El gran engaño del Brexit de recuperar el control

El Reino Unido es un pececillo de buen tamaño, pero es pequeño en un mar extremadamente grande.

Brexit

Siguen las protestas en contra de la salida de la UE.

Reuters

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Portafolio
marzo 29 de 2019 - 08:25 p.m.
2019-03-29

Desde Pekín, donde me encuentro, Reino Unido parece pequeño. También parece como si hubiera caído en manos de unos lunáticos involucrados en un impactante acto de autolesión. Pero esto, según los partidarios del Brexit, es una ilusión. El Reino Unido va a “recuperar el control”. El eslogan ha sido brillante. Pero también ha sido el mayor engaño.

El control es diferente a la soberanía. Como argumenté durante la campaña del referéndum, el Reino Unido ya era soberano: podía, si lo deseaba, votar para abandonar la Unión Europea (UE). Y así lo hizo, pero descubrió que, aunque era soberano, no era muy poderoso. Y el control está relacionado con el poder.

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En las negociaciones posreferéndum con la UE ha resultado, como ya lo sabían las personas bien informadas, que la UE es más poderosa que el Reino Unido. Es así por una simple razón: la UE puede imponer sanciones mucho más severas sobre el Reino Unido que las que puede imponer el Reino Unido sobre la UE. El Reino Unido envía el 47% de sus exportaciones de bienes a la UE, mientras que el resto de la UE envía el 15% de sus exportaciones al Reino Unido. Para la UE, el mercado del Reino Unido es importante. Para el Reino Unido, la UE es vital.

Bienvenido al duro mundo de las relaciones internacionales. Con frecuencia se nos ha recordado que el Reino Unido es la quinta economía (que pronto será la sexta) más grande. Eso es cierto, pero engañoso. El mundo contiene tres superpotencias económicas: EE. UU., la UE (sin el Reino Unido) y China. Éstas generaron alrededor del 60% de la producción mundial el año pasado. La contribución del Reino Unido fue del 3%. Es un pececillo de buen tamaño, pero sigue siendo un pececillo.

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Entonces, ¿qué pudiera significar “control” para un pequeño país insular a punto de separarse de sus vecinos y de sus socios económicos más cercanos? En algunas áreas podrá ejercer el control. Pero es en ellas donde siempre ha podido hacerlo.

La contribución neta del Reino Unido a la UE fue sólo del 1,1% del gasto público total durante el último ejercicio fiscal. La UE no tiene influencia significativa sobre el gasto del Reino Unido en (o políticas dirigidas hacia) la salud, la educación, la vivienda, las pensiones, los beneficios sociales, la infraestructura, la cultura o, de hecho, la defensa y la ayuda. Pero, en una categoría doméstica bastante íntima, el Reino Unido corre el riesgo de perder el control: en su propia supervivencia. Los futuros de Irlanda del Norte y de Escocia dentro del Reino Unido han sido desestabilizados por el Brexit.

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Entonces, ¿dónde podría el Reino Unido obtener el control del que actualmente carece? Ejemplos obvios son las regulaciones económicas que se encuentran dentro del ámbito de la política de competencia de la UE, las normas sobre ayudas estatales, y el mercado único del bloque.

Es cierto que si el Reino Unido abandonara completamente la UE podría abandonar una política de competencia activa y desperdiciar enormes cantidades de dinero apoyando a compañías fallidas. Por qué debería considerar cualquiera de las dos como atractiva es un misterio.

El Reino Unido posee un control casi ilimitado sobre sus asuntos internos, para bien o (con demasiada frecuencia) para mal. Pero es una nación abierta, comercial y, dado su tamaño y limitados recursos, no tiene futuro como ninguna otra cosa. Es un poder modesto en un mundo grande: 2019 no es 1860. La nación depende del comportamiento de otros países soberanos.

La UE ha aumentado significativamente la influencia del Reino Unido en una serie de negociaciones, en particular en materia de comercio y de clima. Eso se acabará. Lo mismo ocurrirá con la influencia en las políticas de la UE relacionadas con el Reino Unido, como ya lo han demostrado las negociaciones de salida.

Pero, se nos dice, que el país puede abrir mercados a nivel mundial para compensar la pérdida de acceso favorable al mercado de 450 millones de personas a su disposición. Desafortunadamente, eso no sería cierto incluso si el resto del mundo estuviera dispuesto a hacerlo, porque el mercado de la UE es extremadamente crucial para Reino Unido.

Además, el resto del mundo no va a estar tan dispuesto. EE. UU. está en proceso de demoler la Organización Mundial de Comercio (OMC), de la cual dependerá el Reino Unido. En cualquier negociación bilateral con EE. UU., éste último impondrá términos extremadamente severos, los más desagradables de los cuales probablemente se relacionarán con las normas alimentarias y sanitarias.

China insistirá en que el Reino Unido acepte sus términos, como lo hará, por cierto, la proteccionista India. La antigua Mancomunidad de Naciones - Australia, Canadá y Nueva Zelanda - puede que sea amigable, pero sus 65 millones de personas no son económicamente relevantes para el Reino Unido. En resumen, fuera de la UE, el Reino Unido no tendrá un mayor control sobre su entorno global; estará por sí solo, y a merced de otros, algunos mucho más poderosos que él.

Y esto no es todo. Los acuerdos comerciales se centran cada vez más en normas reglamentarias, porque son cada vez más importantes a nivel nacional en todos los países significativos. Si el Reino Unido desea comerciar libremente con la UE, tendrá que adoptar normas de la UE, como lo ha hecho como miembro. Pero lo mismo se aplicará al comercio con otros países, especialmente en el caso de EE. UU.

Pero, ¿qué se debe hacer cuando, como ocurre con la protección de datos o con los alimentos, las normas discrepan? Esto no es tan importante para la industria de la fabricación, la cual puede producir según diferentes estándares. Pero sí importa para los servicios, para el manejo de datos y para la alimentación, donde la forma en que se hacen las cosas es crucial. Al final, Reino Unido frecuentemente tendrá que alinearse con los estándares de uno de los bloques; por lo general, yo predigo, con los de la UE.

Pero hay algo mucho más grande aún. Desde 2016, los retos a los valores liberales y democráticos se han vuelto mucho más evidentes. Como lo ha argumentado Sigmar Gabriel, el exministro de Relaciones Exteriores alemán, éste es un entorno peligroso y desalentador para la UE. Pero también lo es para el Reino Unido.

Sencillamente, la saga que estamos viendo desarrollarse representa una verdadera tragedia. El Reino Unido ha elegido un camino solitario. Pero la UE también debería reconsiderar. Después de todo, como lo ha señalado Gabriel, incluso en Alemania la visión de la inmigración ha cambiado ligeramente.

No es demasiado tarde para detener un acto de semejante locura. El Reino Unido no ganará el control en ningún aspecto importante al salirse de la UE. Por el contrario, es más probable que lo pierda. En este mundo cada vez más hostil, los europeos tenemos que mantenernos unidos. Es hora de que las personas sensatas intenten pensar de nuevo.

Martin Wolf

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