‘Economía global no ha cambiado su dirección, pese a crisis de 2008’

Richard Kozul-Wright asegura que el mundo aún no ha logrado recuperar los niveles previos al colapso y que el crecimiento es cada vez más inestable.

Richard Kozul-Wright,

Richard Kozul-Wright, director de la división de estrategias de desarrollo del UNCTAD.

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octubre 16 de 2018 - 11:38 p.m.
2018-10-16

Aunque las graves consecuencias que tuvo la crisis del 2008 en la economía hacen que todavía no se hayan recuperado los niveles previos al colapso, 10 años después el mundo sigue sin mostrar un cambio de dirección.

Así lo afirma Richard Kozul-Wright, director de la división de globalización y estrategias de desarrollo de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD). 

(Lea: Cómo evitar la próxima crisis financiera). 

¿Cómo está la economía mundial 10 años después?

Si bien este año repetiría el crecimiento del 2017, no ha vuelto a los niveles previos a la crisis, parece estar en un terreno cada vez más inestable y muchos países todavía operan por debajo de su potencial. Mientras los mercados de valores están en auge y el desempleo cae, los salarios se han mantenido estancados y la deuda aumenta. Y, a pesar de la recuperación, el índice de inversión respecto al PIB ha disminuido.

Una combinación de la normalización monetaria, el fortalecimiento del dólar y el alza de los precios del petróleo está causando gran estrés en los emergentes que han tomado préstamos desde la crisis.

¿Cuáles son los principales ‘nubarrones’?

La tolerancia hacia el sistema financiero especulativo antes de la crisis fue desmedida. Y, sin embargo, poco ha cambiado tras conocerse sus consecuencias. Ha habido algunas reformas, pero los bancos que se beneficiaron del dinero público son más grandes que nunca, los instrumentos opacos están nuevamente en juego, la evasión de impuestos es generalizada y los fondos de bonos de los banqueros se están desbordando. Al mismo tiempo, la ‘banca en la sombra’ es un negocio de US$160 billones, dos veces el tamaño de la economía global.

Junto con una reforma insuficiente, la débil recuperación ha dependido de los crecientes niveles de deuda y, a principios del 2018, esta ya había aumentado a casi US$250 billones, tres veces más que la producción mundial anual. Asimismo, la participación de los emergentes en el saldo ya es del 26% y el crédito a las corporaciones no financieras en estos países aumentó del 56% al 105% en el 2017. Ha habido pocos indicios de un cambio de dirección desde la crisis; de hecho, es casi seguro que la desigualdad en la riqueza ha aumentado.

Con todo, la sensación de que quienes causaron la crisis no solo se salieron con la suya, sino que se beneficiaron, ha sido una fuente de descontento, debilitando la confianza en las instituciones, que ahora se ha extendido al comercio. Abordar el círculo vicioso de la desigualdad, el endeudamiento, la inestabilidad y la inversión insuficiente es el desafío de la economía mundial.

¿Cuál sería el impacto real de la guerra comercial?

Por ahora es poco probable que el impacto sea grande en términos de crecimiento y debería ser relativamente fácil de corregir a través de medidas expansivas. Sin embargo, habrá ganadores y perdedores, con algunos sectores y comunidades que sufrirán más.

Pero aún hay espacio para consecuencias más graves; si las respuestas aumentan, la incertidumbre también lo hará con consecuencias adversas para la demanda de inversión. También podría generar una presión a la baja sobre los salarios, ya que las exportadoras buscan mantener su competitividad, lo que reducirá aún más la demanda de los consumidores. Para aquellos países que ya están amenazados por una mayor inestabilidad, el daño sería mayor.

¿Les preocupa la mayor concentración de grandes empresas en el mundo?

Una cosa que deberíamos haber aprendido de la crisis es que cuando una institución es demasiado grande para fallar, puede haber problemas. Y esto no solo ocurre en los mercados financieros, el comercio también está dominado por las grandes empresas a través del control de las cadenas de valor globales, con un promedio de que el 1% superior de las mayores firmas representan más de la mitad de las exportaciones.

Los países han tenido que comerciar más intensamente para generar el mismo crecimiento que en el pasado y gran parte de este comercio ha sido desigual, con ganancias sesgadas en favor de empresas líderes. Los peligros en torno a la concentración del mercado también se han vuelto muy visibles en la economía digital, en la que la práctica monopólica es sorprendente.

¿Cómo ve la región?

Continúa enfrentando problemas de ingresos medios asociados con una diversificación económica insuficiente y una inversión débil. Mientras que la primera década del nuevo milenio experimentó un esfuerzo concertado para enfrentar una desigualdad muy alta, el problema continúa actuando como un obstáculo para el crecimiento.

Como consecuencia, este sigue dependiendo de exportaciones de productos básicos y la entrada de capitales, lo que implica que muchos países son vulnerables a las conmociones externas. La falta de interdependencia regional es también una característica preocupante. Dejando de lado a Argentina, los más grandes, Brasil y México, no han actuado como los polos de crecimiento para la región que han caracterizado las historias de éxito en Asia.

¿Y Colombia?

Colombia es un ejemplo de los problemas aludidos en el contexto de la región. En las últimas dos décadas, ha logrado mantener un ritmo constante de crecimiento, pero la alta desigualdad, la falta de diversificación económica y la dependencia de los flujos internacionales de capital dificultan su capacidad para alcanzar mayores tasas de avance.

Con respecto a la desigualdad, el 1% superior de las personas capturan el 20% de los ingresos; un grado tan masivo de desigualdad hace que sea difícil traducir el crecimiento del PIB al tipo de prosperidad compartida que se requiere para un desarrollo a largo plazo. En términos de diversificación económica, Colombia ha experimentado un rápido proceso de desindustrialización prematura. Esto se caracteriza por una disminución constante de la proporción del valor agregado manufacturero en las últimas décadas. En términos prácticos, esto significa menos empleos de calidad.

Según la Cepal, los productos básicos representan casi el 80% de las exportaciones, por lo que el país es extremadamente vulnerable a los choques de precios de los productos básicos. No es coincidencia que tras el shock petrolero del 2014, la deuda externa de Colombia aumentó de 26% a 37% en solo tres años.

¿Qué podemos esperar en los próximos 10 años?

Los economistas no tienen un buen historial de predicción del futuro.

Eso sí, parece que la falta de voluntad para abordar las tendencias perjudiciales de la hiperglobalización, a través de soluciones multilaterales más sólidas, combinadas con las recetas nacionales para estos problemas, obligará a América del Norte, Europa Occidental y Asia Oriental a acuerdos regionales más estrictos, lo que dejará muchos países en desarrollo en una lucha por la posición entre ellos. 

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