Crecimiento de Paraguay ahuyenta sus sombras

Su éxito en el futuro dependerá de una mayor diversificación de la economía.

Paraguay

En los últimos 15 años, el crecimiento ha sido del 4,5% promedio. El PIB ha aumentado de unos US$7.000 millones en 2003 a casi US$40.000 millones.

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junio 14 de 2019 - 08:40 p.m.
2019-06-14

Habría sido demasiado fácil para los extranjeros que visitaban Paraguay a comienzos del siglo XXI descartar al país sin litoral como poco más que un remanso lánguido con pocas oportunidades, marcado por una historia de guerra, dictadura y corrupción.

Si regresaran ahora, no lo reconocerían. Durante la última década han brotado brillantes rascacielos en Asunción, la capital, testimonio de las tasas de crecimiento económico nacionales que son la envidia del resto de América Latina.

En los últimos 15 años, el crecimiento de Paraguay ha sido del 4,5% promedio. El PIB ha aumentado de unos US$7.000 millones en 2003 a casi US$40.000 millones en la actualidad y la clase media de Paraguay se ha duplicado.

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El PIB per cápita ha superado US$5.800 al año, considerablemente más bajo, por ejemplo, que el país vecino Brasil, pero la proporción de la población que vive en la pobreza ha disminuido considerablemente desde principio de siglo.

Históricamente, el desarrollo paraguayo se vio retrasado por dos guerras devastadoras, una entre 1864-1870, otra en la década de 1930, con países vecinos. La economía languideció durante gran parte de los 35 años de la dictadura del general Alfredo Stroessner, quien fue derrocado en 1989.

Desde entonces, Paraguay ha disfrutado de 30 años de democracia. Ahora, la cuestión es si su desempeño económico puede perdurar, dado que sigue siendo uno de los países más pobres de Sudamérica.

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A Paraguay le fue muy bien durante el auge de los productos básicos de los últimos 15 años, sostiene Dionisio Borda, quien se ha desempeñado como ministro de finanzas dos veces desde 2003 y a quien se le atribuye la implementación del sistema que ha impulsado gran parte del progreso económico. “Pero el sistema no es sostenible”, añade.

Gran parte del reciente crecimiento de Paraguay fue impulsado por un gran aumento en las exportaciones de soja y carne de res, y ahora se encuentra entre los diez principales exportadores mundiales de ambos productos. Los expertos coinciden, sin embargo, en que el país debe diversificar aún más su economía.

“No podemos seguir exportando soja y carne de res solamente”, dice Bruno Defelippe, un empresario de tecnología centrado en acelerar el crecimiento de los emprendimientos. Él, y otros, señalan las grandes extensiones de bosques atlánticos que fueron talados en el este de Paraguay presuntamente para fomentar el desarrollo económico. Hay temores de que la deforestación continuará en la región seca del Chaco.

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“Paraguay es un país sin litoral, y todavía hay muchos empresarios que tienen una mentalidad sin litoral”, agrega Defelippe.

Una mayor inversión extranjera es considerada como el ingrediente esencial para el crecimiento continuo de Paraguay. La debilidad institucional sigue siendo una seria preocupación para los inversores. Cabe destacar que el poder judicial carece de independencia de una legislatura a la que se le otorgó poderes para nombrar y destituir a los jueces para diluir la supremacía de la presidencia después de la caída de Stroessner.

Desde entonces, los políticos a menudo se han entrometido con el poder judicial para proteger los intereses privados. Efraín Alegre, un exministro de obras públicas que, como candidato del Partido Liberal Radical Auténtico, perdió ante el presidente Mario Abdo Benítez en las elecciones del año pasado, es escéptico.

Con el partido Colorado en el poder durante la mayor parte de las últimas siete décadas, dice que se ha instalado un “modelo totalitario” en el que el partido del Gobierno controla el poder judicial y lo público. Él describe una situación en la que los límites entre los negocios y la política se han borrado, y en la que reinan el patrocinio y el ‘clientelismo’. Paraguay, donde el contrabando, el tráfico de drogas y el lavado de dinero siguen siendo características diarias, es, él teme, “incapaz de cambiar”.

El país sí enfrenta el desafío de hacer que su sector público sea más eficiente y transparente. Se estima que su sector informal, de vendedores, artesanos y otros que apenas se ganan la vida, es al menos un tercio de la economía. Se piensa que más de dos tercios de la fuerza laboral gana menos del salario mínimo mensual de US$330.

Una reforma fiscal pendiente tiene como objetivo aumentar los ingresos del Gobierno en el 1% del PIB, sin cambiar la carga fiscal general para las empresas que es de alrededor del 10%. Si bien Paraguay tiene algunos de los impuestos más bajos del mundo, las medidas propuestas han provocado una fuerte resistencia del sector privado. Este argumenta que, si bien los ingresos fiscales se han multiplicado por siete desde 2004, el gasto estatal ha aumentado aún más.

Marcos Medina, exministro de Agricultura, compara el Estado con un “adolescente inmaduro” al que no se le puede confiar más dinero. No obstante, Paraguay cuenta con una de las economías más estables de América Latina, evitando en gran medida las recesiones que han afectado a sus vecinos Brasil y Argentina.

“Hemos tenido la misma moneda, el guaraní, durante los últimos 75 años”, dice Santiago Peña, exministro de Finanzas. “Argentina eliminó seis ceros de su moneda en el mismo período”.

Paraguay tiene una estricta legislación que impide que el déficit fiscal supere el 1,5% del PIB. Los inversionistas extranjeros disfrutan de bajos impuestos y bajos costos laborales y de electricidad, esto último gracias a la enorme represa hidroeléctrica de Itaipú que el país comparte con Brasil.

Aunque una mayor IED sería bien acogida, las inversiones han aumentado de menos de US$1.000 millones en 2003 a más de US$6.000 millones en 2017, principalmente desde EE. UU., Brasil y España.

La demografía está del lado paraguayo. Con el 75% de sus 7 millones de personas por debajo de los 40 años, tiene una de las poblaciones más jóvenes de la región. Los expertos en política social advierten, sin embargo, que las reformas educativas pendientes deben tener éxito en satisfacer las necesidades y aspiraciones de los jóvenes de la nación.

Benigno López, el ministro de Finanzas, sostiene que las reformas encaminadas a mejorar la salud y la educación, diversificar la economía y mejorar la eficacia del gasto permitirán un crecimiento entre 6 y 7% en los próximos años. “Hoy tenemos una macroeconomía que es muy buena”, dice, “pero nuestros indicadores sociales son malos”. Con las políticas correctas, agrega, “en 15 años, los dos estarán en el mismo nivel”.

Benedict Mander

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