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La cultura del teletrabajo: Una red compleja de preferencias

Hay quienes hoy condicionan su vínculo laboral a la continuidad de la virtualidad en su entorno de trabajo, un punto para reflexionar en las empresas.

Teletrabajo

Un estudio de más de 50.000 colaboradores encontró que el el 60 % prefiere trabajar de manera remota por tres días o más a la semana.

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diciembre 16 de 2021 - 12:00 a. m.
2021-12-16

En el mundo, las organizaciones se están planteando volver a las oficinas. Lo que habría sido algo que, en un primer momento, solo implica logística, se convirtió en un desafío mayúsculo debido a los muchos paradigmas que fueron cuestionados: ya no es evidente que las oficinas sean imprescindibles, o que los colaboradores deban cumplir jornadas que comienzan y terminan a una hora determinada, o que todos deban concurrir de manera simultánea.

Como si esto fuese poco, adicionalmente se tiene una petición muy generalizada: muchos colaboradores, en función de su labor, manifiestan que preferirían que el teletrabajo fuese la modalidad más frecuente e, incluso, condicionan la continuidad de su vínculo laboral a la aceptación de su organización de tal preferencia. De una práctica muy limitada brotó, en muy corto tiempo, un verdadero tsunami que, tal vez, nadie tiene completamente resuelto. Y esto no está motivado exclusivamente en el impacto del transporte en la jornada laboral del colaborador. Los cambios en los estilos de vida han provocado que las personas transformen la manera en la que se relacionan con el trabajo, lo que los lleva a cuestionarse de forma intensa y frecuente sobre aspectos esenciales en relación con este: ¿cuál es el sentido del trabajo para mí? ¿Cómo se compagina este trabajo con mi proyecto de vida? ¿Son admisibles los costos que me plantea el trabajo? Si mi trabajo lo puedo efectuar con un impacto en mi vida sustancialmente más bajo, ¿por qué debería asumir un costo perfectamente evitable?

Si estas preguntas se las hace un colaborador, vaya y venga. Sin embargo, en muchas organizaciones estas preguntas están en gran parte de su fuerza laboral, incluso sus líderes. Por supuesto, un asunto tan complejo no admite respuestas simplistas. Cada organización debe promover su propia reflexión a partir de las opiniones de los colaboradores; sería un error garrafal creer que ellos son “convidados de piedra” que se limitarán a acatar lo que determine la organización.

Si algún momento demanda escuchar con atención, es este. Para poner en contexto la opinión de los colaboradores, podría ser útil saber que se ha estimado que el 19 % de las organizaciones en el mundo funcionan de manera 100 % remota (Findstack, 2021), que el trabajo híbrido es una modalidad utilizada desde el inicio de la pandemia por aproximadamente el 52 % de los colaboradores formales a nivel global, al menos periódicamente (Owl Labs, 2021), y que en Latinoamérica (cifras con corte a finales de 2020) se estima que entre el 20 % y el 30% de los colaboradores de la región se encontraban trabajando de manera remota, cuando antes del 2020 este porcentaje era sólo el 3 % (OIT, 2021).

El caso colombiano

En un estudio basado en la opinión de más de 50.000 colaboradores, Great Place to Work® encontró que el 70 % se encuentra trabajando desde casa o en la modalidad de alternancia y el 60 % prefiere hacerlo de manera remota por tres días o más a la semana.

La ciudad principal donde vive la mayor cantidad de colaboradores que no desearían trabajar de manera remota, si así pudieran elegirlo, es en Bucaramanga, con el 26 % de la fuerza laboral. El escalafón también lo componen Barranquilla y Cali con 21 % y 17%, respectivamente.

De acuerdo con una investigación del Ministerio de Tecnologías de la Información y Comunicaciones, a finales del año 2020 al menos el 40 % de las organizaciones encuestadas estaban dispuestas a migrar hacia un modelo de trabajo que contemplara un componente de trabajo a distancia de manera permanente.

Las anteriores son cifras relevantes, sobre todo si se tiene en cuenta que, en el contexto colombiano prepandemia, aproximadamente el 60 % de las organizaciones tenían políticas restringidas o inexistentes acerca del teletrabajo (Terminal.io en Portafolio, 2020). Es apenas natural creer que el teletrabajo podría tener un impacto negativo en la capacidad para innovar de una organización, en la medida que muchas interacciones cotidianas alimentan la curiosidad y los diálogos que derivan en oportunidades.

Por supuesto, si la conexión virtual se queda en la glorificación de su eficiencia, esta ganancia tendrá un costo muy elevado para el mediano y largo plazo de la organización. No obstante, si estos medios derivan en otro tipo de intercambios que antes no se tenían será posible restablecer y acrecentar ese flujo vital que se traduce en la creación de valor, el cual protege y fortalece la relevancia en el día de mañana.

Esto no deja de ser un reto fascinante; la mayor o menor habilidad de las organizaciones en resolverlo repercutirá en su competitividad e, incluso, en su viabilidad. Hace muchísimo tiempo, no teníamos tanto en juego como ahora.

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