Donald Trump está atacando a China con un tigre que no tiene dientes

El anuncio regular que revelaba que a China se le permitía salirse con la suya se hacía típicamente un viernes por la tarde.

USA

Se produjo un nuevo paso en la guerra comercial.

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agosto 09 de 2019 - 08:11 p.m.
2019-08-09

Finalmente lo hicieron. Después de décadas de especulación y debate, el Tesoro de Estados Unidos designó el lunes a China como manipulador de divisas, lo cual aumentó la tensión en la guerra comercial.

Formular la designación en este momento es lógicamente incomprensible, no tiene ningún valor práctico - o tiene valor negativo - y simplemente sirve para destacar la incapacidad de Estados Unidos para obligar a China a hacer lo que desea. Aparte de eso, es una gran idea.

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Incluso cuando la intervención de China en el renminbi era la principal preocupación de la política económica internacional estadounidense durante los mandatos de George W Bush y Barack Obama - esencialmente en la década previa a 2013 - designar a este país como manipulador (según la Ley General de Comercio Exterior y Competencia de 1988) nunca fue realmente una opción.

Era una omisión que el Tesoro estadounidense tradicionalmente quería ocultar. El anuncio regular que revelaba que a China se le permitía salirse con la suya se hacía típicamente un viernes por la tarde antes de un fin de semana festivo. Pero el Tesoro consideraba que no implementar la designación era una decisión razonable y ‘madura’.

¿Por qué? Porque a pesar de las afirmaciones desinformadas - incluso de personas como Mitt Romney mientras se postulaba para la presidencia, cuando dijo que le permitía a EE. UU. imponer aranceles anti subvenciones al país en cuestión - no hay consecuencias prácticas, excepto que el país tiene que iniciar negociaciones bilaterales o en el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Esas negociaciones en sí mismas no lograrán nada. La evaluación regular que hace el Fondo sobre las posiciones externas de los miembros utiliza una combinación ecléctica de enfoques con amplios intervalos de confianza, lo que dificulta su militarización para su uso en guerras de divisas.

Esto podría considerarse cobardía por parte del FMI, o podría verse como honestidad intelectual. A diferencia de los cálculos para, digamos, el antidumping, no hay nada que se asemeje a una metodología única aceptada para la desalineación del tipo de cambio. Pero ahí está. Las leyes internacionales para limitar esa acción deliberada de la paridad de las divisas son débiles, y el hecho de que EE. UU. designe un país como manipulador de divisas es como atacar a dicho país con un tigre sin dientes.

Si se hubiera implementado la designación durante los años en que China intervenía fuertemente en el renminbi, se habría podido defender intelectualmente dicha medida, aunque habría carecido prácticamente de sentido. Pero en estos momentos resulta incoherente, impotente y, de hecho, contraproducente.

La explicación implícita que dio el Tesoro por la designación del lunes fue que China debería haber intervenido más, no menos. En otras palabras, “manipulación” ahora simplemente significa no mantener el tipo de cambio a un nivel que el secretario del Tesoro estadounidense considere apropiado.

Aun así, si EE. UU. realmente quiere la estabilidad del renminbi, se ha puesto en una posición ridícula. Cuanto más amenace con exacerbar el conflicto comercial mediante acciones como ésta, probablemente haya más presión a la baja sobre el renminbi, conforme se mueve naturalmente la moneda para compensar la pérdida de competitividad de los exportadores chinos provocada por los aranceles.

Pekín tiene pocos deseos de dejar que la moneda caiga rápidamente. Pero el costo de evitar el descenso de la moneda se incrementa cuanto más intenta EE. UU. impulsarla a la baja, tanto en términos financieros por el costo de la intervención como en términos políticos debido al daño ocasionado por la impresión de que el país asiático está sometiéndose a los deseos de EE. UU.

Nunca tuvo mucho sentido práctico designar a China como manipulador de divisas. En las circunstancias actuales no tiene el más mínimo sentido. La única razón concebible podría ser que Donald Trump quiere más cobertura política para imponer más aranceles. Esta medida es torpe, deshonesta o las dos cosas.

ALAN BEATTIE– FINANTIAL TIMES

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