Rodolfo Segovia S.

La madre de todas las desigualdades

No basta simplemente crecer, porque el desempleo y el subempleo son la madre de todas las desigualdades.

Rodolfo Segovia S.
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Rodolfo Segovia S.
julio 15 de 2021
2021-07-15 08:24 p. m.
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Los estudiosos retuercen explicaciones; es su naturaleza. Observan, cotejan, concluyen. Y luego, se cobijan bajo imponderables y externalidades. La excusas no valen. Lo que cuenta son los resultados. Colombia haría bien en reconocer que el desempleo y sobre todo el subempleo (50% de la fuerza laboral) son la madre de todas las desigualdades. Entenderlo es paso esencial para corregirlas.

Y, por supuesto, a la gente hay que formarla para producir, para que se gane la vida en la disciplina y la decencia, que es todo lo contrario de lo que consigue o desea Fecode, que es uno de los obstáculos para mermar la desigualdad. Como lo son en Colombia organizaciones sindicales que capturan rentas según su poder de negociación, creando desigualdades, p. e. la USO.

Otros sectores de la economía contribuyen a la desigualdad. La característica oligopólica del sector financiero succiona recursos de los débiles, sobre quienes recaen desorbitados márgenes de intermediación. Hay que aplaudirle, sin embargo, el exitoso esfuerzo por bancarizar al país, que ayuda a reducir la desigualdad. Pero más se lograría con establecer máximos en el porcentaje de mercado al que puede aspirar cualquier grupo, para así estimular el número de participantes y con ello la competencia.

Al fin de cuentas, empero, es la política económica la que determina el camino hacia reducir la desigualdad. Su senda neoliberal en los últimos 30 años ha sido muy buena para de la estabilidad macro, pero una frustración para la estabilidad social. Políticas que dejan por fuera la mitad de la población, así la otra mitad prospere, son un fracaso.

Han profundizado el desempleo, o por lo menos el subempleo, que significa informalidad el alejarse de un empleo digno en la potencialidad del ser. Y al dejarlo casi todo a las tendencias mundiales del mercado, han fomentado la desigualdad.

Las consecuencias han sido profundamente desestabilizantes, con una generación sumida, desde antes de la pandemia, en la desesperanza, y que, en su margen extremo, ha ido a engrosar la primera línea. Las fuerzas del mercado, poderosas para estimular el uso eficaz de los recursos, lo son menos para evitar extremos de desigualdad. Ellas, sumadas a la apertura comercial sin salvaguardias (profundizada por los TLCs), han traído consigo la madre de todas las desigualdades: el rebusque.

En tiempos de don Sancho Jimeno, héroe de Cartagena en 1697, el templete para el empleo digno era la esclavitud. Se compraban o se vendían negros según la demanda para oficios serviles. No se recomienda replicar este método. En cambio, sí son indispensables políticas que incorporen la industria, los servicios y el campo a la creación de empleo digno y productivo como propósito nacional, sin olvidar que no hay empleo sin empresarios. Y sin que eso se confine al mercado nacional. El proteccionismo sin plan es tan dañino como la apertura indiscriminada. No basta simplemente crecer, porque el desempleo y el subempleo son la madre de todas las desigualdades.

RODOLFO SEGOVIA S.
Exministro e historiador

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