‘El coronavirus nos está mostrando nuestra verdadera nueva realidad’

Alfredo Ceballos, fundador de Iara Consulting Group, explica cómo este virus causa el llamado efecto mariposa. Análisis. 

Coronavirus

En este nuevo mundo globalizado, un pequeño y alejado fenómeno puede traer gigantescas consecuencias, como el inicio de la propagación de un mortal virus en la lejana China.

EFE

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febrero 26 de 2020 - 05:57 p.m.
2020-02-26

En estas últimas semanas hemos sido bombardeados con las noticias sobre las múltiples y sorprendentes secuelas de la propagación del COVID-19.

Los precios del petróleo se han desplomado, al igual que el valor del precio de algunas acciones, como las de nuestra empresa insignia Ecopetrol. Los poseedores de fondos pensionales y algunos ahorradores también están perdiendo el valor de sus ahorros por causa de un fenómeno que a todas luces no pareciera tener ninguna relación. Igual acontece en todos los rincones del mundo.

(Así va afectando el coronavirus a la economía mundial). 


En efecto, es válido preguntarse ¿Qué tiene que ver el fondo privado de pensiones de un trabajador de una empresa, en Sogamoso o Paris, por ejemplo, con la propagación del coronavirus originado en la lejana China? Para todos la respuesta es intuitiva, es decir: “nada que ver”, porque estamos acostumbrados a pensar en los términos tradicionales de una inquebrantable relación entre una causa y un efecto, en términos de un viejo modelo determinista de nuestra realidad.

Pero el fenómeno del coronavirus nos está mostrando nuestra verdadera nueva realidad. Nuestro mundo es una nueva aldea global en la que todo está relacionado con todo, no hay sencillas relaciones de causa y efecto sino gigantescas redes de interdependencias que hacen que la incertidumbre sea la condición inseparable de nuestra sociedad. Vivimos atrapados entre la certeza de nuestro pasado y la incertidumbre de nuestro futuro. Estamos obligados a actuar sin el pleno conocimiento de las consecuencias de nuestras acciones y debemos estar alertas y prestos a enfrentarnos a un proceso de cambio permanente.

Es por esto que debemos contemplar la posibilidad de que si “una mariposa bate sus alas en el Amazonas se puede producir una tormenta en Nueva York”, que fue la afortunada frase de Lorenz, famoso científico americano precursor de la teoría de la complejidad, para designar lo que él denominó “el efecto mariposa” que denota que, en este nuevo mundo interconectado y globalizado, un pequeño y aparentemente alejado fenómeno puede traer gigantescas consecuencias, como el inicio de la propagación de un mortal virus en la lejana China.

Solo así podemos explicar cómo la fuerza aérea colombiana haya tenido que emprender la compleja tarea de organizar un viaje de rescate de un puñado de compatriotas con el apoyo de expertos en salud y prevención de trasmisión de enfermedades. ¿Acaso alguien podía prever que en esta misión era necesario incluir la tarea de rescate de personas amenazadas de contraer una enfermedad?

(Vea el mapa interactivo de la propagación del Coronavirus por el mundo). 


Amigos empresarios, esta es la nueva realidad a la que debemos enfrentarnos en todos los aspectos de nuestras vidas. Incluida la que se vive en las instituciones encargadas de proveer todos nuestros bienes y servicios, más conocidas como empresas. Su desempeño es el factor con el que se va construyendo nuestro bienestar y está sujeto a los vaivenes de esta nueva e incierta realidad.

Los empresarios responsables del desempeño de nuestras empresas (grandes, medianas o pequeñas) deben empezar por reconocer que, en medio de la incertidumbre que rodea sus compañías, es inútil seguir buscando la fórmula mágica que asegura el éxito. Es improductivo, también, seguir buscando afanosamente una estrategia redentora y esa ventaja competitiva que les permita sobreponerse a sus competidores o escoger alguna de las fórmulas secretas que ofrecen los magos de la estrategia competitiva; y por otro, optan por recibir el consejo de quienes tienen una “varita mágica” con la que logran, por medio de una cultura que alinee los intereses de los colaboradores, un desempeño óptimo y singular. Pero ¡Qué equivocados están! Se niegan a aceptar que la incertidumbre es la condición natural e ineludible a la que siempre se verán enfrentados.

Ante este difícil panorama no hay otra salida que prepararse y aprender a gestionar la incertidumbre y dejarle de temer al cambio. Esa incertidumbre sobre nuestro futuro es la que permite escoger y emprender las acciones con las que podemos construir uno mejor que el pasado. Esperamos que el virus del determinismo no llegue a sus empresas, así que ¡Pilas!...

Alfredo Ceballos Ramírez
Presidente y Fundador de Iara Consulting Group
Doctor en Estrategia y Dirección General de Harvard University

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