Horacio Ayala Vela
Columnista

La doble moral

La creación de empresas fantasmas en paraísos fiscales no difiere de la formación de sociedades de fachada en el país.

Horacio Ayala Vela
POR:
Horacio Ayala Vela
febrero 05 de 2020
2020-02-05 10:00 p.m.
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El ánimo de enriquecimiento rápido ha venido minando el comportamiento de las personas y las buenas costumbres. Aunque no podría decirse que el fenómeno es reciente, sin duda existen circunstancias nuevas que lo han acelerado a una velocidad insospechada. Ejemplos claros de estos disparadores se advierten en la proliferación y apreciación comercial de los estupefacientes y más recientemente en los sorprendentes desarrollos y comercialización de la tecnología.

En el primer caso, gracias a algunos “héroes” nacionales, popularizados por diferentes medios de comunicación, nuestro país aparece como el culpable del narcotráfico. ¿Y los consumidores? Algunas noticias internacionales anuncian sin sonrojo el fallecimiento de figuras populares de la farándula, a causa de sobredosis. Somos el país del narcotráfico, pero a la vez una jugosa fuente de ingresos para las películas y las series sobre este fenómeno y la violencia. Hay que vender, es la doble moral.

Los ingenieros de la Universidad de California no imaginaron que el descubrimiento del transistor amplificador de germanio daría un giro total a las comunicaciones.

El beneficio, sin duda, ha sido enorme para toda la sociedad, desde el punto de vista de la efectividad y la velocidad de las comunicaciones, a la vez que incalculable, económicamente hablando, para un grupo reducido de multimillonarios.

Por desgracia, la tecnología también ha permitido agilizar y diversificar la comisión de delitos económicos, desde los robos y suplantaciones de las cuentas, hasta la creación de figuras ficticias para esquilmar a los incautos y defraudar al fisco.

La creación de empresas fantasmas en paraísos fiscales no difiere de la formación de sociedades de fachada en el país. Con estas y otras fórmulas simplistas, se ha intentado soslayar la ética, la moral y las buenas costumbres, que parecen conceptos mandados a recoger.

Alguien, sin duda muy creativo, inventó una plataforma virtual para pedir los taxis, en vez de la acostumbrada llamada telefónica. Con ese instrumento, en Colombia reclutaron conductores con vehículos privados y los llevaron a prestar el servicio de transporte de pasajeros; un servicio público, violando flagrantemente las normas existentes. Normas que buscan proteger a los ciudadanos.

Como dijo la Corte Constitucional en 2005: “Según lo dispuesto por el legislador, tal servicio se prestará bajo la regulación del Estado, e implicará la prelación del interés general sobre el particular, en especial para garantizar la prestación eficiente del servicio y la protección de los usuarios”. Además, es elemental que, frente a la Ley, debe existir igualdad de condiciones para los conductores.

Después de permanecer varios años violando las normas, cuando el Estado trata de hacerlas cumplir, estos modernos empresarios se rasgan las vestiduras, intentando hacer aparecer su jugoso negocio como una obra de caridad para los conductores desposeídos, que aparentemente estaban sufriendo de inanición antes que llegara la plataforma salvadora.

Como si fuera poco, proponen medidas totalmente absurdas y violatorias hasta de la propia Constitución, y pagan despliegues publicitarios utilizando a sus humildes protegidos, que ruegan al Gobierno la violación de las leyes, para calmar su apetito y el apetito voraz de sus salvadores. Es la doble moral.

Horacio Ayala Vela
Consultor privado
horacio.ayalav@outlook.com

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