La otra cara de la inversión en África de la Ruta de la Seda

Más allá de los proyectos de infraestructura de la Iniciativa Un Cinturón, Una Ruta, empresarios privados chinos se están asentando en el continente.

África

Muchas de las empresas chinas han empezado a realizar todo tipo de artesanías y manufacturas típicas del continente, como trabajos como cerámica, cesto o vidrio, entre otros.

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Portafolio
abril 05 de 2019 - 08:20 p.m.
2019-04-05

Wilson Wu tiene grandes planes para la zona de libre comercio que dirige en Igbesa, una descuidada ciudad en el estado de Ogun, a unos 60 km de la agitación de Lagos, la gran capital comercial de Nigeria.

Al echarle un vistazo a lo que hoy es un pequeño grupo de almacenes industriales rodeados de caminos de lodo y arbustos, Wu puede ver un futuro más brillante. “Tendremos un hotel de cinco estrellas, un club de golf, un Walmart”, afirma en un discurso bien ensayado. “Será como Dubái”.

El viaje de Wu, ingeniero eléctrico de profesión, a África ocurrió después de su asignación, cuando era joven, a Myanmar, donde trabajó para la Power Construction Corporation de China en la modernización de la red eléctrica. En 2011, deseoso de más aventuras, hizo las maletas y se dirigió a Nigeria, donde, con 30 años, lo designaron para administrar la zona de libre comercio del estado de Ogun, un proyecto público-privado en el que el Gobierno local proporciona los terrenos y las empresas chinas proporcionan el capital.

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Wu es uno de los cientos de miles de ciudadanos chinos - aproximadamente 1 millón - que se han aventurado a África en las últimas dos décadas en busca de su fortuna. Como muchos de los que terminaron allá, él ve en la natural energía y la ambición de África un eco de las fuerzas que las reformas de Deng Xiaoping.

“Es como la China de 1970 y 1980, cuando se podía abrir un negocio y quizás ganar una fortuna”, dice entusiasmado. “Ese tipo de fortuna no es posible en China actualmente”.

Las condiciones comerciales más duras en China, donde el aumento de los costos laborales, la sobrecapacidad industrial y los estándares ambientales más estrictos están cobrando su precio, han convencido a personas como Wu de probar sus ambiciones en otros lugares. Aunque muchos han buscado países más cercanos como Camboya, otros van a África.

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Los enormes proyectos de infraestructura de China, que incluyen presas, ferrocarriles, puertos y telecomunicaciones, son los que captan la mayor atención. Entre 2000 y 2014, el volumen de inversión china en África pasó del 2 % de los niveles de EE. UU. al 55%. McKinsey estima que, al ritmo vertiginoso actual, China superará los niveles de EE. UU. en una década.

Washington se ha dado cuenta muy tarde de la creciente presencia china que está transformando África. En diciembre, John Bolton, asesor de seguridad nacional de Donald Trump, acusó a China de utilizar “sobornos, acuerdos opacos y el uso estratégico de la deuda para mantener a los países cautivos de los deseos y demandas de Pekín”.

Sin embargo, las grandes compañías como Huawei y otras, que están afiliadas al estado, como China Bridge y Road, no son los únicos actores que están moldeando el continente. Lo que Washington tal vez no entienda por completo es que miles de empresarios aventureros como Wu, que están involucrados en todo, desde el comercio minorista y las fábricas hasta la agricultura, tienen un impacto igualmente importante.

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Irene Yuan Sun, socia adjunta de McKinsey dice que “la inversión china en la manufactura es la mejor esperanza que tiene África para industrializarse”, afirma. “Más allá de las iniciativas del Estado, también están las empresas privadas, que generan más empleos, se localizan más rápidamente y tienen un mayor impacto económico y social”.

Cuando Wu llegó por primera vez a Ogun, no había casi nada. La zona de libre comercio del Estado que él dirige es propiedad mayoritaria de Guangdong New South Group, un conglomerado privado con intereses en todos los sectores, desde la medicina hasta el carbón. Al equipo de Wu le dieron un terreno de 2,24 kilómetros cuadrados y le dijeron que siguiera adelante.

Nigeria, al igual que los países africanos, tiene un enorme déficit de infraestructura. Carece de servicios confiables de energía, agua y carreteras para todo clima. New South Group ha tenido que construir casi desde cero, incluyendo los generadores a gas natural y las carreteras sin pavimentar que conectarán la zona con Lagos y otros lugares.

“Es como administrar un país”, resalta Wu sobre la zona. “Tenemos nuestras propias costumbres, nuestra propia policía, nuestras propias operaciones. El Gobierno de Nigeria proporcionó los terrenos. Usamos nuestro dinero para construir todo lo demás”.

Después de siete años de funcionamiento, la zona de libre comercio cuenta con 50 compañías registradas, entre ellas dos fabricantes de cerámica que producen azulejos y placas, una planta de tubos de acero y fábricas que hacen de todo, desde muebles hasta salsa de tomate. Hay una imprenta, una recicladora de plástico y otra firma de materiales de construcción.

Para Wu, en los próximos 15 a 20 años habrá una enorme expansión hasta alcanzar las 10.000 compañías, 200 veces más.

“Nigeria tiene las condiciones para ser una fábrica del mundo”, apunta Zhou Pingjian, embajador de China en Nigeria. Si ése es el futuro de Nigeria, por ahora, Wu y miles de empresarios chinos que se encuentran en el país tienen que lidiar con el presente. Según el Banco Mundial, la manufactura representó sólo el 9% del PIB en 2017, y el presidente Muhammadu Buhari se ha quejado de que Nigeria importa todo, desde palillos hasta puré de tomate.

Al igual que en otros países de África, el ecosistema manufacturero de Nigeria ha declinado desde 1980, gracias a una política industrial mal ejecutada mediante la cual el estado despilfarró miles de millones de dólares en proyectos inútiles.

La ironía de que los empresarios chinos establezcan fábricas en el país - y en otros como Etiopía y Ruanda - es que la importación de productos chinos baratos fue otro factor que contribuyó a la destrucción de la producción local. Nigeria también se ha visto afectada por la maldición de los exportadores de petróleo, la cual aumentó el tipo de cambio, por lo que resultó más barato importar productos terminados que producirlos. La otrora próspera industria textil actualmente es una sombra pálida de lo que alguna vez fue.

Debido a la escasez de todo menos las materias primas más básicas, la mayoría de las fábricas chinas en Nigeria se limitan al ensamblaje final. Dependen de partes e insumos importados, lo que significa que necesitan acceder a las escasas divisas extranjeras y persuadir a los funcionarios portuarios de que les permitan pasar los suministros.

Para conseguir divisas, han tenido que ser creativos. Muchos dicen que compran materias primas nigerianas, como madera y mármol, que luego exportan a en China o Europa en yuanes. Los grupos de cambistas se especializan en conectar a quienes necesitan moneda extranjera con los compradores chinos de importaciones nigerianas.
La falta de insumos y la escasez de divisas son sólo dos de los obstáculos que enfrentan. Acertadamente o no, se quejan de los niveles de cualificación de los trabajadores nigerianos, quienes son producto de un sistema educativo estatal que se ha deteriorado.

“A los empleados a menudo les resulta muy difícil operar las máquinas”, asegura Chen Donghua, gerente de una fábrica de zapatos del Grupo Lee, un fabricante de Hong Kong. “Pero dado que la mano de obra es barata, todavía pueden empaquetarlos a mano”, la compañía les brinda capacitación a los empleados que, en la práctica tienen poco más que la primaria.

Los empresarios chinos también tienen que negociar con los funcionarios de Nigeria para obtener permisos y licencias. “Si quieres visitar a un funcionario del Gobierno aquí, es mejor que tengas entre US$6.000 y US$10.000”, indica Ban, el minero. “De lo contrario, olvídate de lograr una cita”.

También hay obstáculos culturales. En todo el continente, los africanos acusan a los chinos de que se niegan a integrarse. Muchos de ellos deciden trabajar en oficinas y dormitorios sin marcar, lejos de las miradas de las autoridades y competidores. Los acusan de traer su propia mano de obra, aunque las compañías se han dado cuenta de que necesitan brindar empleos locales si desean permanecer en el negocio.

Desde la perspectiva de los trabajadores chinos, a miles de kilómetros de casa en un entorno desconocido, la vida también puede ser difícil. “Este lugar es muy solitario”, asegura Peng Hong, quien administra una compañía de medicamentos en Lagos y Kano, que emplea a unos 350 nigerianos y 45 chinos.

Peng llegó a África en 2005 desde Hubei, en el centro de China, de donde dice: “La vida es demasiado difícil”. La vida también le ha sido difícil en Nigeria. “Importamos la mayor parte de nuestra comida y cocinamos para nuestros empleados chinos”, agrega. Los fines de semana, Peng organiza viajes de la compañía para sus empleados, en su mayoría hombres, al supermercado o al único bar de karaoke al estilo chino que existe en Lagos.

Como muchos otros, Peng ha tenido que luchar. “Tuvimos que quitar todos los árboles, perforar nuestros pozos de agua, arreglar nuestras líneas de transmisión eléctrica”, apunta.


Los empresarios chinos también se quejan de que las autoridades prometen mucho, pero a menudo no cumplen. La expansión de la zona de libre comercio de Ogun, por ejemplo, se está viendo obstaculizada por la incapacidad o falta de voluntad del Estado para comprarles terrenos a los locales, según los ejecutivos.

Las opiniones chinas sobre sus comunidades anfitrionas pueden ser contundentes. “Nigeria tiene la mayor cantidad de ladrones del mundo”, deja claro Thomas Liu, quien dirige la compañía de medicamentos donde trabaja Peng, utilizando el tipo de lenguaje que irrita a cualquier nigeriano. “Tienes que evitar que te engañen”.

Sin embargo, a pesar de sus innumerables quejas, dicen que las fortunas los atraen. “Si pudiera darme un consejo a mí cuando era más joven, sería ‘muévete más rápido’”, asevera Kent Chan, gerente de Grand Shine Construction Materials. Estableció su primera fábrica en Nigeria en 2015.

La afluencia no se limita a Nigeria. McKinsey estima que hay más de 10.000 empresas chinas que operan en África, y el 90% de ellas son de propiedad privada.

Utilizando el concepto de los ‘gansos voladores’ del economista japonés Kaname Akamatsu - según el cual la producción de bienes de consumo constante que se mueve de los países más avanzados hacia los menos avanzados - los investigadores de la China-Africa Research Initiative de la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados (SAIS, por sus siglas en inglés) de la Universidad Johns Hopkins sostienen que conforme aumentan los costos en China, la manufactura se desplazará gradualmente a regiones como África. Entre el 2000 y 2015, las compañías chinas registraron en el ministerio de comercio más de 1.000 propuestas de manufactura africanas de productos como vidrio, acero reciclado, cerámica, paneles de yeso, textiles, pigmentos, curtidurías y zapaterías, por sólo nombrar algunos.

Las compañías chinas, incluyendo los fabricantes de prendas de vestir en Tanzania y Lesoto, se reubicaron no sólo por los costos laborales más baratos. También se sintieron atraídas por la perspectiva de exportaciones libres de aranceles hacia EE. UU. bajo la Ley de Crecimiento y Oportunidades para África, y hacia la UE bajo el acuerdo ‘Todo menos armas’. En Etiopía, Huajian de China y New Wing de Hong Kong se sintieron atraídas por el cuero de alta calidad.

En Nigeria, como en gran parte de África, las inversiones chinas provocan tanto sospechas como elogios, pero en su mayor parte los funcionarios agradecen la atención. Jonathan Coker, exembajador de Nigeria en Pekín, dice que las advertencias sobre las inversiones chinas son hipócritas.

“Los diplomáticos dicen que nos convertiremos en esclavos de China. Esto es propaganda occidental”. En cambio, agrega, Nigeria tiene mucho que aprender. “China tiene 10 veces más población que Nigeria, pero desarrolló un sistema para cuidar a su gente”.

No todos los empresarios chinos tienen un impacto positivo. En Madagascar, se les culpa de las exportaciones ilegales de palo de rosa y cebú, un tipo de ganado. La demanda china de fauna africana también alimenta la caza furtiva desde Zambia hasta Mozambique.

Sun tampoco considera que la llegada es una solución mágica. La autora acepta que, junto con la promesa de fábricas y empleos, pueden traer degradación ambiental y fricciones. “Pero son muy emprendedores y están haciendo cosas importantes. No todo es bueno, ni malo. Pero tenemos que estar atentos”.

Emily Feng y David Pilling

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