Estados Unidos puede ser aún más errático en los asuntos exteriores

El Congreso quedó dividido con los nuevos resultados. 

Congreso EEUU

Trump maneja su política exterior un poco como el programa de telerrealidad ‘The Apprentice’. Hay muchos giros, pero no hay trama

EFE

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noviembre 09 de 2018 - 08:20 p.m.
2018-11-09

El término lame duck es demasiado pasivo para captar lo que está por sucederle a Donald Trump. En casa, los demócratas tienen esperanzas de hacer un confit de pato con su presidencia. Ésa es una inquietante noticia para los aliados estadounidenses, pues los presidentes debilitados y bajo asalto tienden a acoger el encanto del escenario global.

Richard Nixon realizó algunos de sus mayores logros en política exterior durante el Watergate. Pero Trump no es Nixon. Tampoco tiene a su servicio a Henry Kissinger.

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Realmente no existe una doctrina de Trump, sino más bien una colección de instintos trumpianos. Éstos fueron mejor capturados por la frase de un funcionario de la Casa Blanca: “Somos América, imbécil”.

La pregunta es cómo Trump llenará este espacio. La primera prueba se presentará en Francia este fin de semana en el centenario del fin de la Primera Guerra Mundial. La Casa Blanca dice que no se reunirá con Vladimir Putin y el Kremlin dice que almorzarán juntos el domingo. Los últimos dos años ofrecen poca guía en cuanto a quién creerle. De cualquier manera, Trump pudiera preferir los desfiles militares en Francia a los ataques en Washington. Dicho esto, si se reuniera con Putin sin tener asistentes presentes - como lo hizo en Helsinki en julio -, la reacción negativa en casa conllevaría una mayor amenaza. Los demócratas ahora están en condiciones de iniciar un proceso de destitución.

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Sin embargo, Trump tiene medios para defenderse. La pérdida republicana de la Cámara de Representantes tuvo un resultado opuesto en el Senado, en donde aumentó la mayoría. Es el Senado el que confirma los nominados de la Casa Blanca. Eso facilitará mucho más que Trump llene puestos en el gabinete con quien él quiera. Si reemplaza a Jim Mattis, el secretario de Defensa, con alguien que se incline más fácilmente hacia su voluntad, el Senado automáticamente lo aprobará.

La política exterior de los dos primeros años se vio limitada por el llamado ‘eje de los adultos’. Los otros dos años estarán llenos de aduladores trumpianos.

El dividido resultado también infundirá cautela en los aliados. La mayoría esperaban un repudio total a Trump. Lo que EE. UU. confirió fue un repudio parcial. Los republicanos ganaron las gubernaturas en Florida y Ohio, dos grandes estados claves en los resultados de las elecciones. Eso sugiere que Trump realmente puede ganar la reelección en 2020. No hay tampoco un veredicto unánime en cuanto a la política exterior de ‘EE. UU. primero’.

En un momento Trump está amenazando con abolir el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Tlcan); en el siguiente él está lanzando el Tlcan 2.0. Lo mismo se aplica al ‘bombardeo de amor’ dirigido al líder norcoreano Kim Jong Un, aunque Trump hubiera comenzado con amenazas de un bombardeo real.

Como lo ha expresado Thomas Wright de Brookings: “Trump maneja su política exterior un poco como el programa de telerrealidad ‘The Apprentice’. Hay muchos giros, pero no hay trama”.

Si hay una historia que perdurará, es la de la guerra fría con China. Es posible que Trump acuerde una tregua cuando se reúna con Xi Jinping en la cumbre del G20 de este mes. Pero es poco probable que perdure. Cuanto más presione Trump a China, más resoluto se volverá Xi. Esto tiene el pernicioso efecto de crear un consenso bipartidista en Washington de ser más rígido con China.

Una de las mayores victorias demócratas fue la carrera por el Senado de Sherrod Brown en Ohio. Brown lidera el ala proteccionista del Partido Demócrata. El mes pasado, Elizabeth Warren, quien sigue siendo una favorita demócrata para 2020, se quejó de que los aranceles punitivos no habían ido lo suficientemente lejos. Según ella, había demasiadas exenciones.

Incluso los amigos de China están perdiendo la paciencia. Esta semana, Hank Paulson, el exsecretario del Tesoro estadounidense, habló de una “cortina de hierro económica” descendiendo entre EE. UU. y China. Aun sin Trump en la Casa Blanca, estamos entrando en un “largo invierno” en las relaciones entre ambos. Trump añade una imprevisibilidad adicional.

¿Está planeando enfrentarse a China? ¿O quiere contenerla? A Trump le costaría responder eso con claridad. Mientras más se le presiona en casa, mayor es su tentación de dejar su huella en el extranjero. Conforme entramos en el segundo acto de su gobierno, es difícil saber si eso es un buen o mal augurio. Trump está entre la espada y la pared. Hay que abordarlo con extrema precaución.

Edward Luce

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