El futuro pudiera no pertenecerle a China

Replicar el éxito de otras economías de alto crecimiento está a punto de volverse mucho más difícil.

China

El mayor obstáculo para el aumento necesario en el crecimiento de la productividad, es el cambio hacia un sistema político más autocrático.

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Portafolio
enero 05 de 2019 - 10:19 a.m.
2019-01-05

No extrapoles del pasado reciente. China ha tenido cuatro décadas enormemente admirables. Después de su triunfo en la Guerra Fría, tanto el Occidente como la causa de la democracia liberal han trastabillado. ¿Debemos concluir que una China autocrática seguramente se convertirá en la potencia dominante del mundo en las próximas décadas? Mi respuesta es que no. Ése es un futuro posible, pero no innegable.

La opinión generalizada durante la década de 1980 de que Japón sería el “número uno” resultó ser completamente errónea.

(Trump se muestra confiado en un acuerdo comercial con China). 

En 1956, Nikita Khrushchev, entonces primer secretario del Partido Comunista de la Unión Soviética, le dijo al Occidente “¡Te enterraremos!”. Él resultó estar totalmente equivocado. Los ejemplos de Japón y de la Unión Soviética destacan tres errores frecuentes: extrapolar del pasado reciente; suponer que un período de rápido crecimiento económico será sostenido indefinidamente; y exagerar los beneficios de la dirección centralizada sobre los de la competencia económica y política. A la larga, es probable que la primera se vuelva rígida y, por lo tanto, frágil, mientras que es probable que la segunda muestre flexibilidad y, por lo tanto, autorenovación.

Hoy en día, la competencia política y económica más encarnizada es la de China con EEUU. Un punto de vista convencional es que para, digamos, 2040, la economía de China será mucho más grande que la de EEUU, con la de India todavía mucho más pequeña.

Pero, ¿es probable que esta visión esté equivocada? Capital Economics, una firma de investigación independiente, ha respondido que “sí”
, argumentando que el período de extraordinario desempeño de China pudiera estar llegando a su fin muy pronto.

(China podría ser la mayor economía del mundo para el 2030). 


Existen dos argumentos poderosos por los que este punto de vista resultará erróneo: primero, la economía de China tiene un gran potencial de una continua convergencia económica hacia los niveles de productividad de los países más avanzados; y, segundo, tiene una capacidad probada para generar un crecimiento rápido sostenido. Es valiente apostar tanto en contra del potencial como en contra de la capacidad. Pero, Capital Economics ha argumentado en su “Perspectiva económica global a largo plazo” que deberíamos hacerlo. Al igual que en Japón durante la década de 1980, las políticas de inversión extremadamente alta y de rápida acumulación de deuda, las cuales mantuvieron a China creciendo tan rápidamente después de la crisis financiera de 2008, la hacen vulnerable a una fuerte desaceleración. De manera crucial, la tasa de inversión de China, del 44 por ciento del producto interno bruto (PIB) en 2017, es insosteniblemente alta. Esta extraordinaria tasa de inversión mantuvo el crecimiento de la oferta y de la demanda después de la crisis de 2008. Pero el capital social público per cápita de China ya es mucho mayor que el de Japón, con ingresos per cápita comparables. La desaceleración de la formación de hogares urbanos significa que actualmente es necesario construir menos viviendas nuevas. No es sorprendente que los rendimientos de la inversión se hayan derrumbado. En resumen, el crecimiento impulsado por la inversión debe llegar a un final temprano.

Debido a su tamaño, China también ha alcanzado el límite del crecimiento impulsado por las exportaciones, a un nivel de ingresos per cápita más bajo que otras economías de alto crecimiento de Asia oriental. La guerra comercial con EEUU enfatiza esta realidad. La población china en edad laboral también está disminuyendo. Dado el enorme aumento de la deuda, sostener un rápido crecimiento será extremadamente difícil.

La demanda futura dependerá de la aparición de un mercado de consumo masivo, mientras que el crecimiento de la oferta requerirá un aumento en el crecimiento de la “productividad total de los factores”, una medida de la innovación.

(Economía china se desacelera por guerra comercial con EE. UU.). 


Sin embargo, en 2017, el consumo privado representó sólo el 39 por ciento del PIB. Si ha de impulsar la demanda, la tasa de ahorro debe caer y la proporción de los ingresos de los hogares en el PIB debe aumentar. Ninguna será fácil de lograr. Pero el mayor obstáculo de todos, principalmente para el aumento necesario en el crecimiento de la productividad, es el cambio hacia un sistema político más autocrático.

Durante una década y media, China se ha beneficiado de las reformas introducidas por Zhu Rongji, el primer ministro desde 1998 hasta 2003.

No se han producido reformas comparables desde su época. Hoy en día, el crédito aún se está asignando de manera preferencial a las empresas estatales, mientras que la influencia estatal sobre las grandes empresas privadas está creciendo. Es probable que todo esto distorsione la asignación de recursos y desacelere la tasa de innovación y el progreso económico, incluso si se evita una total crisis financiera.

En resumen, es probable que China fracase en replicar el éxito de otras economías de alto crecimiento del este de Asia de convertirse en un país de altos ingresos en poco tiempo. Seguramente será mucho más difícil hacerlo, porque las distorsiones en su economía son enormes y el entorno global va a ser mucho más hostil.

Mientras tanto y de acuerdo con Capital Economics, el ascenso de la robótica y de la inteligencia artificial pudiera reactivar el crecimiento de la productividad en el Occidente y, sobre todo, en EE.UU. Si se quisiera ser optimista, también se pudiera esperar que tratar con la incompetencia y la malevolencia de Donald Trump resultará beneficioso. Sus partidarios más acérrimos representan una minoría. Las mayorías de los indignados debieran ganar y luego producir la renovación de la competencia económica y de la preocupación social que EE.UU necesita.

La otra economía más interesante no es la de Europa, la cual parece estar destinada a experimentar un lento declive relativo, sino la de India, el cual será el país más poblado del mundo en un futuro cercano. India es mucho más pobre que China y, por lo tanto, todavía tiene un gran potencial de una rápida convergencia del crecimiento. Capital Economics ha pronosticado un crecimiento anual de entre 5 y 7 por ciento hasta 2040. Esto es al menos concebible. Las tasas de ahorro y la capacidad empresarial de India son lo suficientemente altas como para ofrecer dicha tasa. Se necesitará mucha reforma política, pero la política de India está cada vez más enfocada en el desempeño económico. Esto no garantiza el éxito, pero lo vuelve más probable.

Los descorazonados demócratas liberales no deben desesperarse. La euforia y la arrogancia del “momento unipolar” de la década de 1990 y de principios de la de 2000 representaron graves errores. Pero el triunfo del despotismo todavía está lejos de ser inevitable. Las autocracias pueden fracasar, de la misma manera que las democracias pueden prosperar. China se enfrenta a enormes retos económicos. Mientras tanto, las democracias deben aprender de sus errores y concentrarse en renovar su política y sus políticas.

Martin Wolf

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