El hambre, la otra pandemia que amenaza a Latinoamérica

Por el coronavirus, millones de personas no tienen comida porque se quedaron sin trabajo y están fuera de las redes de ayuda social de los Estados.

Ventas ambulantes

En América Latina hay hasta 75%, en algunos países, de trabajadores informales que no necesariamente están registrados en las redes de protección social y no tienen acceso a estas ayudas.

Cesar Melgarejo/CEET

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mayo 28 de 2020 - 11:05 a. m.
2020-05-28

La emergencia del covid-19 ha puesto a América Latina y el Caribe bajo la amenaza de una 'pandemia de hambre': millones de personas no tienen comida porque se quedaron sin trabajo y están fuera de las redes de ayuda social de los Estados, alertó el Programa Mundial de Alimentos (PMA).

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El director del PMA para América Latina y el Caribe, Miguel Barreto, destacó que si el año pasado había 3,4 millones de personas en inseguridad alimentaria severa en la veintena de países donde tiene presencia el Programa, en 2020 la cifra llegaría a 13,7 millones debido en gran parte al coronavirus.

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¿Qué está pasando en materia alimentaria en la región?

Lo más importante es la falta de acceso a empleo. Hemos hecho encuestas en los países donde tenemos presencia y hay un aumento aproximado de 10 millones de personas (en inseguridad alimentaria severa), debido a la disminución en las remesas y falta de empleo. Inseguridad alimentaria severa implica que las personas se encuentran en un riesgo alto porque ya no tienen capacidad para acceder a sus alimentos, han perdido sus medios de vida. Y esto puede crear una crisis humana o una pandemia de hambre a nivel regional.

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¿Dónde están las mayores preocupaciones del PMA?

En áreas altamente vulnerables, con personas altamente dependientes de la agricultura de subsistencia, particularmente en la zona del Corredor Seco de América Central y también en Haití. Y adicionalmente tenemos la situación del incremento del número de migrantes venezolanos en la región, que no solamente no tienen acceso al trabajo sino que tampoco tienen acceso a las redes de protección de los países.

¿Por qué en Haití y en el Corredor Seco es peor la crisis?

Porque son poblaciones que ya venían sufriendo antes del covid-19. Nosotros tenemos presencia en el Corredor Seco. No es fácil llegar a esas familias pero hay redes de protección social que ayudan a acceder a ellas, como las escuelas y los centros de salud, donde la gente se sigue acercando y que sirve como centros de distribución de cupones o alimentos. En Haití la cosa es más compleja porque no existe una infraestructura de protección social abierta, pero para nosotros la puerta de entrada son las escuelas que sirven como centros comunitarios en las zonas rurales.

Los Estados han puesto en marcha programas de ayuda para paliar las consecuencias del confinamiento. ¿Son suficientes?

Estamos frente a una situación compleja, grave. Muchos países están poniendo esfuerzo en incrementar las redes de protección social, las transferencias financieras, pero el problema principal es que en América Latina tenemos hasta 75%, en algunos países, de trabajadores informales que no necesariamente están registrados en las redes de protección social y no tienen acceso a estas ayudas. Y esto va aparejado de la necesidad de más gasto social en los países para llegar a estas personas y evitar que esto continúe.

¿Estamos ante un problema estructural que dificulta la respuesta a la emergencia?

Sin duda en una crisis como esta lo que se requiere, ahora, son recursos que sean dirigidos a incrementar el gasto social hacia estos sectores. Es fundamental hacerlo a corto plazo porque estamos en una situación de crisis humana. Pero indudablemente la solución no está en el corto plazo. La solución está en generar esquemas y sistemas de producción adecuados a largo plazo, que permitan que estas personas tengan acceso no solamente a alimentos sino acceso al mercado a través de su propia producción.

Los Estados tienen recursos limitados...

Los recursos muchas veces no necesariamente pueden salir de los propios Estados porque no tienen la capacidad financiera. Entonces a lo que apelamos es a mayores contribuciones financieras internacionales de nuestros donantes, eventualmente también a créditos blandos de las instituciones financieras a los países.

¿Ve el PMA voluntad en los donantes para ayudar a la región?

Es una crisis global y también les afecta a ellos, de una manera u otra. Los niveles de inversión prioritarios van a los sectores nacionales, sin embargo desde nuestra perspectiva estamos notando un mayor interés en invertir en zonas que necesariamente ya no eran prioritarias, como el caso de América Latina. Tenemos muchísima esperanza y optimismo de que vaya a haber un cambio en términos de incrementar los recursos, al menos de manera temporal para poder pasar la ola de esta crisis, que no va a pasar en dos o tres meses. Estamos hablando de una crisis (económica) que va a durar 2 o 3 años.


EFE

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