Silicon Valley necesita corregir ‘defectos’ en sus negocios

Las regulaciones innovadoras puede aplacar los problemas políticos y restablecer la confianza. 

Silicon Valley

La revolución de la productividad, también está perturbando nuestra vida económica cotidiana.

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Portafolio
octubre 13 de 2018 - 05:25 p.m.
2018-10-13

La regulación ha sido históricamente tan bienvenida en Silicon Valley como las contracciones de un sismógrafo. Pero a medida que monitorean las crecientes quejas políticas y sociales, algunas de las principales compañías tecnológicas de la Costa Oeste parecen estar abiertas a tratar de protegerse de un terremoto regulatorio.

(Lea: Emprendedores criollos lucieron su potencial en Silicon Valley). 

La semana pasada, Tim Cook, director ejecutivo de Apple, dijo lo siguiente sobre la regulación de la privacidad, un tema particularmente oportuno debido a las recientes filtraciones de datos en Facebook y Google. Y al declarar que la privacidad es uno de los temas más importantes del siglo XXI, Cook le dijo a Vice News: “No soy una persona proregulación y creo profundamente en el mercado libre. Pero cuando el mercado libre no produce un resultado positivo para la sociedad, debes preguntar: ¿Qué debemos hacer? Y creo que algún tipo de regulación gubernamental es importante”.

Al aplicar más ampliamente la formulación de Cook, vemos que hay muchas áreas en las que el mercado libre habilitado por la tecnología no está produciendo resultados muy positivos para la sociedad. Pero es difícil ver cómo los gobiernos pueden ser lo suficientemente veloces, expertos o globales para enfrentar los desafíos cambiantes que presentan nuestras últimas tecnologías, incluso cuando los políticos están ideológicamente inclinados a intervenir. Quizás se necesita un nuevo enfoque.

Muchos de esos desafíos sociales se examinan en la última edición de MIT Technology Review. En una edición especial sobre la política, pregunta: “La tecnología está amenazando nuestra democracia. ¿Cómo podemos salvarla?”. Respuesta corta: difícilmente.

La revista destaca la manera en que los modelos de negocios impulsados por publicidad de las empresas de medios sociales han abierto el camino para la vigilancia y manipulación masivas. Los ‘bots’ pueden hacerse pasar por humanos y pueden contener sesgos algorítmicos. Ya podemos ver convincentes videos conocidos como ‘deepfakes’ en nuestras pantallas.

Pero la política es solo la mitad de la historia. Si bien la tecnología puede ofrecer la posibilidad de una revolución de la productividad, también está perturbando nuestra vida económica cotidiana. La economía ‘gig’ ha estado erosionando los derechos laborales y convirtiendo apartes de la fuerza laboral en un grupo de trabajadores en una situación precaria. Los reguladores antimonopolio están intentando entender a entidades como Amazon. Dichas plataformas ricas en datos pueden verse mejor como mercados con un solo operador titular privilegiado, que cualquier tipo de compañía tradicional.

En las palabras de Martin Reeves, director del grupo de expertos BCG Henderson Institute, las empresas tecnológicas están “topándose con sus externalidades”. Argumenta que ahora les beneficiaría acordar quién puede “arbitrar” mejor cada desafío.
“Ganar mucho dinero en un sector sin árbitro es una idea fenomenalmente mala”, dice Reeves. “La pregunta que les hago a las compañías de tecnología es: ¿cuál es su estrategia de árbitro?”.

Para las compañías de tecnología, que aún tienen una filosofía de nuevas empresas en lugar de negocios globales gigantes, es una pregunta difícil. Además, los diferentes desafíos pueden requerir respuestas radicalmente diferentes.

Reeves sugiere que hay lecciones que aprender de las industrias más antiguas. Por ejemplo, la industria farmacéutica se ha beneficiado de la regulación preventiva por parte de la Administración de Alimentos y Medicamentos. Tener un riguroso proceso de aprobación para nuevos medicamentos crea un sentido de responsabilidad compartida y mantiene la confianza pública.

La seguridad de las aerolíneas también mejoró radicalmente cuando expertos independientes investigaron las causas de cada accidente y obligaron a las aerolíneas a implementar mejoras. Seguramente se podría establecer un cuerpo de expertos similar para examinar los ‘accidentes' algorítmicos. Los reguladores del sector privado, como las agencias de calificación crediticia de S&P y Moody, también son pagados para juzgar a otras empresas y ayudar a crear “bienes de confianza”.

Fracasaron miserablemente durante la crisis financiera, pero aún pueden desempeñar un papel útil en el sector financiero actual.

Pero quizás la posibilidad más intrigante es si los modelos de confianza distribuidos iniciados por empresas como Wikipedia, Uber y Airbnb también podrían apoyar a la regulación. En cierto sentido, Uber ya actúa como un regulador privado del mercado para conductores y pasajeros al permitir que ambas partes se califiquen entre sí. ¿Se podría alentar a los usuarios de Uber a calificar las propias políticas y prácticas de la empresa? ¿Deberían las empresas de tecnología permitir que sus propios empleados, que cada vez son más vocales sobre las cuestiones éticas, también supervisen el cumplimiento de las normas?

Rachel Botsman, la autora de Who Can You Trust? (¿En quién puedes confiar?), ha argumentado firmemente que la era de la confianza institucional está llegando a su fin; recibió demasiados golpes debido a la crisis financiera, la guerra de Irak y la transparencia digital radical. Ahora estamos entrando en una nueva era de confianza distribuida intermediada por la tecnología. Pero, dice que esta transición va a ser complicada, impredecible e incluso peligrosa.

Los empresarios de las grandes empresas de tecnología entienden este cambio mejor que la mayoría y pueden desempeñar un papel vital para limitar los peligros. Existe una gran necesidad, y una oportunidad de mercado, para la innovación regulatoria. Las empresas tecnológicas deberían estar seriamente interesadas en probar que los problemas infames que han ayudado a crear en la sociedad son defectos, no características, de nuestro mundo moderno.

​John Thornhill

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