La lucha global para detener la ofensiva comercial de Trump

El presidente estadounidense afirma que ha tenido éxito en extraer concesiones de los socios económicos.

TLCAN

Donald Trump ya tiene acuerdo con México para el Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

EFE

POR:
Portafolio
octubre 05 de 2018 - 09:10 p.m.
2018-10-05

La campaña de Donald Trump para reformar el sistema de comercio mundial está ganando impulso. La semana pasada, el Presidente reclamó dos victorias en su intento por negociar nuevos acuerdos individuales con sus socios comerciales importantes.

Corea del Sur accedió a revisar su acuerdo con Washington bajo la amenaza de aranceles punitivos, y Japón cedió a la presión para iniciar negociaciones bilaterales sobre un nuevo acuerdo.

(Donald Trump está equivocado: China no es México). 

Trump también ha presionado a Canadá para que se suscriba a un nuevo Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y también ha empujado a la UE para que se siente a la mesa de negociaciones mientras ha aplicado aranceles a niveles históricos a más de US$200.000 millones en importaciones chinas a EE. UU.

Entonces, ¿hasta qué punto está reformando las realidades del comercio mundial con su cambio hacia un bilateralismo agresivo? ¿Y qué tan exitosos son los esfuerzos de otros países grandes para reemplazar el sistema de comercio mundial que Estados Unidos está renunciando?

Tras abandonar el emblemático acuerdo regional de EE. UU., el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, por sus siglas en inglés) de 12 naciones, Trump ha intentado lidiar con los socios comerciales de todo el mundo uno por uno, exigiendo concesiones conforme impone aranceles con amenazas de imponer más en el futuro.

EE. UU. puede alegar que ha tenido cierto éxito. La decisión de Corea del Sur de modificar su acuerdo comercial para limitar las exportaciones de acero e importar más coches hizo del país uno de los primeros en ceder a la presión. A cambio, Seúl recibió exenciones a los aranceles de importación de acero y aluminio.

México también rompió una promesa que le hizo a Canadá de que mantendría un frente común con Ottawa en la renegociación del TLCAN, pues acordó hacer concesiones en conversaciones directas con Estados Unidos.

Esos cambios le permitieron a Trump aumentar la presión sobre Canadá también para que acepte alteraciones o que sea excluida.

Incluso la UE, que frecuentemente se jacta de sus credenciales multilateralistas, abandonó su compromiso de exigir que se eliminen los aranceles al acero y el aluminio antes de negociar directamente con EE. UU. Ahora está trabajando para llegar a un acuerdo que violaría tanto sus normas como las de la Organización Mundial del Comercio (OMC), para evitar que se le cobren aranceles a su preciada industria automotriz.

(China tendrá política monetaria prudente por guerra comercial). 

Japón ha intentado mantener vivo el espíritu multilateral, encabezando la exitosa iniciativa para revivir y finalizar el TPP sin EE. UU. Pero Tokio ahora también se encuentra obligado a tomar la ruta bilateral.

De las grandes potencias comerciales, sólo China, cuyas negociaciones con Washington han comenzado y fracasado varias veces, se ha negado a hacer concesiones a pesar de los enormes y crecientes aranceles unilaterales aplicados por EE. UU.

¿Cuál ha sido el verdadero resultado de los esfuerzos de Trump?

Los cambios en el acuerdo con Corea del Sur son tan mínimos que la administración Trump puede acordarlos. Pero, para cualquier negociación sustancial dentro del TLCAN o con la UE, el Congreso tendrá voz y voto y puede bloquear un acuerdo que no le guste. Si Bruselas continúa negándose a discutir el tema de la agricultura, por ejemplo, el grupo de presión agrícola estadounidense presionará para que se rechace cualquier acuerdo.

Igualmente, si a Trump se le agota la paciencia con los países del TLCAN y la UE, bien podría volver a imponer aranceles punitivos.

Los cambios que busca el Presidente son bastante simples, aunque es poco probable que sean populares entre muchos economistas de comercio. Al cerrar sus acuerdos con Corea y México, EE. UU. ha intentado repatriar las cadenas de suministro de mercancías. Por otro lado, en el caso de las conversaciones con la UE, las propuestas de Washington reducirían los aranceles y podrían estimular el comercio transatlántico.

Los funcionarios de la UE y México argumentan en privado que las concesiones que están ofreciendo son relativamente mínimas y le dan a Trump lo que representa principalmente una victoria simbólica. Sin embargo, en el caso de China, EE. UU. exige cambios tan profundos y fundamentales en la estrategia intervencionista del Estado que será políticamente doloroso para Pekín aceptarlos.

CÓMO LIDIAR CON TRUMP

La UE y Japón han finalizado un acuerdo comercial bilateral e intentaron coordinarse entre sí mientras convencen a EE. UU. y China de que mantengan una mayor cooperación. Sin embargo, ambos saben muy bien que si se alían demasiado estrechamente con Washington o Pekín, corren el riesgo de quedar atrapados en el fuego cruzado de la guerra comercial bilateral.

La UE es tradicionalmente menos combativa que EE. UU. al lidiar con las prácticas comerciales chinas; Alemania en particular tiene grandes intereses de exportación e inversión en el país. Shinzo Abe, el primer ministro japonés, también visitará Pekín el próximo mes como parte de un intento de llegar a una posición común en el tema del comercio.

Sin embargo, Bruselas y Tokio comparten la preocupación de Washington sobre el intervencionismo chino que distorsiona el comercio, especialmente sus subsidios al exceso de capacidad industrial y la transferencia obligada de tecnología que se le exige a las compañías extranjeras que operan en el país.

Pero en lugar de replicar las acciones unilaterales estadounidenses contra China, la UE y Japón han tratado de guiar a Washington hacia una vía más colaborativa con un horizonte temporal mucho más largo.

A pesar del escepticismo inicial de Bruselas, el año pasado Tokio encabezó una campaña para crear una iniciativa trilateral UE-Japón-EE. UU., la cual ha resultado en varios litigios más o menos coordinados contra China en la OMC por la transferencia de tecnología.

La UE también presionó intentando buscar cambios en la OMC para abordar las quejas estadounidenses sobre su ineficiencia. Sin embargo, no hay mucho que siquiera una OMC reformada puede hacer para abordar las distorsiones comerciales de China, dada la cobertura limitada del reglamento de la organización. Algunos partidarios de Trump en Washington se sienten más atraídos por la idea de intentar sacar a China de la OMC completamente.

E incluso en momentos en que Estados Unidos está presentando demandas contra China en la OMC, Washington sigue obstaculizando el proceso de solución de disputas de la organización al negarse a designar nuevos jueces para su órgano de apelación.

Ahora bien, la pregunta es ¿qué sucederá?

La iniciativa estadounidense no ha impulsado un ambiente de proteccionismo total. Pero las otras grandes potencias comerciales han tenido dificultades en encontrar suficientes posturas comunes para crear una nueva ancla para el sistema de comercio mundial.

Hasta el momento, sólo la relación comercial de EE. UU. con China se ha visto seriamente afectada. Pero eso bien podría extenderse hacia otras economías si rechazan acceder a las demandas de Trump.

Alan Beattie

Siga bajando para encontrar más contenido