Turbulencia, el sinónimo de los 100 días de Bolsonaro

El incremento de la violencia a manos de las autoridades y los nulos intentos por aplacar la polarización, marcan el inicio de su Gobierno.

Bolsonaro

Jair Bolsonaro asumió como presidente de Brasil el pasado 1 de enero.

AFP/Evaristo Sa.

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abril 04 de 2019 - 10:10 p.m.
2019-04-04

Jair Bolsonaro está, para muchos, ejecutando el tipo de gobierno que se le había anticipado cuando ganó las elecciones presidenciales de Brasil el año pasado. Tanto así que al evaluar los casi 100 días que lleva en el poder de la principal economía de Latinoamérica, que ocupa desde el 1 de enero, la palabra turbulencia aparece casi como un sinónimo.

Sumado a sus continuas y polémicas intervenciones en redes sociales que le hacen merecedor de su autoproclamada etiqueta de “el Trump del trópico”. Bajo el mando de Bolsonaro se ha disparado la violencia policial, se han agravado los gestos de odio hacia minorías sociales y se ha mantenido intacta la confrontación de la campaña electoral.

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“El inicio del Gobierno Bolsonaro es confuso y turbulento, con una fuerte sensación de que el Presidente y sus hijos concentran sus esfuerzos en guerras culturales sobre sexualidad, ideología y conflictos izquierda/derecha, con menos atención de lo necesario a temas económicos. El Gobierno sigue con la tensión y polarización, sin que haya un intento de cambiar y generar estabilidad”, afirma Maurício Santoro, profesor de ciencias políticas de la Universidad del Estado de Río de Janeiro (UERJ).

Quizá, el aspecto de la delincuencia sea el más llamativo, pues aunque una de sus principales promesas de campaña fue reducir los altos niveles que sufre el país, las cifras no indican una mejora. Hoy en día muere un joven cada sesenta minutos por armas de fuego en Brasil, según un estudio de la Sociedad Brasileña de Pediatría. De igual forma, se superó recientemente la barrera de 30 homicidios/100.000 habitantes.

En este sentido, el Presidente adoptó dos medidas: permitir que los civiles tengan armas (en casa) e indultar a los policías que generen muertes “por miedo”.

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Tras esta medida, por ejemplo, en Río de Janeiro en febrero se llevó a cabo una operación en la que murieron 13 jóvenes, según la Defensoría Pública del estado, “fueron fusilados”.

“Si un policía mata a diez, quince o veinte (delincuentes) con diez o treinta tiros a cada uno tiene que ser condecorado y no procesado”, aseguró Bolsonaro en campaña electoral.

“En la práctica, esta medida instaura la pena de muerte en Brasil. O peor, una pena de muerte que prescinde de juicio. Y esto es más grave en el país que, sabidamente, es uno de los campeones mundiales de la brutalidad policial y, de hecho, las víctimas de la brutalidad policial letal corresponden al 31,18% del conjunto de las muertes violentas intencionales solo en Río de Janeiro, que totalizaron en 5.414”, señala el antropólogo y politólogo brasileño, Luiz Eduardo Soares.

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TAREAS PENDIENTES EN LA ECONOMÍA

Que el Gobierno de Bolsonaro iba a ser conflictivo era algo en lo que coincidían todos los expertos, al igual que lo hacían en cuanto al mayor optimismo económico. Sin embargo, aunque la economía sigue en la senda de la recuperación, los expertos dicen que aún tiene tareas pendientes.

Ayer mismo, el Banco Mundial actualizó sus previsiones de crecimiento económico para Brasil y rebajó sus estimaciones en 2019 hasta 2,2%, un dato sin embargo mucho más positivo que la recesión que registró entre 2015 y 2016. Citi, por su parte, también bajó ayer su previsión hasta 1,8%.

“La actividad económica brasileña no presentó señales de aceleración al inicio de este año. Los indicadores de confianza, aunque están en una tendencia de recuperación, presentaron fuertes caídas en todos los sectores en marzo. En la actualidad, nuestra previsión de crecimiento del PIB es de 2% para 2019, con sesgo a la baja, y de 2,7% para 2020, y sigue condicionado a los avances en la agenda de reformas”, resalta Mario Mesquita, economista jefe de Itaú Unibanco.

Precisamente, la entrada en el Gobierno del reputado economista, considerado ultraliberal, Paulo Guedes, generó un optimismo en los mercados que aún se mantiene, como se puede ver en que el índice Bovespa de Sao Paulo haya crecido un 9,6% en lo que va de año, desde 87.887 puntos, a los 96.313 actuales.

El desempleo escaló en febrero hasta el 12,4% y el déficit público cayó en los dos primeros meses.

Pero, sin duda, la reforma de la jubilación es la principal tarea pendiente del Gobierno de Bolsonaro, la cual aún no logra avances. Como indica Monica Arruda de Almeida, profesora del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Georgetown, “En el frente económico, la tarea más importante de la administración ha sido convencer al Congreso para que apruebe algún tipo de reforma de pensiones. El sistema de Brasil es insostenible, pues la diferencia entre las contribuciones y el pago de prestaciones representa un déficit de 2,5% del PIB”.

Pero, como recuerda Santoro, “su partido controla sólo 10% de las sillas de la Cámara de los Diputados. Es decir: sin diálogo, sin concertación, no hay reforma de las pensiones”.

Eso sí, Mésquita afirma que ésta no es la única tarea pendiente. “Con el objetivo de permitir que, además de sustentable, la recuperación de la actividad económica sea robusta, la atención del Gobierno también debe enfocarse en la implementación de otros ajustes, como la simplificación tributaria, las privatizaciones, la desburocratización y la apertura comercial”.

Eso sí, Almeida agrega que “la administración está llevando a cabo otras reformas que no necesitan la aprobación del Congreso.
Su objetivo es hacer que Brasil sea más amigable para los negocios al reducir la burocracia y el costo de hacer negocios. Estos son cambios que no aparecen en las noticias, pero pueden tener un efecto muy positivo en la inversión e incluso en el mercado laboral”, afirmó.

Rubén López Pérez

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