India: un país en ascenso, pese a su política

Existe un consenso relativamente estable acerca del valor de las reformas orientadas al mercado.

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El primer ministro de India, Narendra Modi, ha logrado un gran apoyo entre la población del país.

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febrero 08 de 2019 - 08:20 p.m.
2019-02-08

India es un país importante. Pronto será el país más poblado del mundo. Tiene la gran economía de mayor crecimiento del mundo. Y, no menos importante, sigue siendo una vibrante democracia. Lo que suceda en India afectará a todo el planeta. ¿Cuáles son, entonces, sus perspectivas económicas? ¿Ha Narendra Modi, su primer ministro, logrado marcar la diferencia? ¿Cuán importantes son las elecciones a celebrarse en los próximos meses?

El cambio decisivo en la trayectoria de India se produjo en 1991, cuando una crisis de divisas extranjeras provocó un cambio fundamental apartándose de la ‘licencia Raj’ hacia una economía liderada por el mercado, pero una con un importante papel para la propiedad pública e interferencia por parte del Gobierno. Éste es el consenso indio. Modi ha operado mayormente dentro de él, aunque introduciendo significativas reformas adicionales, la mayoría de ellas no controversiales, al menos en principio, si no en la práctica. La excepción ha sido la desmonetización, una impactante decisión tomada caprichosamente por Modi.

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Un reciente artículo del Banco Mundial ofrece una visión general de la trayectoria. Durante las últimas cinco décadas el crecimiento se aceleró lentamente y se volvió menos volátil. La era posterior a 1991, en particular, se puede dividir en tres períodos. En el primero, entre 1991 y 2003, la economía creció a una tasa media anual del 5,4%. En el segundo período, entre 2004 y 2008, alcanzó una tasa insostenible del 8,8%, en parte impulsada por el excesivo crecimiento crediticio.

Por último, en el tercero, una prolongada desaceleración le siguió a la crisis financiera mundial. Este período estuvo marcado por un débil crecimiento de la inversión, del crédito, de la producción industrial y de las exportaciones. La disrupción causada por la desmonetización en 2016 y la deficiente implementación del impuesto sobre bienes y servicios (GST, por sus siglas en inglés) por parte del Gobierno Modi extendió esta desaceleración.

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Recientemente, sin embargo, la economía ha vuelto a su tasa de crecimiento potencial de alrededor del 7%. Crecer más rápidamente requeriría enormes mejoras en el rendimiento; como mínimo, un resurgimiento de la inversión y de la fabricación, junto con una mejor competitividad externa. Sin embargo, el crecimiento anual del PIB real per cápita de India ha alcanzado un promedio del 5,5% desde 2000.

Actualmente está creciendo más rápidamente que el de China, principalmente debido a la desaceleración de este último. Si este se mantuviera el PIB real per cápita de India alcanzaría los niveles actuales del de China para principios o mediados de la década de 2030.

India todavía sería un país relativamente pobre, como lo es China en la actualidad. Pero sería una superpotencia. El potencial para tal crecimiento existe: el PIB per cápita real de India representa sólo el 12% de los niveles del de EE. UU., y el 40% del de China.

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¿Qué ha logrado el Gobierno de Modi en términos de política económica? El artículo del Banco Mundial enumera los logros: su nuevo marco de metas de inflación, la reforma de los subsidios a la energía, contener el déficit fiscal, mejorar el entorno empresarial, introducir y fortalecer un nuevo marco de insolvencia y bancarrota, y, no menos importante, implementar el GST.

Sin embargo, parte de lo que el Gobierno ha hecho es simplemente resolver los problemas que heredó, especialmente en materia de banca y de finanzas, e incluso allí sólo parcialmente. El problema de la ineficiente y politizada banca pública continúa. Esto representa un ejemplo de la ausencia de profundas reformas. Al gobierno también se le ha acusado de distorsionar o de suprimir estadísticas, en particular sobre el PIB y sobre el desempleo.

Las fallas en la economía en sí, sin embargo, no se deben exagerar. India tiene un problema de deuda en el sector privado, pero el apalancamiento general sigue siendo bajo. La relación entre el comercio y el PIB ha disminuido, pero aún es mucho más alta que hace tres décadas. La tasa de inversión ha caído, pero todavía se encuentra dentro del rango asiático. Es necesario que aumente, pero las exageradas tasas de China no representan un modelo.

Como en cualquier democracia vibrante, el debate entre los políticos y sus partidarios es más acalorado de lo que debiera ser ante las diferencias reales. Éste es particularmente el caso cuando se aproximan las elecciones. En política económica, sin embargo, una conclusión razonable es que este Gobierno ha seguido la línea de la política desde 1991, aportando útiles mejoras, pero siendo bastante conservador en otras, particularmente en relación con la privatización, con la liberalización del mercado y con la promoción de la competencia.

En una excelente colección reciente de sus ensayos, Arvind Subramanian, el exasesor económico en jefe, describe la evolución del “socialismo clientelista al capitalismo estigmatizado”. India ha elegido una economía orientada al mercado, pero no le gusta. Eso se evidencia en no haber liberalizado los trabajos y no aprovechar las oportunidades en el comercio. Aun así, deberíamos sentirnos optimistas acerca de las perspectivas económicas durante la próxima década.

¿Son las elecciones próximas importantes para la política económica? Una razón por la que pudieran serlo es el reciente ‘presupuesto provisional’, el cual ofrece un discreto relajamiento fiscal, pero no de trascendencia. También ofrece algunos ‘regalos’ importantes, en particular una reducción del impuesto sobre la renta para los contribuyentes de clase media.

Pero también ofrece apoyo directo de los ingresos para los agricultores pequeños y vulnerables, y un plan de pensiones para los trabajadores informales. Algunas de estas ideas son buenas, otras no. Si el Gobierno no es reelegido, no se llevarán a cabo. Sin embargo, si suceden, el mundo no se acabará. En cierto modo, pudiera ser preferible.

Los asuntos relevantes no son económicos, sino políticos. Por un lado, se encuentra un partido centralizado y disciplinado liderado por un hombre fuerte que puede ser despiadado. En el otro lado se encuentra una coalición caótica.

El riesgo que representa el primero es en relación con las normas democráticas, con la independencia institucional y con las relaciones comunitarias. El riesgo del segundo es en relación con la probidad básica y con la formulación efectiva de políticas. Las elecciones estatales sugieren que la contienda pudiera ser reñida. Es probable que su resultado no altere mucho las políticas económicas, pero puede alterar al país. Pase lo que pase, India es un país importante.

Martin Wolf

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