Luis Felipe Sáenz
Columnista

Largo plazo improductivo

Compitiendo es como las empresas adoptan tecnología de punta, ideas nuevas, toman riesgos, se inventan formas de hacer las cosas mejor.

Luis Felipe Sáenz
POR:
Luis Felipe Sáenz
diciembre 03 de 2020
2020-12-03 08:00 p. m.
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La caída en productividad que se observa en varios países del mundo, incluido Colombia, es un tema de preocupación para muchos analistas y políticos que acertadamente ubican este tema en el corazón del desarrollo económico.

Lamentablemente esta preocupación no es pasajera. Existe evidencia y alarmante que ilustra que la productividad agregada tiene una tendencia natural a desacelerarse incluso en mercados sin distorsiones. Esta idea la introdujo William Baumol en 1967, y se conoce como la enfermedad de costos de Baumol.

La enfermedad es el diagnóstico de una economía que llega a un equilibrio de baja productividad en la medida en que los trabajos migran con el paso del tiempo a sectores cada vez menos productivos.

Esto se ve claro en el auge de servicios que por su naturaleza no tienen el crecimiento en productividad laboral que se ve en la producción de bienes. El producto de un trabajador agrícola puede crecer fuertemente con mejores semillas, tractores y sistemas de riego. Un confeccionador de camisetas puede también lograr ganancias sustanciales con nueva logística y automatización.

Sin embargo, pensar en incrementos sustanciales y sostenidos en la productividad de un mesero, un profesor de música, o una venta de arepas no es trivial, y en la economía cada vez hay más restaurantes, salones y parrillas de arepas en la esquina.

Como consecuencia del desarrollo, la caída de la productividad no se debe a una conspiración entre economistas bien intencionados, pero mal informados, junto a políticos oportunistas generando distorsiones.

Por supuesto, bajo distorsiones los resultados de equilibrio distan de ser óptimos, pero aún dejando de lado estos serios problemas, pensar en crecimientos de la productividad del orden del 3% en servicios es optimista. Si a este 3% se multiplica el creciente papel que juegan los servicios en la economía, la caída es la productividad agregada es una conjetura obvia e incomoda.

Un agravante al diagnóstico es el papel de la informalidad, predominante en muchos servicios, en donde muchos negocios operan con unos márgenes en donde la formalidad es una condena a la inexistencia.

Sin embargo, más que un problema, la informalidad es justamente ese ajuste institucional de facto pro-supervivencia en una economía sobre-regulada y sin capacidad de hacer cumplir la ley. Mientras se siga pensando de forma punitiva la informalidad, ésta será una carga mayor para el sector formal al que le cae todo el recaudo y la política social a sus cuestas.

El detonante mayor de la baja productividad no son las regulaciones de mercados de insumos (capital, trabajo) sino falta de competencia entre empresas. En Colombia nos sobran regulaciones que protegen rentas bloqueando entrada de competidores a punta de tramitología y juego sucio.

Sé que suena a semántica, pero para descubrir la competitividad y aprender a competir, hay que competir, valga la redundancia. Compitiendo es como las empresas adoptan tecnología de punta, ideas nuevas, toman riesgos, se inventan formas de hacer las cosas mejor, y traen a sus filas a los primos cercanos de lo que llamamos productividad. Hay espacio para hacer mejor las cosas aún bajo la lúgubre visión de Baumol.

Luis Felipe Sáenz

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