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La misión para internacionalizar

El Gobierno Nacional debe decidir a qué ciudades apostarle en coordinación con los líderes locales y en desmedro de otras ciudades.

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agosto 11 de 2021
2021-08-11 03:04 a. m.
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Después de un año de trabajo, la Misión de Internacionalización presentó sus recomendaciones en una reunión en la Casa de Nariño el lunes 9 de agosto. La Misión no dijo casi nada nuevo, aunque sí algunas cosas importantes que adquieren peso cuando las dicen autoridades académicas internacionales. Me llamó la atención la ‘exhortación’ a que las grandes empresas hagan planes de internacionalización en busca de nuevas ideas, tecnologías y productos con miras a volverse más sofisticadas. Esos planes deberían ser el paso previo para entablar un diálogo con el gobierno, para identificar los obstáculos a la internacionalización y luego trabajar conjuntamente en removerlos. 

También me gustó la idea de que ciertos beneficios tributarios estén enfocados en las empresas que estén comprometidas con la internacionalización. En particular, los beneficios de las zonas francas, que hoy se conceden incluso a individuos, y que son uno de los mayores esperpentos del régimen tributario.

En su presentación de las recomendaciones de la Misión, Ricardo Hausmann pidió al Presidente que asumiera el liderazgo de la internacionalización. Quizás lo dijo por cortesía, o como una crítica encubierta, no lo sé. Lo que sí sé es que por ahí no va a ser la cosa. Quizás la Vicepresidenta, que también estaba presente, tenga más posibilidades en esa tarea, no solo por su cargo actual como Canciller, sino además por su extensa experiencia en los asuntos de competitividad.

Yo hubiera esperado que, en lugar de pedirle liderazgo al presidente, Hausmann destacara el papel que pueden jugar los gobiernos de las grandes ciudades en el proceso de internacionalización. Precisamente, Marta Lucía Ramírez fue líder de este asunto en el pasado, y con muy buen sentido porque las ciudades son los focos de interacción y de colaboración entre las empresas, los trabajadores, los centros de conocimiento y los trabajadores. Las políticas de formación laboral, entrenamiento y atracción de talento (nacional e internacional) tienen más sentido cuando se piensan desde y para las ciudades, no el país. Medellín es un ejemplo del papel que pueden jugar las élites locales en la internacionalización.

Un excelente caso de estudio es Argos, que en pocos años dejó de ser una empresa cementera nacional que solo vendía paquetes de cemento para convertirse en una transnacional innovadora en productos, servicios e investigación científica. Esto fue el resultado de un ambicioso plan de internacionalización que difícilmente hubiera ocurrido si esta empresa no hubiera desarrollado su cultura dentro del Grupo Empresarial Antioqueño y en interacción continua con las instituciones locales.

Los colombianos estamos demasiado acostumbrados a ver al Gobierno Nacional como la autoridad máxima en todas las materias económicas, incluyendo la generación de empleo formal, la capacitación laboral y la internacionalización. No deberíamos, ya que, para ser efectivo, el Gobierno Nacional requiere no sólo el liderazgo que reclama Hausmann, sino algo más difícil: que pueda decidir a qué ciudades apostarle en coordinación con los líderes locales y en desmedro de otras ciudades. Uno de los pocos presidentes que tuvo esto claro fue Belisario Betancur, quien le apostó a Medellín. Pero el sistema político actual difícilmente aceptaría preferencias tan obvias, y con buenas razones.

EDUARDO LORA
Economista

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