Una visión distópica inspira el renacer de Japón

La sombría profecía de Neo Tokio presentada por una clásica película de anime se ha convertido en la base para vender los Juegos Olímpicos.

Tokio

La emisora estatal de Japón eligió a la película Akira como una referencia cultural que servirá de base para una serie de documentales sobre la planificación urbana en Tokio.

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Portafolio
febrero 15 de 2019 - 08:40 p.m.
2019-02-15

En los primeros segundos de Akira (aclamada película post-apocalíptica japonesa), la cámara del animador retrocede para mostrar a Tokio como se veía cuando se filmó en 1988. La imagen es urbana, hermosa, verde, y tan detallada que puedo distinguir el sitio donde se encuentra mi apartamento actualmente. Entonces una luz blanca cegadora envuelve la escena.

En el siguiente cuadro, descubrimos el lugar donde se desarrollará la acción de la seminal película de animé de Katsuhiro Otomo: Neo Tokio en 2019 es un tumor abultado de rascacielos, industria pesada y viaductos que hacen metástasis sobre las cenizas de una ciudad destruida en una guerra. Proliferan las batallas sangrientas entre las pandillas, la pobreza, los disturbios y la corrupción. El Tokio de Akira ha establecido el estándar para las visiones animadas de un futuro distópico que pocos han podido igualar.

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Teniendo esto en cuenta, parece extraño que NHK, la emisora estatal de Japón, haya elegido a la película como una referencia cultural que servirá de base para una serie de documentales sobre la planificación urbana de vanguardia en Tokio, conforme el país comienza un período de preparación de 18 meses para los Juegos Olímpicos de 2020. ¿Seguramente debe haber mejores maneras de mostrar esta ciudad contemporánea de paz, infraestructura eficiente, limpieza y sofisticación que recordando una pesadilla cáustica y posapocalíptica?

Aun así, tal vez puedes ver por qué NHK quiso establecer ese vínculo. Este año, el 2019, no sólo es el mismo año en el que se desarrolla la historia en la película de Akira, sino que, notablemente, una gran parte de la película se centra en el hecho de que Neo Tokio se está preparando para ser la sede de los Juegos Olímpicos.

Los muchos fanáticos de Akira adoran la idea de que su creador tuvo la perspicacia para predecir estos acontecimientos. Y la película desempeñó un papel clave en la creación de la marca Japón cool, que sigue promoviendo la cultura pop japonesa y colocó su animación en un escenario global. Incluso ha sido un catalizador para que los extranjeros (incluyéndome a mí) desarrollen relaciones largas con Japón.

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Es una deliciosa reivindicación del trabajo de Otomo que la influencia de la película siga teniendo tanta importancia en un año que alguna vez representó el futuro lejano.

Pero hay algo más sutil en la decisión de NHK de vincular las imágenes de Akira con su documental sobre la construcción moderna y la transformación de la capital de Japón. El título de la serie, cuyos episodios se extenderán durante más de un año, y en cuya producción estuvo involucrado el propio Otomo, es Tokyo Reborn (Tokio Renace).

El mensaje es que algo más fundamental le ha sucedido a la ciudad en los últimos años que la mera construcción evolutiva de nuevos edificios, ferrocarriles subterráneos y el traslado del mercado de pescado Tsukiji a nuevos locales. El mensaje es que Tokio ha superado el trauma y se ha recuperado.

El segundo episodio de Tokyo Reborn, que se transmitió el domingo pasado, destaca las fenomenales celosías de los túneles subterráneos sobre los que se asienta la ciudad: carreteras, ferrocarriles, infraestructura tecnológica y otros tentáculos subterráneos que parecen existir en desafío ante la geología de arena y agua de Tokio y la amenaza constante de los terremotos. Las imágenes incluyeron escabrosas escenas del trabajo que se está realizando en los túneles que se está llevando a cabo justo debajo de mis pies y cómo se evitó un desastre cuando la maquinaria y sus operadores bastante mayores giraron en la dirección equivocada.

La narrativa alimenta la idea de un avivamiento frente a la adversidad. Uno de los desafíos que enfrenta Tokio conforme se prepara para los Juegos Olímpicos es igualar la última vez que organizó los juegos en 1964. El desafío no es práctico (el evento probablemente se realizará perfectamente) sino temático.

Los juegos de 1964 fueron impulsados por la necesidad de demostrar que Tokio no sólo se había reconstruido después de la destrucción infligida por los bombardeos estadounidenses en la Segunda Guerra Mundial, sino que Japón tenía una capacidad casi sobrenatural para efectuar tal renacimiento. Otomo estaba satirizando esa convicción en Akira: imaginando la próxima destrucción de Tokio debido a una guerra y la ciudad que, inevitablemente, surgiría de sus cenizas.

En la vida real, la capital se salvó de tal Armagedón en 1988 pero, un año después, el colapso de la burbuja financiera más grande de la historia dañó terriblemente a Japón en el primer asalto y luego drenó a la nación durante décadas como un largo asedio medieval. El auge de la construcción actual en el centro de Tokio, tanto sobre la tierra como debajo de ella, gran parte del cual no tiene nada que ver con los Juegos Olímpicos, se está presentando como el renacimiento de una ciudad que se ha esforzado durante 30 años para lograr un segundo resurgimiento.

Leo Lewis

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