Nueva York discute el millonario negocio de las propinas

La propuesta de igualar la paga mínima con la de los demás sectores y suprimir esta bonificación ha dividido a restaurantes y camareros en la ciudad.

Aprender a dar propina le enseña a jugar con los incentivos. Entiende que esta es una estrategia para obtener mejor servicio. Lo

En Estados Unidos, dejar propina es más un deber que una elección del cliente.

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efe
abril 16 de 2019 - 03:01 p.m.
2019-04-16

¿Es conveniente o no eliminar las tradicionales propinas? Esta es la nueva discusión que han comenzado bares, restaurantes y camareros en Nueva York.

Los camareros de la ciudad, como el resto de empleos en los que se reciben propinas, tienen asignado un sueldo mínimo menor que el de otros asalariados. Pero una propuesta de igualar su paga mínima con la de los demás sectores en 15 dólares la hora y suprimir las propinas ha dividido a restaurantes y camareros de la ciudad.

La asociación Restaurant Opportunities Center United (ROC), a la que están adscritos unos 700 restaurantes en todo el país, es una de las que defiende la implantación de la nueva normativa, que el gobernador de Nueva York, Andrew Cuaomo, propuso en diciembre de 2017, pero que, de momento, se ha quedado en el limbo de las leyes.

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Anthony Advincula, portavoz de ROC, aseguró que desde su organización abogan por "una paga justa que elimine el salario mínimo de los trabajadores de propinas" y se queja de las promesas incumplidas de Cuomo a este respecto. "He ordenado al Departamento de Trabajo que garantice que no haya trabajadores más susceptibles de ser explotados porque dependan de las propinas para sobrevivir", aseguraba el gobernador a finales de 2017.

Según estudios citados entonces por la Administración neoyorquina, la propina se relaciona también con una mayor incidencia del acoso sexual y con sueldos menores a las mujeres. El sueldo mínimo en la ciudad de Nueva York se ha establecido recientemente en 15 dólares la hora para empresas con más de 10 empleados y en 13,5 para los negocios con menos empleados, mientras que los trabajadores que reciben propinas cobran 10 o 9 dólares, dependiendo del tamaño del local.

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En Estados Unidos, dejar propina es más un deber que una elección del cliente, cuya única libertad de decisión se limita prácticamente a elegir la cuantía de la gratificación económica, que fluctúa entre un 15% y un 20 % del total de la cuenta.

Brian Keyser, dueño del pequeño restaurante Casellula, situado en el barrio de Hell's Kitchen de Manhattan, es uno de los hosteleros que defiende esta medida. "Apoyo una única paga justa. Veo los beneficios de las propinas para aquellos que trabajan en los mejores y más caros restaurantes que suelen hacer mucho dinero gracias a ellas, y están contentos de trabajar por un salario menor, pero no para los cientos de miles de empleados que están trabajando por unos salarios y unas propinas realmente bajas", dice Keyser, poco antes de abrir las puertas de su negocio.

Sin embargo, no todos en el sector comparten la misma idea, como el mexicano Carlos Rodríguez, que trabaja en una cafetería del alto Manhattan y rechaza completamente la supresión de las propinas. "Soy barista, hago cafés en el barrio Upper East Side, es la única manera que podemos sobrevivir. La mayoría de los jefes no paga ni el salario mínimo", dice este camarero de 34 años, que lleva una década trabajando en Nueva York en la hostelería.

Rodríguez, activista en la asociación de trabajadores "Justice Will be Served", también se muestra receloso del aumento del sueldo mínimo porque, según él, "por nuestra experiencia vemos que los clientes van a dar menos gratificaciones". Este mexicano de Oaxaca, que actualmente gana entre 20 y 25 dólares la hora gracias a los propinas, considera que con un aumento de los sueldos, los patrones "van a acortar las horas de trabajo de sus empleados para no sacar más dinero de sus bolsillos".

Por otra parte, los hosteleros que se oponen a esta iniciativa, como Andrew Rigie, director ejecutivo de la asociación New York City Hospitality Aliance, piden que las cosas sigan como están porque temen que la medida fuerce a los dueños a subir los precios del menú y, por lo tanto, pierdan clientes.

"Necesitamos respirar, no más regulaciones", dice Rigie, que al igual que Rodríguez considera que el aumento de la paga mínima a 15 dólares obligará a los hosteleros a contratar a los trabajadores menos horas para no incurrir en más costes y que, en consecuencia, muchos negocios cerrarán.

Ante esto, el portavoz de ROC, Anthony Advincula, replica que California, Oregón, Washington, Alaska, Nevada, Montana y Minnesota ya han aplicado leyes similares y ni la restauración se ha hundido ni las propinas han desaparecido.

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