John Kerry habla sobre los demócratas y su posible postulación

Catorce años después de su fallido intento de llegar a la Casa Blanca, ¿se está preparando el exsecretario de Estado para presentarse de nuevo?

El exsecretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry

El exsecretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry, no descarta la posibilidad de presentarse a las próximas elecciones presidenciales, aunque la prioridad son las de este año.

EFE

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octubre 19 de 2018 - 08:20 p.m.
2018-10-19

El almuerzo con John Kerry no comienza según lo planeado. Mientras el candidato presidencial demócrata de 2004 y exsecretario de Estado de EE. UU. ocupa su asiento, declara sorprendentemente: “No tengo hambre”. Pero éste es el Almuerzo con el FT, protesto; no se puede poner en huelga de hambre.

Estamos reunidos en el Café du Parc, una alegre brasserie francesa en la avenida Pennsylvania, a unos cientos de metros del Trump International Hotel. Kerry acaba de publicar una autobiografía, una táctica clásica de un aspirante a la Oficina Oval. El momento ha provocado especulaciones de que Kerry está planeando postularse nuevamente a la Casa Blanca.

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Sería una movida audaz. En los desmoralizados escombros demócratas de la reelección de George W. Bush en 2004, era difícil imaginar que Kerry resurgiría. Él agonizó sobre la decisión de intentarlo de nuevo en 2008, antes de que Barack Obama y Hillary Clinton dominaran las encuestas. En el segundo mandato de Obama, Kerry acumuló más millas aéreas que cualquier otro secretario de Estado (mucho más de un millón, o más de 120 días en el aire). Uno de los productos de esta manía de viajar fue el acuerdo nuclear de 2015 con Irán; otro fue el acuerdo de París sobre el cambio climático. Ese legado ya está en cenizas. Donald Trump ha retirado a Estados Unidos.

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Para aumentar las probabilidades aún más, la base del Partido Demócrata les tiene incluso menos paciencia a sus sospechosos habituales que cuando casi priva a Hillary Clinton de la corona en 2016 en favor de Bernie Sanders, quien entonces era un desconocido socialista de Vermont.

A los demócratas no les ha sucedido nada equivalente a la toma hostil del partido republicano protagonizada por Trump. Pero aún podría suceder. Los aspirantes pertenecientes a una generación inmediatamente inferior a la de Kerry están compitiendo por el papel con estrépito. Muchos consideran que la experiencia es evidencia de fracaso.

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Sin embargo, Kerry ha mantenido su nombre en la palestra pública. Esa misma mañana, la administración Trump lo calificó prácticamente de traidor por reunirse con funcionarios iraníes. Poco antes de sentarnos a almorzar, Nikki Haley, embajadora de Trump ante la ONU -quien desde entonces anunció su renuncia- calificó a Kerry de “antiestadounidense” por haberse reunido con los iraníes al margen de conferencias recientes.

“¿Ella dijo eso?”, pregunta Kerry. Le confirmo que sí lo dijo. “No siento ningún agravio personal. Pero siento por mi país y por el mundo que Trump haya tomado una decisión tan contraproducente porque empodera a las personas que menos deberían empoderarse en Irán. Les da credibilidad a las reservas del ayatolá sobre la posibilidad de negociar con nosotros. Trump está loco si cree que estos tipos regresarán de rodillas a negociar con nosotros”.

Kerry le pregunta a nuestro camarero, quien tiene un acento muy fuerte, si es de Alemania. Adivinó correctamente. Intercambian algunas frases en alemán. Resulta que Kerry pasó dos años de su infancia en Berlín cuando su padre, funcionario del servicio exterior, asesoraba al alto comisionado estadounidense. Kerry pasó la mayor parte de ese tiempo en un internado en Suiza. También habla francés y “superficialmente” el italiano.

La facilidad para los idiomas debería ser un punto a favor para los altos cargos. Pero la última vez que Kerry se postuló, los republicanos se burlaron de él por ser demasiado francés. La experiencia parece haber dejado pocas cicatrices. Kerry revela alegremente que su mayor deseo sería aprender árabe. “Es un idioma tan hermoso”, dice.

POLARIZACIÓN EN EL PAÍS

Le digo que la confirmación de Brett Kavanaugh para el Tribunal Supremo de EE. UU. fue el segundo momento más polarizador que yo había experimentado en muchos años en (el primero fue la victoria electoral de Trump en 2016).

Me sorprendió que Kerry pensara que la amargura actual es moderada en comparación con los comienzos de la década de 1970 cuando encabezaba manifestaciones contra la guerra de Vietnam, donde como oficial de la marina había sido herido varias veces y por lo que ganó nueve medallas. Junto con cientos de otros veteranos, lanzó sus medallas sobre la valla del Capitolio en una señal de protesta. “¿Cómo pueden pedirle a un hombre que sea el último en morir por un error?”, le preguntó al congreso. ¿Las divisiones de las que somos testigos actualmente son comparables?

“No”, dice Kerry. “Lo que sucedió en la década de 1960 tuvo que ver con una guerra que dividió al país cuando salimos del movimiento por los derechos civiles y los asesinatos de líderes como los Kennedy y Martin Luther King. Era una época distinta”.

“El choque cultural de ahora no es lo mismo”, responde Kerry. “Incluso puede ser más profundo en cuanto al nivel de polarización dado que el Presidente ha explotado esos temores y ansiedades. Lo que Trump hace es darle licencia a lo que ha estado allí, pero siempre restringido por el sentido de lo moralmente correcto que tiene el país. Es muy peligroso porque desata fuerzas realmente oscuras y cuando no logran lo que quieren, es algo que puede volverse violento”, considera.

Hay dos cosas que podrían detener a Trump, continúa. Lo primero es lo que descubra Robert Mueller, el fiscal especial que investiga la presunta colusión de la campaña de Trump con Rusia. “Ése podría ser un momento realmente importante”, apunta.

Lo otro que tiene el “potencial” para detener a Trump, agrega Kerry, es la derrota republicana. Las elecciones al Congreso de mitad de período se realizarán en menos de un mes. Sin embargo, incluso entonces, Kerry teme que una victoria demócrata pueda ser contraproducente. “¿Por qué sólo digo ‘potencial’?”, me pregunta. “Porque es posible que Trump, quien no es normal, pueda hacer algo muy negativo para su propia reelección en el año 2020 e incitar a aquellas personas con pasiones aún más violentas. No es alguien que se modere”. Kerry continúa: “No es la primera vez que los nazis y los supremacistas blancos en EE. UU. hacen manifestaciones, pero sí es la primera vez que reciben palabras de aceptación por parte del presidente estadounidense. Han sido consideradas buenas personas. Eso los empodera”.

OPCIÓN DE PRESENTARSE

Siento que es el momento adecuado para preguntarle si realmente planea postularse contra Trump. Kerry no se detiene. “En este momento, estoy pensando cómo ganar las elecciones de mitad de período el 6 de noviembre”, dice. “Le he dicho a la gente que no descarto una candidatura presidencial, pero cualquier esfuerzo en pos de las elecciones del 2020 en este momento sería hacerle una injusticia al enfoque real, que es este 2018”. Me suena como una negación de la negación consagrada por el tiempo.

A los 74 años de edad, Kerry se encuentra aproximadamente en medio de un grupo septuagenario que incluye a Michael Bloomberg, de 76 años, el multimillonario en tecnología financiera y de medios; Elizabeth Warren, la senadora demócrata que casi cumple 70 años; Joe Biden, de 75 años, exvicepresidente; y el propio Trump, quien cumplirá 74 años en la próxima elección. Insiste en que la edad no es un problema en sus candidaturas, ni en las de los demás.

Por supuesto, Kerry sabe bien la dificultad de enfrentarse a un republicano que va por un segundo mandato. Durante gran parte de la campaña de 2004, las encuestas mostraron que Kerry se dirigía hacia una victoria cerrada. Luego, en el verano, fue acusado de exagerar su historial de guerra por ‘Swift Boat Veterans for Truth’, un grupo de exsoldados que aparentemente habían servido bajo su mando en Vietnam. Resultó que ninguno había servido directamente bajo el mando de Kerry. Algunos de los que habían luchado con él se apresuraron a defenderlo. Pero el daño ya estaba hecho. Se podría decir que fue la noticia falsa original. La palabra ‘swiftboating’ - víctima de una campaña política difamatoria - ha entrado en el lenguaje común.

¿Kerry habría sido presidente, le pregunto, si no hubiera sido víctima del ‘swiftboating’? “Lo del Swift Boat me afectó”, responde. “Pero todavía podíamos derrotar a Bush”. Luego, el viernes antes de la elección, Al Jazeera publicó la cinta de Osama bin Laden [un vídeo de 18 minutos en el que el líder de Al Qaeda insinuaba nuevos ataques]. Eso frenó nuestro ímpetu. Ese vídeo fue lo que nos mató”.

Le pregunto a Kerry si una figura tan evidentemente plutocrática puede realmente abrirse paso como candidato demócrata en el clima populista de hoy. La esposa de Kerry, Teresa Heinz Kerry, estaba casada con el difunto John Heinz III, quien era heredero de la fortuna de la familia del mismo nombre. Su valor se estima en aproximadamente US$750 millones. Los Kerry poseen seis grandes casas. ¿Acaso su riqueza no representa un problema? “Ésa es una buena pregunta”, responde Kerry. “Mi respuesta es simple. Franklin Delano Roosevelt tenía dinero. John F. Kennedy tenía dinero. No se trata del tamaño de tu cuenta bancaria. Se trata de tus convicciones. Se trata de la razón por la que luchas. El dinero no me define. Lo que importa es lo que estás haciendo para mejorar la vida de las personas”.

Debes tener la piel de un rinoceronte para pensar en meterte de nuevo en ese ruedo, le sugiero. “Tengo la piel gruesa”, responde. “He estado en la vida pública desde que tenía solo 27 años y me han tirado de todo. Estos tipos hablan de mi historial militar y de mi patriotismo, pero no han probado tener la razón en nada”.

RETIRO TRUMP DE LOS ACUERDOS

Animado por la piel gruesa de Kerry, encamino la conversación nuevamente al acuerdo nuclear con Irán. Le digo que los partidarios de Trump alegan que Kerry les dio demasiado a los iraníes porque le interesaba mucho ganar un Premio Nobel de la Paz. Esto claramente le molesta. “Simplemente no saben de qué están hablando”, señala Kerry, alzando la voz. “Lo dicen porque suena bien. La realidad es que obtuvimos el acuerdo de control de armas más duro y transparente del planeta. Tenemos la capacidad de por vida de inspeccionar cualquier instalación en Irán cuando queramos”. Una o dos personas miran hacia nuestra mesa. “Lo siento”, resalta Kerry. “Me apasiona esto porque no es cierto”.

Entre las otras pasiones de Kerry está lidiar con la amenaza del calentamiento global. Le digo que el problema es que muy pocos electores parecen compartir su preocupación. De hecho, la política hace difícil hoy en día debatir cualquier tema importante. ¿Cómo, le pregunto, estimularía a los electores? “No hables de cambio climático”, responde Kerry. “Habla del clima. Si la temperatura aumenta, hay humedad cálida en el aire y tormentas más grandes. El año pasado gastamos US$265.000 millones en tres grandes tormentas, María, Irma y Harvey. Esa cifra es un tercio de nuestro presupuesto de defensa. Amigos, si quieren ahorrar dinero, y si quieren que la gente trabaje, debemos comenzar a actuar”.

Menciono la infraestructura, un tema que aburre a la mayoría de las personas. Parece electrificar a Kerry. Me relata un viaje en tren que recientemente realizó en China a una velocidad promedio de 480 km/h. “Un sobrecargo dejó un vaso de agua en la mesa y ni siquiera tembló”, aseguró. “El Acela [el tren más rápido de Estados Unidos que une Boston con Washington, DC] rara vez supera las 240 km/h. No puede ir rápido por el río Chesapeake porque terminaría en el Chesapeake. Eso es absurdo. Llevamos a un hombre a la luna, pero no podemos mantener la infraestructura básica”.

Kerry se come un postre extra, se levanta, me da la mano y se va. Me quedo con la sensación de que Kerry tiene el tipo de currículum vitae que podría convencer a un sistema centrista en tiempos más tranquilos a darle otra oportunidad para llegar a la presidencia.

Pero estamos muy lejos de algo así. No tiene nada que ver con la edad. Actualmente Estados Unidos quiere cualquier cosa menos la experiencia.

Edward Luce

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