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Internacional

26 abr 2019 - 9:31 p. m.

España quiere dejar de ser el país de la crisis continua

Sus ciudadanos votarán para tratar de recuperar la estabilidad política y económica que no ha tenido en una década. 

El FMI le pide a España que evite una terapia de choque de recortes en el gasto.

Archivo Portafolio.co

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En el mismo tiempo que debería haber durado la última legislatura (4 años), España va a celebrar este domingo su tercera elección presidencial, lo que sumado a la moción de censura contra el expresidente Mariano Rajoy del año pasado, ha sumido al país en una especie de crisis continua de la que trata de salir por fin.

Una crisis política al no poder garantizar la gobernabilidad con la entrada de nuevos jugadores que rompieron el tablero tradicional, y económica, una vez que 10 años después de la crisis financiera global, el país sigue inmerso en problemas de difícil solución.

(España encabeza el crecimiento en la eurozona). 


“Sin duda estamos en una crisis sistémica, una tormenta perfecta en la que no se sabe cual es el mayor detonante. En estos años se ha puesto en cuestión la estructura territorial, la marcha de la economía, la corrupción ha generado una mayor desconfianza hacia las instituciones y los políticos no han entendido que se acabaron los gobiernos de mayoría y que deben pactar”, afirma Ernesto Pascual, profesor de ciencia política de la Universidad Autónoma de Barcelona.

Precisamente, este cambio en la estructura política nacional es uno de los aspectos que han generado la situación de los últimos años, aunque para José Antonio Ruiz San Román, profesor de sociología de la Universidad Complutense de Madrid, no es una crisis, sino un nuevo modelo.

“Estamos ante las elecciones con más incertidumbres de los últimos decenios, en la que los electores tienen más opciones y en las que una nueva generación de políticos está tomando las riendas. Pero no lo llamaría una crisis política, sino que el mapa se está volviendo a dibujar. Los dos grandes partidos siguen siendo opciones de gobierno, aunque para gobernar de forma estable todos van a tener que ceder. Y eso es bueno para la democracia”, aseguró San Román.

El último sondeo del CIS, el instituto sociológico estatal que incluye el mayor número de entrevistas confirmaba en estas semanas la alta polarización que presenta España en estos momentos. En primer lugar le atribuye un 30,02% de los votos al Partido Socialista Obrero Español (Psoe), seguido por el conservador Partido Popular (17,2%), el liberal Ciudadanos (13,6%), el partido de izquierda Unidas Podemos (12,9%) y la formación de extrema derecha Vox, con 11,9%.

LA EXTREMA DERECHA 

Son varios los aspectos que han hecho que la carrera electoral haya sido atípica. El primero, sin duda, es el gran ascenso de la extrema derecha, una tendencia que se había extendido en el resto de Europa y que, finalmente, llegó a España.

“Este nuevo contendiente ha fraccionado la campaña y la ha hecho más radical. E incluso podría obtener el poder suficiente para definir o entrar a un gobierno. Esto es nuevo porque ninguna derecha en Europa, salvo Austria, ha admitido a estos partidos en el ejecutivo”, apunta Pascual.

(España después del 28 de abril). 


Otro de los temas que han centralizado la pugna, por supuesto, fue la crisis catalana, pues aunque ya han pasado meses desde el intento de independencia, se ha convertido en un arma electoral. “Aunque el tema se ha desinflado en Cataluña, ha influido de una manera notable”, dice el profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona.

A esto, San Román agregó que el tipo de gobierno será clave para el futuro del proceso. “Los votantes deben optar por una política de mano dura con los independentistas, como propugnan los partidos del centro-derecha, o si un gobierno de izquierda es capaz de salir de la situación con una negociación”, apuntó.

Por último, como ha ocurrido en la última década, la economía es el otro eje clave que definirá el próximo gobierno, un área en el que España sigue presentando luces y sombras. Por un lado, el país lleva un buen tiempo siendo la economía de la Unión Europea (UE) que más crece, con un dato de 2,5% en el 2018. Pero otros indicadores como la caída de los salarios, los 3,3 millones de desempleados (el dato más grande de la UE) o el alza en las cifras de pobreza lastran una recuperación económica que todavía no se apuntala.

Rafael Pampillón, profesor de Análisis de Países en el IE Business School, apunta que la previsión de crecimiento para este año es de 2,3%, la más baja de los últimos años, pues del 2015 al 2017 estuvo por encima del 3%. “El nuevo gobierno tendrá que enfrentarse, entre otros, a varios problemas que sufre nuestra economía como la desaceleración económica y del empleo, el desequilibrio de las cuentas públicas, el estancamiento de las exportaciones, la caída de la productividad y el envejecimiento de la población y la sostenibilidad del sistema de pensiones”.

En este sentido, las recetas difieren según los bloques. Como resalta Pampillón, “si ganase la izquierda aumentará el gasto público, situado ahora en el 41% sobre PIB, para adecuarlo paulatinamente al gasto medio del conjunto de la Eurozona, que es del 46%. Para ello proponen reforzar la progresividad del sistema fiscal, incrementando la aportación de las grandes empresas y mayores patrimonios. La derecha, por su parte, propone una política que aumente la actividad económica reduciendo los impuestos y la deuda. También, ejercer mayor control sobre el gasto público”.

A pesar de todo, San Román concluye afirmando que “soy optimista con el futuro porque los datos nos permiten serlo”.

Rubén López Pérez

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