquierda se radicaliza, habrá que dar una respuesta” como la del decreto que en 1968 cerró el Congreso y suspendió las garantías individuales.

En noviembre, Bolsonaro fundó su propio partido, Alianza Por Brasil (APB), que pregona el “respeto a Dios y la religión”, la “defensa de la vida desde la concepción” y la legalización del porte de armas.

Si concluye a tiempo su registro ante la justicia electoral, APB tendrá su bautizo en las municipales de octubre de 2020.

Otros analistas ven la agitación permanente como una confesión de impotencia. Paulo Guedes logró la aprobación por el Congreso de la reforma clave de las jubilaciones, pero la economía tarda en despegar y la desocupación en bajar. Otras promesas de campaña fueron desechadas por el Congreso o frenadas por la corte suprema.

El temor del sector agropecuario a perder mercados en Asia y Medio Oriente obligó a Bolsonaro a bajar el tono frente a China comunista y a aplazar la mudanza a Jerusalén de la embajada brasileña en Israel.

Y su voluntad de alineamiento con Donald Trump recibió en noviembre una bofetada, cuando el estadounidense anunció aranceles para las importaciones de acero y aluminio de Brasil y Argentina.

No obstante, el ámbito económico parece estar ayudándole. El país se ha mantenido al margen de las protestas ciudadanas de este año en la región, mientras que la economía ha consolidado durante el 2019 su recuperación, mejorando varias veces los pronósticos. Además, su plaza bursátil superó recientemente sus máximos históricos.

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