Halcón comercial de EE. UU. se prepara para abatirse sobre Pekín

El negociador podría determinar el éxito o el fracaso para un acuerdo. 

Robert Lighthizer

El representante comercial de Estados Unidos, Robert Lighthizer, fue quien lideró las negociaciones con México y Canadá para el TLCAN.

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Portafolio
noviembre 23 de 2018 - 08:58 p.m.
2018-11-23

Cuando Robert Lighthizer, el principal funcionario del comercio estadounidense, aprovechó una reciente oportunidad para interactuar con la base conservadora de Donald Trump, el tema que más lo animó no fue el acuerdo para modernizar las reglas comerciales de Norteamérica alcanzado hacía apenas unos días. Fue China.

Al concederle una inusual entrevista a Laura Ingraham, la presentadora derechista de programas de entrevistas en la radio en octubre, el representante comercial estadounidense comentó que el país asiático era el “elefante en la habitación” que estaba “robándose nuestra tecnología”.

Los aranceles impuestos por el Gobierno de Trump a más de US$200.000 millones en importaciones chinas el mes anterior ya estaban produciendo resultados “sólidos”.

“Si no podemos proteger nuestra innovación, perdemos nuestra ventaja”, opinó con su voz gutural el nativo de Ohio de 71 años.

Conforme Trump, el presidente estadounidense, se prepara para reunirse con su homólogo chino Xi Jinping al margen de la cumbre del G20 en Argentina la próxima semana, Lighthizer es el enigmático e indispensable funcionario sénior que pudiera determinar el éxito o fracaso para lograr un acuerdo entre Pekín y Washington.

Lighthizer rara vez habla en público y viaja poco, manteniendo un perfil bajo para un representante comercial estadounidense (USTR, por sus siglas en inglés), pero parece tener la atención del Presidente, lo que le ha dado cierta aura mística en el Gobierno.

Cualquier acuerdo que produzca un alto al fuego en la guerra comercial tendrá que ser aprobado por él, y es probable que imponga estándares extremadamente altos. “Él considera a China como una amenaza existencial en la misma forma en la que veía a Japón en 1980”, explicó un inversionista. “Su objetivo es tratar de disrumpir el auge tecnológico de China en lugar de lograr un acuerdo que favorezca la economía”.

Lighthizer viene del ala económica proteccionista y nacionalista del Partido Republicano que fue desplazada por los proponentes del libre comercio durante la mayor parte de su carrera, pero que está en ascenso en la era Trump. Durante décadas, se convenció de que EE. UU. debía ser mucho más agresivo en las negociaciones comerciales.

En la década de 1980, con Ronald Reagan, trabajó como representante comercial adjunto para negociar un acuerdo por el cual Tokio frenó sus ventas mediante restricciones voluntarias de sus exportaciones.

Luego se sumergió en una carrera de tres décadas en la oficina de Washington del bufete Skadden Arps donde representó a US Steel en una serie de casos que desafiaron las injustas prácticas comerciales chinas. Esta experiencia forjó su imagen de Pekíncomo un despiadado y peligroso depredador económico.

“Lighthizer evoca esta idea de esencialidad china que nunca cambiará”, comentó Quinn Slobodian, un historiador del Wellesley College en las afueras de Boston. En opinión de Lighthizer, no habría “ninguna esperanza de que China cumpliera con los términos que EE. UU. querría, porque ‘ellos no son así’”.

A pesar de la conocida actitud de línea dura de Lighthizer, los funcionarios chinos han descubierto que tendrán que lidiar con él si quieren llegar a un pacto.

Mientras que Lighthizer lideró las conversaciones con Canadá y México sobre el TLCAN, el principal canal de negociación entre Washington y Pekín ha involucrado a Steven Mnuchin, el secretario del Tesoro. Un diplomático cercano a las conversaciones se quejó de que Lighthizer estaba evitando el contacto con los chinos, mientras que un funcionario contrargumentó que tal vez Pekín estaba tratando de eludir a Lighthizer.

Lo que hace que Lighthizer sea diferente a otros halcones en las relaciones comerciales con China, y en especial a Peter Navarro - el asesor de política comercial e industrial de la Casa Blanca -, es que no es tan propenso a los arrebatos públicos que pudieran sabotear las conversaciones, como fue el caso cuando Navarro arremetió contra los “globalistas”.

Lighthizer también está mucho mejor versado en las complejidades del derecho y de la política comercial que otros altos funcionarios. En particular, ha implementado herramientas como la sección 301 de la Ley de Comercio de 1974, la cual permitió que EE. UU. investigara a China por supuestas prácticas comerciales desleales, y anuló décadas de la política desafiando agresivamente a la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Además, Lighthizer ha forjado una relación de trabajo con Cecilia Malmstrom, la comisaria de comercio de la Unión Europea (UE), y Toshimitsu Motegi, el ministro de Economía japonés, particularmente en un grupo trilateral diseñado para encontrar una posición común con respecto a China.

“Sabe de lo que está hablando y aporta mucha sustancia a la ideología del Presidente”, comentó un negociador de comercio exterior que lo encaró. Lighthizer parece disfrutar de su papel, agregó el negociador. “Es como un niño en una tienda de golosinas”.

James Politi

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