El papel de los bancos en la superación de la crisis

Mitos y verdades sobre la función que cumplen las entidades financieras en la reactivación. Análisis.  

Cajeros

Cuando un banco asigna adecuadamente el crédito, cumple una función útil desde el punto de vista de la sociedad. 

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Portafolio
mayo 27 de 2020 - 03:48 p.m.
2020-05-27

Como es tradicional, en coyunturas difíciles se suele buscar a los “chivos expiatorios”, a quienes culpar de los males que sufre la sociedad. En la situación actual, uno de los candidatos a desempeñar este papel es el sistema bancario. Son acusados de no irrigar liquidez del gobierno o del Banco de la República a la economía. La solución, abogan algunos, es obligarlos a prestar, otros proponen nacionalizar la banca.

(Los cambios que la covid-19 traerá para los bancos). 

Para aclarar algunas de estas ideas, repasaré brevemente el papel de los bancos en una economía de mercado, como la nuestra, y señalar qué se podría esperar de ellos, y qué no, ante la coyuntura actual.

LOS BANCOS COMO INTERMEDIARIOS FINANCIEROS 


¿Cuál son los productos generados por un banco? Se llaman “créditos”. Las empresas, las personas o los gobiernos necesitan estos productos, para solventar las necesidades de liquidez que puedan enfrentar, para satisfacer sus necesidades de consumo o de inversión.

(Capacidad de pago, línea roja de bancos para negar créditos). 

Cuando un banco asigna adecuadamente el crédito, cumple una función útil desde el punto de vista de la sociedad: contribuye a que los recursos de ahorro se orienten hacia las personas, empresas o proyectos que les pueden dar un uso adecuado. Por otra parte, el banco debe estar razonablemente seguro de que se va a devolver el dinero. Si no lo hace, sería irresponsable con sus ahorradores y accionistas.

¿Cuál es la materia prima principal para producir créditos? Pues son los recursos aportados por los ahorradores (depósitos) o por los accionistas (capital). Esa materia prima es transformada en términos de plazos, y de montos. Muchos depósitos a la vista o de corto plazo sirven para financiar créditos a varios años. Pequeños ahorros son convertidos en grandes créditos para atender inversiones significativas de empresas o de proyectos de infraestructura pública.

Como cualquier otra actividad productiva, el sector financiero genera un valor agregado. El valor del producto entregado a la sociedad (los créditos) es mayor que el costo de la materia prima (depósitos y demás insumos que necesita la entidad). Ese valor agregado está reconocido en las cuentas nacionales de cualquier país, y sirve para pagarle a los funcionarios del banco (remuneración al trabajo) a sus accionistas (remuneración al capital) y al estado (impuestos).

Así como a una empresa le interesa vender sus productos, a los bancos les interesa vender los suyos: su negocio consiste precisamente en colocar créditos, en condiciones aceptables de seguridad. No tendría ningún sentido que se resistieran a hacerlo. Pero deben hacerlo evaluando cuidadosamente los riesgos que asumen. Si no lo hacen, los recursos de los depositantes, y el capital de los accionistas estarían en peligro.

Y frente a la actual coyuntura, ¿están los bancos obligados legal, o moralmente, a dar créditos?

Por la situación, muchos deudores no estarán en capacidad de responder por sus obligaciones en los términos inicialmente convenidos.

En estos casos operan las refinanciaciones o las ampliaciones de plazos, como ya lo han hecho muchas entidades. Según un comunicado de los propios bancos, para finales de abril habrían refinanciado obligaciones a seis millones de clientes, por un valor de $137 billones, desembolsado 23 billones fondeados por sus propios recursos por un valor de $23, 5 billones (y no con recursos del gobierno o del Banco de la República, como se ha informado).

¿Qué pasa si el Estado, a través del Fondo Nacional de Garantías, garantiza al deudor por una suma que puede estar entre el 70% y el 90% del valor del crédito? Pues queda un riesgo a ser asumido por los ahorradores y accionistas del banco que está entre el 30% y el 10% del valor del crédito. Así como a ninguna empresa se le puede obligar a entregar gratis sus productos, o a un empleado a trabajar gratis, a un banco no se le puede obligar a poner en alto riesgo de pérdida el 10% del valor de un crédito.

¿QUÉ HACER?


Como lo han señalado varios analistas, si el Estado quiere apoyar a las empresas en dificultades, y con alto riesgo de insolvencia como consecuencia de la pandemia, el instrumento más adecuado no es el crédito, sino el subsidio directo. Afortunadamente el gobierno ya ha comenzado a dar pasos en ese sentido, al subsidiar una parte de la nómina.

Culpabilizar a los bancos por la no reactivación de la economía porque se niegan a asumir riesgos excesivos, es equivalente a restablecer la tradición del chivo expiatorio. Forzarlos a que lo hagan, puede hacer que los pecados de la sociedad se expíen más adelante a través de una crisis financiera, que, por la experiencia de finales del siglo pasado, puede costar cantidades importantes a los ahorradores o a los contribuyentes.

Francisco Azuero
Profesor de la Facultad de Administración de la Universidad de los Andes

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