‘Salir de la crisis requiere cambio radical en modelos de desarrollo’

Según Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Cepal, hay que asumir que la globalización no ha funcionado como se esperaba.

Alicia Bárcena

Alicia Bárcena, secretaria general de la Cepal.

EFE

POR:
Rubén López Pérez
agosto 24 de 2020 - 10:00 p. m.
2020-08-24

La globalización no ha funcionado como se esperaba, el comercio internacional por sí solo no puede ser un modelo de desarrollo, la confianza en las instituciones públicas está en el nivel más bajo en décadas y urge, más que nunca, diversificar la estructura productiva de América Latina.

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En definitiva, como apunta Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Cepal, para salir de esta crisis hay que generar un cambio radical en los modelos de desarrollo que tiene Latinoamérica para avanzar.

(Lea: Economía de la región no se activará sin controlar el coronavirus)

¿Ven posibilidades de que la situación siga empeorando?

Todavía no se sabe cuánto durará la crisis ni su impacto final. Las estimaciones preveían que el crecimiento mundial disminuiría al 1% o menos, pero a medida que la pandemia se extendió, fue peor. Y lo mismo con la región. La Cepal inició estimando una contracción de 1,8%, que luego se incrementó a 5,3% y ahora al 9,1%. Para Colombia esperábamos una baja de 2,6%, y ahora de 5,6%.Cuanto más rápida sea la respuesta, menor será el efecto negativo.

¿Cómo valoran las respuestas que han ejecutado los países?

La Cepal reconoce los esfuerzos en materia de política fiscal y monetaria. Los paquetes, en promedio, equivalen al 3,9% del PIB de América Latina, y van desde 0,7% y el 10%. Las diferentes magnitudes derivan de las características de cada país, las capacidades de sus sistemas de salud y redes de protección social, así como la estructura de sus economías y sus capacidades de financiamiento.

El caso de Colombia es interesante, ya que el esfuerzo fiscal es de 2,5% del PIB, pero además se han anunciado instrumentos de transparencia y rendición de cuentas. Esto refuerza la confianza y la eficacia de la gestión.

Y en política monetaria, debemos rescatar que la inflación está en cifras históricamente bajas, lo que da espacio para políticas monetarias expansivas.

¿Qué tan grande será el impacto social de la crisis?

Las proyecciones indican que la región está frente a una década perdida. Dado que los indicadores de empleo ya muestran un deterioro, y tomando en cuenta las nuevas proyecciones, se espera que la tasa de desocupación regional se ubique en 13,5% al cierre de 2020, una revisión al alza de 2 pps frente a la previsión de abril, y de 5,4 pps respecto a 2019.

El número de desocupados llegaría a 44,1 millones, es decir, un aumento de 18 millones.
En cuanto a la pobreza, la Cepal proyecta que el número de personas se incrementará en 45,4 millones en 2020, por lo que pasaría de 185,5 millones en 2019 a 230,9 millones en 2020, cifra que representa el 37,3% de la población. En Colombia pasaría de 29% a 34,1%.
La pobreza extrema subiría en 28,5 millones, de 67,7 millones a 96,2 millones de personas en 2020, el 15,5% de la población. En el país, pasaría de 10,3% a 14,3%.

La desigualdad empeorará en todos los países. Frente a este contexto de pauperización social, el Estado debe asumir un rol preponderante, lo cual requiere de capacidades y recursos públicos, e instrumentos que deben diseñarse en línea con las capacidades de cada país, buscando preservar las capacidades instaladas.

¿Cuáles cree que son las prioridades en la región?

Salir de la crisis requiere un cambio radical en los modelos de desarrollo. Además de temas de urgencia como una política fiscal expansiva, usar medidas no convencionales y avanzar en el tema digital, la pandemia agravó las brechas sociales y sanitarias, mostrando los altos costos de los servicios públicos básicos y la falta de protección social, por eso también debe ser prioridad el acceso universal al agua potable, la salud y la seguridad alimentaria.

Para la reconstrucción, la Cepal ha identificado sectores que podrían cambiar la estructura productiva con más inclusión y empleo: las energías renovables, la electrificación de la movilidad urbana, la universalización de la digitalización, la agropecuaria con bajas emisiones de carbono y el impulso a la economía circular.

Antes de la pandemia, la estructura productiva ya mostraba una gran heterogeneidad que limitaba seriamente sus posibilidades de desarrollo económico. Por ello, es urgente proponer políticas para mitigar la destrucción de capacidades, sin dejar de lado la necesidad de un aumento del empleo y de la productividad.

En síntesis, uno de los principales retos, y a su vez una oportunidad, es discutir cuál y cómo debe implementarse una nueva estrategia de crecimiento y desarrollo. En dicha estrategia, el crecimiento será esencial, pero la igualdad debería ser la máxima prioridad.

¿Cómo ve a Colombia para enfrentar la crisis?

En los últimos 20 años el crecimiento de América Latina se ha dado sobre todo a través de la incorporación de empleo, pero el desempeño de Colombia ha sido mejor que el promedio.

Por ejemplo, el crecimiento se ha debido en un 50,4% a la productividad y 49,6% a la incorporación de empleo, mientras que el promedio de la región ha sido 19,5% por productividad, y 80,5% a la incorporación de empleo.

A su vez, Colombia en los últimos años ha aumentado su productividad relativa con respecto a EE. UU., la que aumentó de 23,8% a 25,6% de 2010 a 2019.

Para seguir en la senda de desarrollo, creemos necesario: la reorganización de la producción, que llevará a una aceleración en la incorporación de tecnologías; cambios en los modelos de negocios; una respuesta en eficiencia energética, Big Data e Internet de las cosas; pensar en un proceso de transformación productiva, y ante una economía mundial incierta, se debe apostar por profundizar la integración regional.

¿Le preocupan más ciclos de descontento en la región?

La confianza en las instituciones políticas se encuentra en el nivel más bajo en décadas, y la pérdida de confianza en la democracia será más grave si los gobiernos no dan una respuesta adecuada a la pandemia. Esto se combinará con una profundización de la crisis geopolítica y la redistribución del poder económico, político y militar entre las naciones líderes.

El resurgimiento de la extrema derecha y aislacionistas es el resultado de la pérdida de confianza en el multilateralismo y los proyectos de integración o los acuerdos comerciales. El racismo y la xenofobia son otra expresión de esto.

Esta situación llama a afrontar el hecho de que la globalización no ha funcionado como se suponía y que es necesario reformarla profundamente. Por lo que es necesario contener y regular el desacoplamiento de los mercados financieros y la economía real, reconocer que el comercio internacional, por sí solo, no es un motor de crecimiento a largo plazo, impulsar políticas de diversificación hacia industrias más avanzadas y abordar las desigualdades entre los países y grupos sociales.

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