‘Nuestro sello está en la vivienda y otros usos’

El presidente de la constructora Arpro, José Carlos Matamala, cuenta cómo está la industria hoy y cómo salieron fortalecidos de las crisis. 

José Carlos Matamala, presidente de la constructora colombiana Arpro.

José Carlos Matamala, presidente de la constructora colombiana Arpro.

Archivo particular

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Portafolio
octubre 24 de 2018 - 07:46 p.m.
2018-10-24

De los proyectos industriales de los años 80 a la oferta de vivienda de bajo costo, muchos metros cuadrados ha sumado la constructora Arpro, que pasó de la alta demanda inmobiliaria a comienzos de los setenta, a una de las crisis más grandes para el sector, a finales de la década de los 90.

“Teníamos casi 50 empleados y nos quedamos solo con 8, y como éramos un jugador importante en la construcción de viviendas de estrato medio, que la gente demandaba bastante, el golpe fue duro”, recuerda José Carlos Matamala, presidente de la compañía, quien a propósito del aniversario número 40, habló de cómo ha vivido la evolución de la industria.

Luego de la crisis que menciona, ¿cómo se recompuso la empresa?, ¿cuántos empleados tiene actualmente?

Los ajustes a partir del año 2000 se dieron gradualmente y estuvieron representados, afortunadamente, en nuevas contrataciones. De los 8 empleados que había dejado la crisis de 1999, pasamos a 30, luego a 50 hasta llegar, hoy, a 300. Lo interesante es que seguimos siendo inversionistas y desarrolladores de proyectos, pero, sobre todo, constructores puros.

Veo que en esa línea está el proyecto de uso mixto Atrio, uno de los más emblemáticos para Arpro en estos momentos...

Efectivamente. Ya estamos en los trabajos de preconstrucción de la torre sur de este proyecto ubicado en el Centro Internacional de Bogotá e iniciaremos obra a comienzos del 2020. La torre norte sigue en marcha y estará lista el próximo año.

Hace unas semanas contamos sobre la participación de la firma en nuevas construcciones: una para Cine Colombia y la sede de la Universidad Pontificia Bolivariana (UPB) en Bogotá...

La primera es una obra compleja ubicada en el norte de Bogotá, que estamos desarrollando junto con el arquitecto Thomas Phifer, mientras que la UPB se estrenó en la capital con su sede en el edificio Teleskop, también en el norte de la ciudad. Son grandes desarrollos.

Estaban pendientes de la adjudicación de una obra en la Universidad de los Andes. ¿Hay buenas noticias, cierto?

Sí, Arpro recibió la adjudicación del edificio del centro cívico de esta universidad. Será de gran exigencia, pues se trata del primero de la capital con aisladores sísmicos. El arquitecto encargado es el chileno Cristian Undurraga y el diseño es de Konrad Brunner (quien falleció recientemente y a quien Matamala recuerda con admiración).

Aunque están muy dinámicos en este tipo de desarrollos, la vivienda ha sido clave para Arpro. ¿Cómo va este mercado?

En este punto quiero recordar que la compañía empezó a crecer, especialmente, en los estratos 3 y 4 de la mano de firmas que vendían proyectos a los constructores. De 1978 a 1980, la dinámica fue interesante; de hecho, uno de los más emblemáticos fue Calle del Sol, en La Candelaria (centro histórico de Bogotá), aunque, claro, hubo más.

Lo cierto es que aprendimos a hacer construcciones industrializadas y entregamos conjuntos con piscina y otras novedades, que para esos años eran muy llamativas; de cualquier forma, en nuestro ADN siempre ha estado la misión de ofrecer proyectos inclusivos, es decir, con espacios para la recreación y zonas de cesión, entre otros.

Con base en eso, ¿cómo ve el presente del segmento residencial?


En términos generales, y en medio de las eventualidades de un mercado con altibajos, el negocio está en un periodo de ajustes. Hay que reconocer, de todas formas, el impacto positivo de las políticas públicas, fundamentales para la salud del sector. Por eso, considero indispensable que se aseguren los recursos para los programas que se están manejando.

En algunas ocasiones hemos hablado de la importancia de la renovación urbana. ¿Qué opina, teniendo en cuenta que obras como Atrio aportan a la idea?


En el caso de Bogotá, el hecho de que se la haya dado vía libre al Decreto 621, que impulsa está figura en los ejes de la carrera 30 y la calle 80, es un gran avance. De hecho, participamos en una ambiciosa obra en el barrio el Polo, en el norte de la capital.

En términos generales, necesitamos entregarles más ‘dientes jurídicos’ a los procesos e impulsar estrategias para concertar con la comunidad.

A propósito de vivienda social, ¿cuáles proyectos están manejando actualmente?

Hay dos en el sur de Bogotá, que ya están casi listos en su licenciamiento. En Tunja también tenemos otros dos, y de rangos medio-alto estamos moviendo oferta en Tocancipá y Tocaima, entre otros.

De finales de los años 80 a la fecha, obviamente la forma de edificar es otra. ¿Cómo ha vivido esa evolución?

Hemos hecho un gran esfuerzo para estar a la vanguardia. Hoy, nuestros gerentes hablan un idioma universal en todo lo que le compete al negocio, y la tecnología es uno que vamos aprendiendo día a día, usando, entre otros, el sistema BIM y aportando al desarrollo sostenible.

Con la experiencia de lo bueno y –claro– de las crisis, ¿qué mensaje les da a las nuevas generaciones de empresarios del sector constructor?

Tras la crisis de finales de los noventa, comenzamos casi que de ceros. Ante esto, la única forma de revertir la situación fue a través de la resistencia empresarial, que no es otra cosa que reinventarse, poner la cara y, de nuevo, ganarnos la confianza de los involucrados en el negocio.

Nosotros lo hicimos, y, con esto, otra decisión determinante fue diversificarnos y ofrecer opciones en varios segmentos.

En Twitter: @GabrielFlorezG

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