El cambio de rumbo que necesita EE. UU. para sacar a Maduro del poder

Sin abandonar a Guaidó, debería dejar en claro que brindará apoyo a cualquier Gobierno elegido libremente por el pueblo venezolano.

Nicolás Maduro

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, anunció la creación de un centro internacional de inversiones con el que espera atraer capitales locales y extranjeros que impulsen la economía nacional.

EFE

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octubre 19 de 2020 - 10:56 a. m.
2020-10-19

Un año y medio después de que los manifestantes se tomaran las calles de Caracas, y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, advirtiera que "no se descarta ninguna alternativa" si el hombre fuerte de Venezuela Nicolás Maduro, se niega a renunciar, la suerte de ambos líderes se ha revertido.

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Mientras Trump se recupera de la covid-19 y enfrenta una derrota en las urnas, el control del poder de Maduro se ha vuelto más seguro. Si bien los principales partidos de oposición de Venezuela están planeando un boicot a las elecciones parlamentarias el 6 de diciembre,Maduro está preparando para consolidar el control sobre los tres poderes del Gobierno.

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Una victoria electoral del régimen augura más miseria para el pueblo venezolano, que ya está sufriendo con la pandemia y una de las peores crisis alimentarias del mundo. Para evitar un mayor desastre, la política estadounidense necesita un cambio de rumbo. Eso implica reunir apoyo internacional para una transición democrática y persuadir a los miembros del Gobierno de Maduro de que no se interpongan en el camino.

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La Administración Trump ha impuesto una serie de sanciones contra Maduro, miembros de su familia, decenas de altos funcionarios y la compañía petrolera estatal de Venezuela. En un esfuerzo por socavar la legitimidad de Maduro, EE. UU. y otros 57 países reconocieron a Juan Guaido, presidente de la Asamblea Nacional, como el presidente legítimo del país.

Si bien esas políticas le han dado a Trump el favor de los votantes venezolanos-estadounidenses en Florida, no han logrado impulsar el apoyo a Guaidó, cuyo índice de aprobación se ha desplomado a menos de 30%. El resurgimiento de Henrique Capriles, que perdió por un pequeño margen en las elecciones presidenciales de 2013 ante Maduro, ha debilitado aún más la reivindicación de Guaidó como líder de la resistencia.

La división de la oposición, junto con la emergencia del coronavirus y un fallido intento de golpe de Estado la primavera pasada,ha envalentonado a Maduro. Se han desplegado fuerzas de seguridad para vigilar el cumplimiento de la cuarentena y detener a ciudadanos sospechosos de exponerse al covid, incluidas decenas de miles de emigrantes que recientemente regresaron a casa. También han aumentado los ataques sancionados por el Estado en contra de periodistas y disidentes políticos.

Mientras tanto, el drama humano del país se profundiza. Se prevé que la economía se contraerá 15% este año, y se estima que cerca de 80% de la población vive en la extrema pobreza. Las Naciones Unidas estiman que, debido a la desnutrición, un 13% de los niños venezolanos menores de 5 años experimentaran retraso en el crecimiento.

El Gobierno de Maduro ha sido extremadamente destructivo, y derrocarlo por la fuerza seria aún más desestabilizador, ya que desencadenaría una lucha por el poder y exacerbaría la crisis de refugiados en América Latina.

EE. UU. tiene intereses morales y estratégicos en promover un cambio democrático pacifico, pero la política de Trump de "máxima presión" contra el régimen no ha logrado conseguirlo. Si bien EE. UU. debe mantener las sanciones contra Maduro y los miembros de su círculo íntimo involucrados en abusos contra los derechos humanos, debería ofrecer poner fin a su bloqueo a los envíos de combustible, que ha perjudicado de manera desproporcionada a los pobres, si el Gobierno celebra elecciones que se consideren libres y justas.

Los diplomáticos estadounidenses también deberían reiniciar conversaciones que involucren a actores regionales y a los principales aliados del Gobierno -Rusia, China, Irán y Cuba- con el objetivo de convencer a funcionarios militares y de inteligencia de alto rango de respaldar una transición que conduzca a la salida de Maduro.

Junto con la Unión Europea, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, Washington debería preparar un generoso paquete de asistencia humanitaria y financiera como incentivo para que las élites venezolanas rompan con el régimen.

Sin abandonar a Guaidó, EE. UU. debería dejar en claro que brindará apoyo a cualquier Gobierno elegido libremente por el pueblo venezolano. Por encima de todo, resolver la crisis de Venezuela requiere un compromiso estadounidense riguroso y constante, del tipo que ha faltado durante la pandemia y la campaña presidencial. La próxima administración debería renovar el compromiso de EE. UU. con la restauración de la democracia venezolana. Hacerlo es fundamental no solo para la estabilidad del hemisferio occidental, sino también para la recuperación de una nación arruinada por sus líderes.


Bloomberg

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