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28 sept 2023 - 12:59 p. m.

¿Qué nos dicen las cifras de pobreza monetaria de 2022?

Gobierno debería recuperar la potencia de sus transferencias, y esto se hace rectificando las decisiones de cobertura y operación que tomó este año.

Pobreza en Colombia

Pobreza en Colombia

Jessika Rodríguez / Portafolio

POR:
roberto angulo

Las cifras de pobreza monetaria por lo general tienen dos niveles de lectura: como noticias, es decir, como la imagen actualizada de la pobreza; y como señales o presagios que permiten anticipar al futuro cercano. La semana pasada el Dane publicó los números de pobreza de 2022 y quiero destacar de ellos una noticia buena, una mala y un mal presagio.

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La noticia buena: la pobreza monetaria se redujo.

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La pobreza monetaria en Colombia, que mide el porcentaje de población con un ingreso percápita mensual por debajo de una línea de pobreza promedio de $396 mil, se redujo de manera contundente entre 2021 y 2022 al pasar de 39,7% a 36,6%. Cambio que significa 1,3 millones de personas menos en la pobreza.

La noticia mala: la pobreza extrema rural aumentó.

La mala noticia corre por cuenta de lo que le pasó a los últimos de a fila.

La pobreza extrema, es decir el porcentaje de población cuyo ingreso percápita mensual es inferior al costo de una canasta alimentaria que garantiza un mínimo nutricional (en promedio $198 mil por persona), se estancó al registrar un cambio no significativo de 13,7% a 13,8% en el total nacional.

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En la zona rural la mala noticia es aún peor, pues ahí la pobreza extrema aumentó de 21,6% a 23,3%, lo que significa que más de 207 mil personas, una población cercana a la de Riohacha, se desplomó por debajo de la línea de pobreza extrema.

El patrón de cambio en pobreza que muestran los datos de 2022 es el opuesto al que observamos en la crisis social de los tiempos de la pandemia: favorable en zonas urbanas -incluso más favorable conforme mayor es el grado de urbanización-, y desfavorable en la zona rural.

En el 2022 le llegó la mala hora a los últimos de la fila de la zona rural.

Pobreza monetaria

Pobreza monetaria

César Melgarejo / CEET

¿Qué pasó?

Lo primero que observamos fue un golpe generalizado de la inflación en contra del bienestar de los pobres en todos los dominios de análisis (la línea de pobreza promedio pasó de $351 mil a $396 mil), de tal forma que la suerte vino a estar dada por la manera en que las zonas urbanas y rurales contrarrestaron este golpe con crecimiento y mejoras distributivas.

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Las zonas urbanas en 2022 fueron máquinas de inclusión, las descomposiciones que presentó el Dane muestran que en las cabeceras el crecimiento y el cambio en la desigualdad operaron en favor de los pobres, compensando con creces el efecto de la inflación. Mientras que la inflación presionó el aumento de la pobreza urbana en 5,4 puntos porcentuales, el efecto crecimiento la redujo 7,6 p.p. y el cambio en la desigualdad le ayudó con 1,02 p.p. adicionales, para dejar un efecto neto de la reducción de la pobreza de 3,2 p.p. En la pobreza extrema urbana ocurrió algo similar, el efecto crecimiento, sumado a un efecto distributivo en favor de los pobres, logró conjurar el sablazo de la inflación.

Las zonas rurales no corrieron con la misma suerte, su respuesta a la inflación fue más débil, pues si bien creció el ingreso en los hogares rurales, la desigualdad en esta zona empeoró. Este patrón fue más marcado en la pobreza extrema rural, donde el efecto de la inflación y el aumento en la desigualdad no pudieron ser compensados por el crecimiento.

Esta imagen es compatible con los indicadores de mercado laboral de 2022, donde los sectores que más aportaron un aumento en la ocupación fueron aquellos que son propios de la aglomeración económica de las ciudades: actividades artísticas y de entretenimiento; manufactura y comercio. Y también con los de PIB 2022, que muestran que el único sector que decreció fue el agrícola (-1,9%).

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Un mal presagio: la pobreza extrema podría aumentar este año.

Pobreza

Pobreza

Carlos Durán / EFE

Las cifras de pobreza monetaria con todo y que tienen buenas noticias, las tenemos que leer como el periódico de ayer, y si además le sumamos a esta imagen algunas cosas que han pasado en 2023, empezamos a ver nubes grises en el cielo.

La inflación, aunque ha cedido respecto al 2022, seguirá siendo alta y con suerte la llevaremos a un dígito en 2023, el crecimiento, por su parte, entró este año en una fase de desaceleración que seguro le quitará potencia a la senda de reducción de pobreza.

Las ayudas monetarias, que en 2022 operaron de manera plena y tuvieron un aporte favorable de -4,2 puntos porcentuales al nivel de pobreza, en 2023 muy posiblemente están perdiendo potencia, pues la nueva estrategia -Transito a Renta Ciudadana- desmontó completamente Ingreso Solidario y, aunque elevó el monto de los beneficiarios de Familias en Acción, sacó de la cobertura de transferencias a más de 2,5 millones de hogares, entre ellos los hogares pobres y pobres extremos no beneficiarios de Familias en Acción.

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El grupo en riesgo con esta configuración de hechos es el de pobres extremos, en particular los de las zonas rurales, que son el grupo más desconectado de los beneficios de la urbanización.

¿Qué hacer?

Daría para otra columna, pero en breve: en lo que queda del año el gobierno debería recuperar la potencia de sus transferencias monetarias, y esto se hace rectificando las decisiones de cobertura y operación que tomó este año. No puede darse el lujo de perder ese amortiguador ni distraerse con subsidios en especie.

En el mediano y largo plazo, lo esencial: ingreso laboral. No hay mejor política social que esa. Con estimaciones de Inclusión SAS y del PNUD hemos observado que la mayor potencia del efecto crecimiento en la reducción de la pobreza coincide con aumentos en la productividad laboral del 40% más pobre de la población. Y la productividad, como todos sabemos, ocurre al interior del tejido empresarial.

ROBERTO ANGULO
​Socio fundador de Inclusión SAS
rangulo@inclusionsas.com

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