EE. UU., China y la lógica de las guerras comerciales

Pekín explorará nuevas formas de perjudicar a Washington, incluyendo dejar de comprar su deuda.

Pekín

El Gobierno de Pekín cree que su régimen autoritario le va a permitir una postura más fuerte en la guerra comercial.

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Portafolio
septiembre 22 de 2018 - 12:26 p.m.
2018-09-22

No se llaman guerras comerciales por casualidad. La última ronda de sanciones a través de los aranceles bajo la modalidad de ‘ojo por ojo’ entre Estados Unidos y China ha sido impulsada por las mismas emociones de temor y orgullo que provocan las guerras reales.

Un país realiza un movimiento agresivo, por lo que el otro se siente obligado a responder en la misma medida. Ambas partes temen que, si retroceden, perderán el respeto del mundo y de sus propios ciudadanos.

(¿Qué productos y a dónde se pueden exportar por guerra comercial?). 

La opinión de la administración de Donald Trump es que China ha estado “engañando” a los estadounidenses en sus transacciones comerciales durante las últimas décadas. Pero en lugar de responder a la primera ronda de aranceles proveniente de este país, impuesta en julio, con concesiones, los chinos reaccionaron con sus propios aranceles.
Es así como ahora el presidente Donald Trump está imponiendo aranceles adicionales de 10% sobre US$200.000 millones adicionales en exportaciones chinas.

Ante esta situación, en lugar de retroceder, los chinos han prometido responder a esta última ronda de medidas con más aranceles sobre los productos estadounidenses. Siguiendo la lógica de la escalada, Trump ha prometido por su parte que generará aún más aranceles - posiblemente a una tasa más alta de 25% - cubriendo esencialmente todas las exportaciones chinas a su mercado.

Ambas partes están dispuestas a arriesgar una guerra comercial porque creen que tienen buenas posibilidades de ganar. Estados Unidos tiene la percepción de que la economía china está en problemas y que, por lo tanto, es vulnerable a la presión económica estadounidense.

De hecho, Larry Kudlow, el asesor económico de la Casa Blanca, consideró recientemente que “la economía de China se dirige hacia el sur”. Los estadounidenses también saben que China tiene un superávit comercial masivo con EE. UU. y por lo tanto es más vulnerable en una guerra arancelaria.

(Lo que le costará a los estadounidenses la guerra comercial con China). 

El Gobierno chino, por el contrario, cree que su sistema político autoritario está en una mejor posición para lidiar con una guerra comercial que el modelo estadounidense, que está abierto a la presión y al descontento de los votantes. El régimen en Pekín ya habrá notado que la administración Trump ha prometido rescatar a los agricultores de soja que se han visto afectados adversamente por los aranceles chinos.

Como dice Jeremy Shapiro, del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores: “Ambos países creen que pueden ganar y, por lo tanto, están dispuestos a luchar en la guerra. La guerra, en el lenguaje de las ciencias políticas, es casi siempre una disputa sobre el poder relativo, de lo contrario no habría necesidad de luchar. En este caso, es necesaria una guerra comercial para descubrir quién tiene la razón”.

Hasta ahora, la guerra comercial se ha librado principalmente utilizando la imposición de aranceles. Pero China pronto se quedará sin productos estadounidenses a los que pueda imponer aranceles. Entonces, el Gobierno chino tendrá que buscar otras formas de continuar la lucha en contra de su enemigo.

Algunos cambios ya son visibles. Los diplomáticos dicen que China ya ha aliviado la aplicación de las sanciones comerciales a Corea del Norte, que son importantes para los esfuerzos de EE. UU. para obligar al régimen de Kim Jong-un a desechar sus armas nucleares.

También es probable que los chinos impongan nuevos obstáculos reglamentarios a las empresas estadounidenses que operan dentro de su mercado. Y China también puede manipular su moneda para reducir su valor, lo que podría compensar fácilmente el efecto de un arancel de 10% sobre los precios como el que se impuso.

También hay nuevas especulaciones sobre el papel de China como un principal comprador de la deuda del Gobierno estadounidense. Algunos han teorizado durante mucho tiempo que China podría ejercer presión sobre Estados Unidos simplemente al negarse a comprar letras del Tesoro, lo cual dificultaría la financiación del abultado déficit federal que tiene EE. UU.

Hillary Clinton una vez argumentó que EE. UU. tendría problemas para “endurecer” su postura con respecto a Pekín porque China es “el banquero de Estados Unidos”. En los años de Barack Obama, sin embargo, prevaleció la opinión de que China nunca abandonaría sus tenencias de deuda de EE. UU. porque eso reduciría el valor de los propios ahorros de China.

Sin embargo, ya que el déficit estadounidense está de nuevo en ascenso debido a los recortes tributarios de Trump, los chinos seguramente explorarán el posible uso de la amenaza de la deuda como una medida de represalia.

Una vez que estallan las guerras, se desarrollan todo tipo de armas nuevas. Y eso se aplica tanto a las guerras comerciales como a las guerras reales.

CHINA ESTA REDEFINIENDO EL ORDEN MUNDIAL MEDIANTE EL PODER BLANDO 

Ningún país se vislumbra tanto en el horizonte del siglo XXI como China. Dado que China se ha beneficiado enormemente de la globalización, no se opone de manera recalcitrante al sistema internacional actual.

Aunque ha resistido la presión para adoptar la democracia occidental, es precisamente la apertura del orden internacional lo que ha posibilitado el auge del país en las últimas cuatro décadas.

Durante ese tiempo, China se abocó a un vasto e íntimo estudio del mundo occidental, enfocándose particularmente en la tecnología avanzada y los principios y prácticas de gestión moderna. Lo que aprendió no sólo cambió el país, sino que también cambió el mundo.

La mejor manera de ver la China moderna es a través de la lente de la Iniciativa un Cinturón, una Ruta. No importa cuán grandioso parezca el programa, se deriva de la propia experiencia de China en la etapa inicial de la reforma: mejores caminos mejoran la calidad de vida. Dado que China es aún un país con personas que viven por debajo del umbral de la pobreza, son comprensibles sus grandes proyectos de construcción de infraestructura en los países en desarrollo.

(La guerra comercial de Trump contra China se hace realidad). 

La iniciativa no es ni una caridad ni una trampa de deuda; China tiene que priorizar el retorno de la inversión. Aquellos países que critican la Iniciativa un Cinturón, una Ruta pasan por alto la necesidad real de los países en desarrollo de inversión extranjera, mientras que ellos mismos no se deciden a invertir.

Algunos analistas han anunciado el final del “siglo democrático”. Señalan que dentro de cinco años, la participación del ingreso global de los países considerados “no libres” - como China, Rusia y Arabia Saudita - superará la participación de las democracias occidentales.

Esto no pasa desapercibido Los reportajes que actualmente producen los canales de noticias financiados por el estado - incluyendo Al Jazeera de Catar, CCTV de China y RT de Rusia - llegan de forma regular a millones de televidentes estadounidenses. Una posible conclusión es que el camino hacia la prosperidad ya no pasa únicamente a través de la democracia liberal.

Sin embargo, el auge de China no significa que Pekín tenga la intención de imponer su ideología y sistema social a los demás. Tampoco tiene la intención de imponer un nuevo modelo dominante para el “orden internacional”.

China está extendiendo el alcance de su poder blando y promoviendo la cultura y el idioma chino a través de sus Institutos Confucio. Esto es similar al trabajo que realizan el British Council del Reino Unido o la Alianza Francesa de Francia.

En cualquier caso, la frase ‘orden internacional liberal’ es una simplificación occidental de la compleja era que intenta describir. No logra capturar las realidades de la guerra fría, la disolución del bloque soviético y el surgimiento del Movimiento de Países No Alineados.

La historia nos muestra que, aunque los imperios y las grandes potencias han sido dominantes durante largos períodos, el mundo nunca ha sido unipolar. El orden internacional es una mezcla de diferentes y coexistentes sistemas políticos, arquitecturas de seguridad y civilizaciones. Ningún único conjunto de valores se adapta a todos y la historia no ha terminado.

Sin embargo, el mundo de hoy es interdependiente. Es por eso que la determinación del presidente estadounidense Donald Trump de entablar una guerra comercial a nivel mundial, en particular contra China, es errónea. Los aranceles que Estados Unidos ha impuesto a los US$200.000 millones en exportaciones chinas afectarían algunas importaciones estadounidenses. Además, estas exportaciones representan menos del 10% de las exportaciones chinas. Sin embargo, Pekín no dudó en tomar represalias. Cuando el polvo se asiente, el país de Trump no habrá salido ileso.

El pastel económico global se está dividiendo en nuevas formas y la participación oriental - encabezada por China e India - está aumentando rápidamente. Hay mucho en riesgo. Este cambio podría anunciar el comienzo de una gran reconciliación y un nuevo equilibrio de poder en el orden internacional. Pero, si EE. UU. considera que los cambios son intolerables y responde en consecuencia, también podrían ser tiempos muy peligrosos.

Gideon Rachman

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