El camino hacia un nuevo orden mundial

A medida que la Pax Americana decae, ¿nos dirigimos hacia la total ausencia de un orden global?

China

Los planes de China con su iniciativa de la nueva ‘Ruta de la Seda’ es generar una serie de proyectos de infraestructura e inversiones para conectar China con más de 80 países.

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diciembre 15 de 2018 - 04:27 p.m.
2018-12-15

A principios de la década de 1990, efectivamente nació un nuevo mundo con el fin de la guerra fría. La caída de la Unión Soviética pareció demostrar que los poderes autoritarios perecen debido a la opresión y que los espíritus animales deben ser libres para ser productivos. La visión mundial de Estados Unidos, sustentada por la democracia liberal y los mercados abiertos, parecía indiscutible.

No duró. El mundo unipolar liderado por EE. UU. ha tropezado y ha fracasado, fomentando un mini-auge de diversos libros que buscan identificar un nuevo orden emergente a partir de una gran cantidad de preguntas.

¿El auge de China - que utilizó el autoritarismo como estímulo para movilizar las fuerzas productivas - presagia un nuevo orden mundial iliberal? ¿El innegable cambio de dinamismo económico hacia el este significa que Asia se convertirá en el centro del mundo?

(El nuevo orden mundial). 


La iniciativa Un Cinturón, Una Ruta - un gran proyecto impulsado por los chinos para financiar y construir infraestructura en más de 80 países - ¿terminará desterrando los ideales de la Ilustración europea, reemplazándolos con los rituales de la ‘tianxia’, un atávico nuevo orden mundial centrado en China?

Éstas son preguntas cruciales. Cada uno de los tres autores presentados aquí - Peter Frankopan, profesor de historia global en la Universidad de Oxford; Parag Khanna, un académico y escritor con sede en Singapur; y Bruno Maçães, un ex ministro de gobierno portugués - brinda una perspectiva diferente y, en su mayoría, llega a conclusiones diferentes.

El libro de Frankopan es el hermano de su aclamado ‘El Corazón del Mundo’, de 2015, una historia de las antiguas rutas comerciales que alguna vez unieron a China con el mundo. El nuevo volumen, ‘The New Silk Roads’, cambia la historia por una exploración actualizada de cómo el peso político y comercial de China está cambiando la forma en que funciona el mundo. La parte más interesante es cuando el autor rastrea las reverberaciones de la atracción gravitatoria del Reino Medio.

El dinamismo comercial impulsa el ascenso de China y su proyección de influencia en el extranjero. Se espera que gran parte de esta influencia surja a través del financiamiento y la construcción de proyectos de infraestructura valuados en aproximadamente US$1 billón en los llamados países del ‘Cinturón y Ruta’, muchos de los cuales se agrupan a lo largo de las antiguas Rutas de la Seda.

Pero el creciente poder de China no debe alejar al país del Occidente, argumenta Frankopan. “El éxito de una parte del mundo está conectado con el de la otra, en lugar de venir a su costa”, escribe. “La salida del sol en el este no significa que se esté poniendo en el Occidente”.

En un mundo esperanzador, esto podría ser cierto. Pero Occidente ya está fragmentado por la angustia interna. El surgimiento de una nueva superpotencia que rechaza la democracia electoral, desconfía del estado de derecho, desecha las definiciones occidentales de los derechos humanos, ve a EE. UU. como un rival militar y está liderado por un solo partido autoritario, sin duda altera los nervios en Washington y en las capitales de sus aliados.

Como ejemplo de incompatibilidad básica, ninguna es más dura que el encarcelamiento de aproximadamente 1 millón de personas de las minorías musulmanas de China en la región noroeste de Xinjiang. Cualquiera se estremece ante los valores que podría comprender cualquier futuro orden mundial sino-céntrico.

UN MOMENTO CRÍTICO 


“Éstos son tiempos difíciles y peligrosos”, escribe Frankopan. Por un lado, EE. UU. está tratando de dar forma al mundo según sus propios intereses, utilizando el palo en lugar de la zanahoria. Por otro lado, China está alimentando temores de que podría tener la intención de construir un imperio “por diseño o por defecto”.

Pero las previsiones de un orden sino-céntrico se reducen en ‘The Future is Asian’ (el futuro es asiático). En un libro autoritario que se publicará en el nuevo año, y que bien podría convertirse en una referencia estándar, Parag Khanna amplía la red para ofrecer un argumento convincente de que Asia - más allá de simplemente China - será la estrella para el futuro de la economía mundial. “El malentendido más importante que impregna el pensamiento occidental sobre Asia es estar demasiado centrado en China”, escribe Khanna.

De los casi 5.000 millones de habitantes de Asia, 3.500 millones no son chinos. Las enormes deudas de China, el rápido envejecimiento de la población y el alejamiento de la competencia extranjera de su mercado interno está atrayendo la atención mundial hacia otras subregiones asiáticas, como el sur de Asia y el sudeste asiático. Toda la región de Asia - que según Khanna se extiende desde la Península Arábiga y Turquía en el oeste hasta Japón y Nueva Zelanda en el este, y desde Rusia en el norte hasta Australia en el sur - ya es un gigante.

(Donald Trump impulsa un nuevo orden Global). 


Representa aproximadamente 50% del producto interno bruto mundial y dos tercios de su crecimiento económico. Pero la estadística más llamativa en el tomo de 433 páginas es la siguiente: de un crecimiento estimado del consumo mundial de clase media de US$30 billones entre 2015 y 2030, se espera que sólo US$1 billón provengan de las economías occidentales.

A medida que surja esta vasta corriente de poder adquisitivo, esto inclinará el mundo. A pesar de algunos “bolsillos de altanera ignorancia centrados en Londres y Washington”, Occidente jugará un papel enormemente disminuido en los asuntos globales. Habrá una oleada de asianización, siguiendo la americanización del siglo XX y la europeización del mundo del siglo XIX, según argumenta Khanna.

En ‘Belt and Road’, Bruno Maçães también prevé que el alcance y la influencia de Occidente disminuirán de una forma importante en los próximos 30 años, una perspectiva que planteó por primera vez en su libro anterior sobre el auge de Eurasia.

Un candidato para ocupar el espacio que quedará vacante será la ‘tianxia’, en esencia un retroceso a la dinastía Ming, cuando China se consideraba como el centro del poder y de la virtud mundial. Se invocarían las virtudes, más que los vínculos legales; los Estados tendrían relaciones de dependencia, generosidad, gratitud, respeto y retribución. El ritual reafirmaría la fidelidad.

“Tianxia romperá con el modelo occidental al alejarse de manera decisiva de los ideales de transparencia y conocimiento público de la Ilustración”, escribe Maçães. “Incluso en su etapa formativa, la Iniciativa Un Cinturón, Una Ruta es un ejercicio de la opacidad del poder”.

Para una mente occidental, tal sistema es la antítesis de la gobernanza. Quizás no sea de extrañar que tantos proyectos de infraestructura a lo largo del Cinturón y Ruta hayan provocado controversia a medida que los países pobres acumulan deudas insostenibles para construir puertos, puentes y ferrocarriles que apenas se utilizan.

Los tratos verbales a los que llegan los políticos en secreto están abiertos al abuso. Es posible que tianxia se haya adaptado a la dinastía Ming, pero parece mucho menos exportable en la era moderna. No obstante, muchos países a lo largo del Cinturón y Ruta siguen ansiosos por obtener la infraestructura y la inversión, que China puede suministrar de forma más barata y más rápidamente que otras fuentes.

El impulso humano es encontrar el orden para navegar a través de la complejidad. A medida que la Pax Americana declina, nos preguntamos: “¿qué sigue?” Pero es posible que el sucesor del sistema global que conocemos desde la segunda guerra mundial no sea otro orden sino la ausencia de uno. Es posible que el mundo, oprimido entre las visiones incompatibles de un EE. UU. en retirada y una China resurgente, ya se esté precipitando hacia el caos.

Frankopan cita a un influyente y perceptivo académico chino, Yan Xuetong. “Nos estamos alejando de un estado en el que las normas internacionales son dirigidas por el liberalismo occidental a un estado donde las normas internacionales ya no son respetadas”.

Sin unas normas de comportamiento, los países pueden encontrar que su única opción es acercarse a los que tienen el poder, y eso significará en última instancia elegir entre EE. UU. y China.

James Kynge

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