El doloroso precio del tumultuoso pasado que ha tenido Argentina

El país suramericano está ahora nuevamente en el centro de una crisis en los mercados emergentes.

Mauricio Macri

El presidente de Argentina, Mauricio Macri. 

AFP

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Portafolio
diciembre 07 de 2018 - 08:20 p.m.
2018-12-07

Con la cumbre del G20 como recordatorio de que Argentina es una vez más una parte relativamente aceptada del orden económico mundial, sólo rebuscando los recuerdos de mi infancia me he dado cuenta de cuán descabelladas han sido las últimas cuatro décadas para el país.

Recuerdo los susurros después de que un vecino fue secuestrado por los militares durante la guerra sucia de finales de la década de 1970 y principios de 1980; la guerra de las Malvinas de 1982; los manifestantes exigiendo democracia durante los finales de esa guerra; mi padre pegado a la radio escuchando los resultados de las elecciones presidenciales de 1983 cuando los militares le cedieron el poder al gobierno democrático; Diego Maradona marcando sus goles contra Inglaterra en la Copa Mundial de México de 1986; los tanques en la carretera después de un levantamiento militar contra el presidente Raúl Alfonsín en 1987; mi madre comprándome medialunas a precios exorbitantes durante un momento de locura en que el austral era la moneda.

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Y todo eso sucedió en solamente la primera de las cuatro décadas de mi vida.
Como periodista he cubierto de todo, desde el final de la guerra en Colombia hasta el comienzo de una dictadura en Venezuela; pero transmitir la historia de Argentina es un asunto totalmente diferente. La implosión económica de 2001, y el posterior impago, dejaron una mancha absolutamente indeleble.

Por supuesto, desde mi cómoda posición de residir en el extranjero, fue doloroso ver cómo los ancianos argentinos golpeaban las cacerolas fuera de los bancos exigiendo sus ahorros desaparecidos, o verlos mendigar en las esquinas para comprar medicinas.

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Argentina está ahora nuevamente en el centro de una crisis en los mercados emergentes. Puede atribuirse al gradualismo del presidente Mauricio Macri y la arrogancia de su séquito, pero también al legado populista de sus predecesores, la pareja de marido y mujer de Cristina Fernández y Néstor Kirchner.

Antes de ellos también estuvo Fernando de la Rúa, quien renunció al cargo a finales de 2001 y escapó en un helicóptero después de dos años débiles; el extravagante Carlos Menem y sus gobiernos plagados de escándalos; y la economía fallida de Alfonsín en la década de 1980 que llevó a la hiperinflación. Y no debemos olvidar las despiadadas juntas militares, el caos de ‘Isabelita’ Perón de los años setenta antes de éstas y el corporativismo demagógico de Juan Domingo Perón.

No es de extrañar que yo haya perdido la fe en los formuladores de políticas. Me avergüenzo cuando los mercados reaccionan a las noticias argentinas. Podemos ser una economía del G20, pero con tasas de interés de más del 60%, el refrán de que existen cuatro tipos de economías - desarrolladas, subdesarrolladas, Japón y Argentina - todavía se aplica. Los argentinos, dicen los críticos, tienen poca memoria. No estoy de acuerdo con esto. Salí del país hace 20 años y, al igual que el novelista argentino Julio Cortázar solía hacer desde París, suspiro por Buenos Aires.

Los recuerdos de cuándo y dónde sufrimos son un ejercicio útil porque los argentinos están viviendo nuevamente con inflación, recesión, pobreza y un rescate. Nos ayuda a concluir que nuestras crisis dependen en gran medida del factor humano de la política y que es ahí donde fracasamos. La otra cara es que, con nuestra resiliencia, salimos adelante: el tamaño de la economía argentina aumentó en 12 veces entre el golpe militar de 1976 y el año pasado, y la esperanza de vida aumentó en casi una década.

Actualmente, no tenemos personas “desaparecidas” por órdenes de generales. A pesar de sus crisis y sus neurosis, Argentina es un mejor país que cuando yo era un niño. Las guerras sucias, la hiperinflación y el proto-populismo son, al menos por el momento, algo del pasado. Hemos sufrido, pero también hemos aprendido algunas cosas. Aunque el apoyo está disminuyendo, la última encuesta de Latinobarómetro muestra que los argentinos siguen creyendo que la democracia es el mejor sistema de gobierno. Casi cuatro décadas de gobierno democrático continuo no es una hazaña cualquiera para nosotros. Quedan muchas cosas por las que vale la pena luchar.

Andres Schipani

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