López Obrador: izquierdista que gobierna con conservadurismo económico

Analista asegura que "se ha vendido a sí mismo como la encarnación del cambio y cada día encontramos más continuidad".

Andrés Manuel López Obrador

Andrés Manuel López Obrador, presidente de México.

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POR:
Bloomberg
junio 06 de 2019 - 11:06 a.m.
2019-06-06

El presidente Andrés Manuel López Obrador (Amlo) proclamó que su elección era el ascenso largamente esperado de la izquierda mexicana, pero una mirada más profunda revela que muchas de sus acciones y estrategias durante seis meses en el poder no son tan radicales.

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Políticas fiscales: Recortó los gastos generales del gobierno y redujo las asignaciones a salud y guarderías públicas para cumplir con los objetivos presupuestarios.

Seguridad: Recurrió a los militares para formar una nueva fuerza policial nacional.

Comercio: Criticó durante años el Tratado de Libre Comercio de América del Norte de 1994 pero una vez electo, Amlo apoyó la negociación con Estados Unidos y Canadá para preservarlo, incluido el trabajo de su antecesor promercado, Enrique Pena Nieto. Como presidente ha defendido la integración económica contra los ataques proteccionistas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, como la reciente amenaza de imponer aranceles a los productos mexicanos, señalando que el libre comercio "es conveniente" para ambos países.

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"Hablamos de alguien que se autodenomina hombre de izquierda, pero hace muchas cosas que son cuestionables desde la perspectiva izquierdista", comentó Carlos Bravo, politólogo del Centro de Investigación y Docencia Económicas de Ciudad de México. "Se ha vendido a sí mismo como la encarnación del cambio y cada día encontramos más continuidad".

La confrontación con su homólogo de Estados Unidos puede ser la prueba más dura para Amlo luego de que la amenaza arancelaria hiciera que el peso anotara el viernes su mayor pérdida en siete meses. La estrategia de López Obrador contra Trump hasta ahora ha sido evitar la confrontación y tratar de encontrar una solución a través del diálogo.

La situación podría ser más difícil si Trump continúa criticando a México por no hacer más para detener a los migrantes centroamericanos, especialmente en momentos en que intensifica su campaña para la reelección, o si una recesión o crisis económica golpea a México.

El conservadurismo económico de Amlo refleja en parte su deseo de evitar cambios que sacudan tanto al país que sus otras prioridades: programas para ancianos y jóvenes desempleados, reducir la inseguridad, luchar contra la corrupción y desarrollar el empobrecido sur del país, sean más difíciles de alcanzar.

La prudencia fiscal de México surgió tras una historia de calamidades financieras como la llamada Crisis del Tequila en 1994. También habla de su propia creencia personal en la frugalidad, como lo demostró durante sus años como alcalde de Ciudad de México.

Desde que asumió el cargo, Amlo subastó el avión presidencial, cerró la lujosa residencia oficial de sus antecesores y se deshizo de personal de seguridad armada, reduciendo los gastos presidenciales en un 88%. También prometió no aumentar los impuestos para evitar sofocar la economía. La oficina de prensa del presidente no respondió a solicitudes de comentarios.

Cualesquiera que sean sus razones, las reiteradas promesas de austeridad fiscal de Amlo han logrado tranquilizar a los inversionistas que desconfiaban de él desde su primera campaña presidencial en 2006. El peso ha superado a todas las principales monedas mundiales excepto el yen japonés desde el inicio de su gobierno, incluso pese la depreciación de 2,4% del viernes, y el rendimiento de los bonos soberanos a 10 años ha caído este ano a cerca del 4%.

"Los mercados han estado muy tranquilos con Amlo en el poder y eso es porque asumen que no gastará como loco", declaró Viridiana Ríos, profesora asistente de gobierno de la Universidad de Harvard. "No es el típico populista de izquierda que imaginamos en América Latina".

El celo fiscal de Amlo ha sido tanto que incluso algunos colaboradores piensan que se excede. German Martínez, quien se desempeñó en el gabinete de uno de los antecesores conservadores de Amlo y aceptó su oferta para dirigir el Instituto Mexicano del Seguro Social, renunció el mes pasado en protesta por recortes presupuestarios.

Ciertamente Amlo tiene algunos puntos de vista izquierdistas y nacionalistas profundamente arraigados que lo han acompañado en sus cuatro décadas de carrera política.

Un ejemplo es su fe inquebrantable en el productor nacional Petróleos Mexicanos o Pemex: ha prometido miles de millones de pesos en apoyo a la compañía para revivir su gloria pasada, incluso a expensas de la incipiente industria de energía verde del país.

El rechazo a la privatización y la preferencia por las empresas locales que trabajan en proyectos de infraestructura clave es otra área donde se exhiben los impulsos más nacionalistas del presidente. A menudo arremete contra las grandes empresas durante sus conferencias de prensa diarias. Sin embargo, Amlo ha recurrido al manual conservador en áreas políticas clave.

En el tema candente de la migración, México detuvo a un 79% más de inmigrantes en abril en comparación el mismo mes del año pasado e incluso más en mayo, según cifras preliminares, luego de que Trump amenazara con cerrar la frontera.

Esto pese al respaldo de Amlo a un plan de desarrollo en Centroamérica como solución a largo plazo. Su gobierno amplió el respaldo a los ancianos y jóvenes, defendiendo al "pueblo" y haciendo eco de antiguos líderes de izquierda como la argentina Cristina Fernández de Kirchner y el venezolano Hugo Chávez.

Pero está dando apoyo a los adultos mayores mediante transferencias de efectivo a través de un banco propiedad de un multimillonario mexicano, un plan que haría orgulloso a Milton Friedman. También sugirió que los bancos mexicanos deberían autorregularse y que su gobierno no apoyaría una ley para eliminar las comisiones bancarias exorbitantes.

Amlo llama a su presidencia la cuarta transformación de México, tras la guerra por la independencia y la reforma del siglo XIX y la revolución de principios del siglo XX. Su enfoque se inspira mucho en la década de 1970, cuando los presidentes mexicanos eran defensores hegemónicos de un modelo económico impulsado por el Estado, antes de que la nación se abriera a los mercados internacionales.

También es un enfoque de izquierda adaptado pragmáticamente a la sociedad mexicana y al 53% de votantes que lo respaldaron en julio pasado. Ese pragmatismo se muestra en los problemas sociales, donde las posturas ambivalentes de Amlo podrían verse como intentos de evitar dividir a la coalición de votantes que le permitió arrasar en las elecciones, incluso si eso significa decepcionar a algunos partidarios progresistas.

Si bien Amlo dio su visto bueno en mayo a la iniciativa de la Secretaria de Relaciones Exteriores para celebrar matrimonios entre personas del mismo sexo en consulados de todo el mundo e incluso posó con la bandera del orgullo gay, rechazó la idea de una ley nacional de matrimonio igualitario.

Del mismo modo Amlo, que es cristiano, ha sugerido que el aborto legal en Ciudad de México pero no en todo el país, debe decidirse a través de un referéndum popular. "No quiere dividir su base o soporte, que tiene componentes tanto conservadores como progresivos", planteó Carlos Petersen, analista de Eurasia Group. "Ciudad de México no es igual que los lugares más pobres de este país que son muy conservadores. Así que es una decisión estratégica no dividir su apoyo". 

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