China, India y el ascenso del ‘Estado civilización’

Esta idea iliberal está ganando popularidad entre algunos pensadores de la derecha en Estados Unidos.

Xi Jinping, presidente de China, enfatiza en la historia y la civilización únicas de su país.

Xi Jinping, presidente de China, enfatiza en la historia y la civilización únicas de su país.

AFP

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marzo 08 de 2019 - 08:07 p.m.
2019-03-08

El siglo XIX popularizó la idea del ‘Estado nación’. El siglo XXI podría ser el siglo del ‘Estado civilización’. Un Estado civilización es un país que pretende representar no sólo un territorio histórico o una lengua o grupo étnico en particular, sino una civilización distintiva.

Es una idea que está ganando terreno en Estados tan diversos como China, India, Rusia, Turquía e incluso EE.UU.

La noción de Estado civilización tiene implicaciones claramente iliberales. Implica que los intentos de definir los derechos humanos universales o los estándares democráticos comunes no funcionan, ya que cada civilización necesita instituciones políticas que reflejen su propia cultura única. La idea de un Estado civilización también es exclusiva. Los grupos minoritarios y los migrantes nunca pueden integrarse porque no son parte de la civilización central.

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Uno de los factores que está impulsando el concepto del Estado civilización es el ascenso de China. En sus discursos ante audiencias extranjeras, el presidente Xi Jinping enfatiza la historia y la civilización únicas de China.

Esta idea ha sido promovida por intelectuales progubernamentales, como Zhang Weiwei de la Universidad de Fudan. En un libro influyente, “La Ola china: El ascenso de un Estado civilización”, Zhang argumenta que la China moderna ha tenido éxito porque ha rechazado las ideas políticas occidentales y, en vez, ha buscado crear un modelo arraigado en su propia cultura confuciana y sus tradiciones meritocráticas.

Zhang estaba adaptando una idea elaborada por primera vez por Martin Jacques, un escritor occidental, en un libro de gran éxito, “Cuando China gobierne el mundo”. Jacques argumenta que “la historia de China como Estado nación se remonta tan sólo a 120-150 años: su historia civilizacional se remonta a miles de años”.

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Él cree que el carácter distintivo de la civilización china conduce a normas sociales y políticas muy diferentes a las que prevalecen en el Occidente, incluyendo “la idea de que el Estado debe basarse en relaciones familiares y una visión muy diferente de la relación entre el individuo y la sociedad, en la que la sociedad es mucho más importante”.

Al igual que China, India tiene una población de más de mil millones de personas. Los teóricos del gobernante partido Bharatiya Janata (BJP) se sienten atraídos por la idea de que India es más que una simple nación; es, en cambio, una civilización distintiva.

Para el BJP, el rasgo más distintivo de la civilización india es la religión hindú, una noción que relega implícitamente a los musulmanes indios a un segundo nivel de ciudadanía.

Jayant Sinha, un ministro en el gobierno de Narendra Modi, sostiene que los padres fundadores de India moderna, como Jawaharlal Nehru, acogieron erróneamente ciertas ideas occidentales como el socialismo científico, creyendo que eran universalmente aplicables.

En cambio, él piensa que deberían haber basado el sistema de gobierno postcolonial de India en su propia cultura única: “La gente siente que su herencia está bajo asedio. Tenemos una visión del mundo basada en la fe que no corresponde con la visión científica racional”.

Las visiones civilizacionales del Estado también están ganando terreno en Rusia. Algunos de los ideólogos que rodean a Vladimir Putin han comenzado a acoger la idea de que Rusia representa una civilización euroasiática única, que nunca debería haber intentado integrarse con el Occidente. En un artículo reciente, Vladislav Surkov, un asesor cercano del presidente ruso, argumentó que los “repetidos esfuerzos infructuosos de su país para convertirse en parte de la civilización occidental finalmente han terminado”.

En cambio, Rusia debería de acoger su identidad como “una civilización que ha absorbido tanto al Oriente como al Occidente. Es un Estado carismático, talentoso, hermoso y solitario, como debe ser un mestizo”.

En un sistema global moldeado por el Occidente, no es sorprendente que algunos intelectuales de otros países como China, India o Rusia quieran resaltar el carácter distintivo de sus propias civilizaciones.

Lo que sí es sorprendente es que los pensadores de la derecha en EE.UU. también están alejándose de la idea de los “valores universales”, para enfatizar la naturaleza única y supuestamente bajo amenaza de la civilización occidental.

Steve Bannon, quien fue brevemente estratega en jefe en la Casa Blanca de Trump, ha argumentado repetidamente que la migración masiva y el declive de los valores cristianos tradicionales están socavando la civilización occidental. En un intento por detener este declive, Bannon está ayudando a establecer una “academia para el Occidente judeo-cristiano” en Italia, diseñada para capacitar a una nueva generación de líderes.

El argumento de Bannon de que la migración masiva está socavando los valores tradicionales de EEUU es uno de los fundamentos de la ideología de Donald Trump.
En un discurso en Varsovia en 2017, el presidente estadounidense declaró que “la cuestión fundamental de nuestro tiempo es si el Occidente tiene la voluntad para sobrevivir”, antes de asegurarle a su audiencia que “nuestra civilización triunfará”.

Pero, curiosamente, el hecho de que Trump esté adoptando una visión “civilizacional” del mundo puede ser en realidad un síntoma de la decadencia del Occidente.

Sus predecesores proclamaron con confianza que los valores estadounidenses eran “universales” y estaban destinados a triunfar en todo el mundo.

Y fue el poder global de las ideas occidentales lo que convirtió al Estado nación en la norma internacional para la organización política.

El auge de las potencias asiáticas como China e India puede resultar en la creación de nuevos modelos, en particular, el ‘Estado civilización’.

Gideon Rachman

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