¿Qué tan fuerte puede golpear la desaceleración global a la región?

Dependencia de ‘commodities’, lío de las mayores economías, altas deudas o débil crecimiento, jugarían en contra ante peor contexto en el exterior.

Después de la caída de Lehman Brothers, los mercados mundiales colapsaron.

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octubre 04 de 2019 - 08:01 p.m.
2019-10-04

En la actualidad prácticamente no pasa un día sin que en alguna parte se apriete un nuevo botón de alarma por los temores a que se desate una mayor desaceleración de la economía internacional o, incluso, que el planeta pueda entrar en una recesión. Y aunque Latinoamérica se ha mantenido al margen de las principales tensiones globales, la región enfrentaría graves consecuencias si se llega a concretar un peor contexto externo.

(El FMI alerta de desaceleración global más profunda). 

De hecho, al día de hoy, América Latina ya está en una situación bastante vulnerable. Con una previsión de crecimiento de tan solo 0,5% en su conjunto, de acuerdo con los últimos datos de la Cepal, y con la mayor tasa de desempleo de la última década, del 8% según la OIT, la región terminará 2019 sin mejorar su dinamismo económico.

A esto hay que sumarle la crisis de Venezuela, que ha venido desestabilizando a varias de las economías de Suramérica, así como las turbulencias financieras de grandes países como México, Argentina y Brasil.

“Latinoamérica ha venido en un proceso de moderación de la actividad, pasando de una expansión de 3% en 2018 a una expectativa de crecimiento de 0,5% en 2019, explicado en gran parte por la contracción de Argentina, y la marcada desaceleración en México y Brasil”, apunta Carolina Monzón, jefe de Análisis Económico de Banco Itaú Colombia.

Todo ello bajo un horizonte en el que los niveles de riesgo país de la mayoría de las naciones son altos al compararlos con otras latitudes y amenazas de rebajas en la calificación, pues no hay ninguna perspectiva positiva y, por el contrario, varios están en negativo para Fitch, entre ellos Colombia.

(América Latina no tiene armas para enfrentar una desaceleración global). 


Con todo esto, el impacto está asegurado. “Hoy se puede afirmar que una des-aceleración o recesión abierta tendría un fuerte impacto sobre las economías y los niveles de vida de la población, especialmente los sectores populares. Esto, por supuesto, derivaría en un mayor desempleo, más informalidad y aumentos en los precios de los alimentos y servicios sociales, entre otros indicadores”, señala Marco A. Gandásegui, investigador asociado del Centro de Estudios Latinoamericanos (Cela).

Uno de los impactos derivados de los problemas económicos es el freno que está experimentando el mundo, que según la OMC llevará a que los intercambios avancen tan solo 1,2% durante este año. Y, si esto se suma a la menor demanda de materias primas a nivel global, “¿qué le pasará a Chile si el precio del cobre se desploma, o Brasil si se viene abajo la exportación de hierro y soja?” cuestiona Gandásegui.

Es por eso que Xavier Hovasse, jefe de Renta Variable de Mercados Emergentes en Carmignac apunta que “la mayoría de países latinoamericanos son exportadores de materias primas y, como tal, su economía depende de las perspectivas de crecimiento económico mundial. La ralentización del crecimiento mundial está afectando a la región y queda ya reflejada en los anémicos precios del mineral de hierro y del cobre”.

Los expertos aseveran en este sentido que el hecho de que se vea afectado tanto el comercio como la demanda y el precio de los commodities que ofrece la región, eso se puede convertir en una cargar aún mayor para las economías latinas.

Por otro lado, la turbulencia bursátil y financiera también está generando impactos en cuanto a los capitales externos. Solo recordar que ante los temores que se dieron en agosto, los inversionistas internacionales hicieron una retirada neta de casi US$14.000 millones de países emergentes, por lo que un recrudecimiento de la situación generaría, según los analistas, una posible escapada, incluso a una escala mayor.

(Arrancan estímulos para la economía de América Latina).

Ante estos panoramas, la situación financiera y fiscal también se podría ver afectada. De acuerdo con Juan Ruiz, economista jefe para Latam de BBVA, “el modesto crecimiento en muchas economías limitará los ingresos fiscales y por tanto también el espacio de maniobra para poder impulsar a la demanda desde el lado fiscal. El único espacio será el que tengan las políticas monetarias, a las que la reducción de tipos de interés por parte de la Fed les abre la oportunidad para implementar más reducciones de tipos de interés”.

SITUACIÓN POR PAÍS 

Por supuesto, ante un menor dinamismo externo, los países que hoy en día cuentan con mayores problemas económicos serían a su vez lo que podrían sentir mayores presiones.

Por ejemplo, México es el país al que las tensiones comerciales con Estados Unidos perjudicaría más, al tiempo que su economía ya estuvo al borde de la recesión. “Esperamos que el país sufra por su dependencia de las exportaciones a los Estados Unidos. La desaceleración de EE. UU. debilitará más las perspectivas de crecimiento ya moderadas. La última impresión del PIB se encuentra en territorio negativo para las cifras trimestrales”, resalta Hovasse.

El analista de Carmignac también agrega que Chile se encontraría en una situación vulnerable por la tensión comercial. “A pesar de tener una posición fiscal sólida (la más fuerte entre los países de América Latina con un saldo fiscal de solo -1.8%), Chile está bajo presión por la guerra comercial y el bajo rendimiento del cobre durante el año”.

Los expertos apuntan que Venezuela es un caso aparte, cuyas previsiones del PIB para este año van desde una caída de 20% hasta el 35%, por lo que el margen de seguir empeorando por la tensión mundial no es tan elevado.

Sin embargo, la situación fiscal y de deuda de Argentina, que se suma a sus fuertes problemas económicos y de incertidumbre política, ponen al país en el mapa de los que sufrirían el mayor golpe. “Las perspectivas de crecimiento de Argentina dependerán en gran medida de su política interna, de la dirección del dólar estadounidense y de las negociaciones con el FMI y los titulares de deuda. El principal desafío será recuperar la confianza de y atraer capital extranjero”, considera Hovasse.

Brasil, aunque lleva todo el año mostrando una débil recuperación económica, no se espera que pueda entrar en recesión, según los expertos de la región.

Y, para Colombia, Daniel Velandia, director de estudios económicos de Credicorp Capital, apunta que “hoy en día ya podemos ver que el precio del dólar tan alto realmente refleja el temor de los inversionistas a que una mayor desaceleración tenga un gran impacto potencial en el país, y pone de relieve los problemas estructurales que tenemos, como los déficits en cuenta corriente y fiscal. Esto es porque en caso de un peor contexto externo, habría una caída de los precios de los commodities, al tiempo que se podría ver un menor volumen en exportaciones, principalmente a EE. UU. Con todo, lo cierto es que Colombia sí que sentiría un efecto importante, pues tendríamos un deterioro más profundo de la cuenta corriente y esa consolidación fiscal se pospondría”.

(Desaceleración global le costaría 284,71 dólares a cada colombiano). 


Pese a todo esto, y los problemas que podría enfrentar cada uno de los países que componen Latinoamérica, lo cierto es que no se espera una contracción generalizada. “Es poco probable que tengamos una recesión en América Latina en su conjunto. Es cierto que el crecimiento será muy modesto, pero positivo (por debajo del 1% en 2019 y cercano al 1,5% en 2020), con algunos países que sí atraviesan una recesión”, dice Ruiz, de BBVA.

De igual forma, Monzón de Itaú afirma que “de cara al 2020, se presentaría un ritmo más lento de crecimiento global, particularmente de Estados Unidos y China. Sin embargo, el estímulo monetario en Latinoamérica, en un escenario de relativa estabilidad de los precios de los commodities, darían la posibilidad de un crecimiento del 1,1%, donde destacaría la recuperación en Brasil y Chile”.

Precisamente, los analistas apuntan a ese mayor espacio para hacer políticas monetarias expansivas lo que podría ayudar a Latinoamérica a evitar la recesión.

En este sentido, en agosto, hubo recortes de tasas en México y Perú, mientras que el Banco Central de Chile redujo su indicador de política monetaria en 50pb por segunda vez este año a principios de septiembre. En Brasil, es probable que este mes se recorte la tasa 50 puntos básicos.

“Los países con mayor espacio para poder implementar reducciones de sus tipos de interés son probablemente México (donde la inflación está remitiendo y los tipos de interés reales son en este momento, altos) y en Perú (con cierta debilidad de la actividad económica en un contexto de inflación contenida).

Es por todo esto que, como explica el experto de Carmignac, “los inversionistas deberían ser prudentes y examinar los fundamentales de cada país y su dinámica interna por separado, dado que todos no dependen en la misma medida del ciclo económico mundial y no muestran perspectivas de crecimiento idénticas”.

FACTOR CHINA

A pesar de que la desaceleración de China juega un papel importante en los posibles choques que afecten a la región, los analistas también apuntan que podría ser también clave para una mejor situación.

“Resulta importante tener en cuenta que la ralentización de la economía China terminará por desencadenar un plan de infraestructuras que brindará apoyo a la demanda de metales del gigante asiático, lo que será favorable para los países latinoamericanos exportadores de materias primas”, dice Hovasse.

Esta idea la comparte Gandásegui, quien señala que “los observadores de la tendencia señalan que China puede ser una pieza importante en la búsqueda de una solución. Este país optó por privilegiar sus inversiones en su mercado interno, pero sigue siendo un inversionista en América latina y EE. UU. (además del resto del mundo). En el caso nuestro, sus recursos y compras pueden aliviar la situación. Con EE. UU. será más difícil considerando la guerra comercial de Trump contra los asiáticos como estrategia de vida o muerte”. 

GOLPE POR TENDENCIA DE CONSUMO 

Pablo Lacoste, profesor de estudios avanzados de la Universidad de Santiago de Chile, apunta a que entre las razones que explican la ralentización del crecimiento de la región se encuentran “la incertidumbre generada por el estilo de liderazgo de Trump, que desincentiva la inversión y, segundo, el cambio de mentalidad del consumidor con respecto a la crisis del calentamiento global. Las pautas de consumo están cambiando a medida que avanza la toma de conciencia. Las campañas publicitarias de las firmas, orientadas a promover entre sus clientes la conducta de ‘comprar-usar-tirar-comprar’, parece haber superado sus líneas máximas, para ingresar en un ciclo a la baja. Las nuevas generaciones tienden a ver negativas las conductas del sobre consumo, y poco a poco, está avanzando una cultura más sensible con relación a los valores ambientales, de allí se comienzan a desprender sensibilidades”.

Rubén López Pérez

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