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Emprendimiento

El papel de las aceleradoras corporativas en Colombia

Grandes compañías tienen sus ojos puestos startups, en busca de elementos innovadores para vincular a sus organizaciones.

Aceleradora

Las grandes empresas se convierten en una especie de socios y/o aliados estratégicos de estos nuevos emprendimientos.

Archivo particular

POR:
Portafolio
julio 12 de 2021 - 05:40 p. m.
2021-07-12

Cada año, los emprendimientos y la innovación se hacen más necesarios en un mundo en donde los negocios terminan siendo la fuente de crecimiento de la economía de un país. En este panorama, grandes compañías han manifestado su preocupación ante el avasallante ritmo de los emprendedores y, en consecuencia, han decidido incorporar a sus propias organizaciones modelos de aceleración que buscan apoyar estas nuevas ideas.

(Las cinco aceleradoras más destacadas que operan en Colombia). 

Colombia ya se ha convertido en uno de los líderes del ecosistema emprendedor en el continente, teniendo en cuenta que en el último informe de “Dinámica de Creación de Empresas”, elaborado por Confecámaras, reveló que alrededor de más de 280.000 empresas fueron creadas en el 2020 en todo el territorio nacional.

Por esa razón, las grandes compañías no dejan de quitarle los ojos al crecimiento de los emprendimientos y desde hace algunos años empresas como Telefónica, Corona, Grupo EPM, el Puerto de Cartagena, Google, entre otras, han decidido ofrecer programas de aceleración para impulsar el crecimiento de diferentes startups usando sus capacidades y estructuras corporativas como palancas de ese crecimiento.

(Emprendimiento colombiano recibe impulso de aceleradora internacional). 


Para Sebastián Castrillón, cofundador de Estratek, empresa especializada en aceleradoras corporativas de startups, estos son programas alternativos de innovación abierta que buscan, no solo cerrar brechas corporativas de innovación, sino también impulsar y ayudar a crecer a emprendimientos que están empezando a tener tracción o éxito en el mercado, por medio de capacitaciones, financiamiento, alianzas comerciales, redes de valor y muchos otros recursos y capacidades de esos corporativos que patrocinan los programas.

Por su lado, las grandes empresas se convierten en una especie de socios y/o aliados estratégicos de estos nuevos emprendimientos y reciben grandes beneficios que se ven reflejados en la innovación, el crecimiento, la actualización de su portafolio y hasta en la posibilidad de dar soluciones a retos transversales de su organización sin mencionar algunos réditos adyacentes como la mejora de la reputación de la empresa para los inversionistas, la sociedad y hasta el talento joven que a veces es tan esquivo a este tipo de compañías.

“Una empresa necesita cierto nivel de madurez en innovación para poder aceptar que es posible tener programas de construcción colectiva de soluciones abriendo sus recursos y capacidades medulares para que otros las usen como plataformas de generación de valor”, señala Castrillón.

El crecimiento en la aceleración corporativa también se ve reflejado en la inversión de capital de riesgo, teniendo en cuenta que este es un tipo de financiamiento a compañías emergentes con proyectos que tienen un alto potencial, pero que no dejan de presentar un nivel elevado de riesgo.

De acuerdo con la plataforma Statista, la inversión de capital de riesgo en América Latina para 2020 alcanzó un valor de US$4.100 millones de dólares, y aunque tuvo una caída de US$400 millones de dólares en comparación con el 2019, ha tendido a la alza en los últimos años.

En cerca de una década, el valor de la inversión de capital de riesgo en emprendimientos de la región aumentó 2.767 %, teniendo en cuenta que para 2011 el capital era de tan solo US$143 millones. Y lo que es más relevante, de todo el capital de riesgo invertido en emprendimiento, cerca del 24 % de los recursos provienen de fondos de capital corporativo (denominados Corporate Venture Capital) cuyas inversiones superaron los USD 73.000 millones en 2020, según CB Insights.

Natalia Román, profesional de la línea de Corporate Venturing de Ruta N, explicó que en el país los empresarios y las grandes compañías suelen tener los recursos suficientes para invertir en startups pero no tienen los conocimientos suficientes de cómo hacerlo. Por esa razón, es que aún Colombia se encuentra en temas de aceleración corporativa de startups, y otros vehículos de emprendimiento corporativo, por debajo de otros países de la región como Chile o México.

A pesar del leve rezago del país, el ecosistema empresarial cada vez madura más y adopta modelos o estrategias de innovación más sofisticadas como lo son las mencionadas aceleradoras. “Los corporativos siempre están mirando diez pasos más adelante para innovar y salirse de lo tradicional. Por eso, vincularse con startups que tienen modelos exitosos les permitirá dinamizar mucho más su negocio y cumplir sus objetivos rápidamente”, asegura Román.

Por su parte, para Sergio Mendoza, vicepresidente de Escalamiento e Innovación de Innpulsa, agencia de emprendimiento que ha ayudado a 30 aceleradoras del país a fortalecer sus procesos para tener un enfoque a corporativos, afirma que en América Latina, desde el sector privado, han aumentado los esfuerzos en términos de contribución económica que buscan apoyar y fortalecer el ecosistema emprendedor. Sin embargo, aún queda por cerrar la brecha comparativa con otras regiones del mundo, especialmente en cuanto a consecución de más capital y recursos que den el impulso definitivo.

“Actualmente, las aceleradoras corporativas de startups juegan un rol clave en la reactivación económica del país debido a que por medio de sus procesos de aceleración a emprendimientos corporativos brindan la oportunidad a estos de identificar nuevas formas de entender y entenderse con los clientes, explorar nuevos modelos de negocio y cambios en los procesos y en la gestión interna de las organizaciones”, añade Mendoza.

La existencia de firmas locales expertas en la operación de estas aceleradoras como lo son Estratek o Endeavor Colombia, de entidades de fomento como Innpulsa y Ruta N, y de empresas como Corona, EPM o el Puerto de Cartagena que le han apostado a crear y operar sus aceleradoras corporativas en Colombia, son la evidencia no solo del buen nivel de desarrollo de nuestro ecosistema, sino que nos permite tener, de primera mano, un entendimiento real del impacto positivo que tienen estos vehículos en el contexto local de cara a la innovación y transformación corporativa para aumentar la competitividad de las empresas y lograr su permanencia en el tiempo.

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