Compañías cotizadas son menos ‘cortoplacistas’ de lo esperado

Investigaciones revelan que a los líderes de las compañías que cotizan en bolsa les resulta difícil implementar una visión a largo plazo.

Elon Musk

Elon Musk ha querido retirar a Tesla recientemente de la Bolsa.

REUTERS

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Portafolio
octubre 06 de 2018 - 12:16 p.m.
2018-10-06

Cuando Elon Musk, el fundador de Tesla, anunció en agosto que tenía planes de privatizar la compañía, la noticia no resultó ser una sorpresa. Después de todo, quejarse de los peligros de cotizar en bolsa es un pasatiempo popular para los empresarios de Silicon Valley.

Esto se debe en parte a que no les gusta responder a los fastidiosos accionistas, y mucho menos a la Comisión de Bolsa y Valores de EE. UU. (SEC, por sus siglas en inglés). El fin de semana pasado, Musk se vio obligado a renunciar a su puesto de presidente de Tesla después de que la SEC decidió que había engañado a los accionistas sobre sus planes de privatizar.

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Otra razón por la que cotizar en bolsa es a menudo impopular es el ‘cortoplacismo’. En los últimos años, en varias investigaciones académicas se ha alegado que a los líderes de las compañías que cotizan en bolsa les resulta difícil implementar una visión a largo plazo - por ejemplo, desarrollar planes de inversión - debido a las presiones de los informes trimestrales de ganancias. Por lo tanto, mantenerse privadas, o retirarse del mercado bursátil, se considera una forma de combatir la enfermedad del cortoplacismo.

Suena como un argumento persuasivo. Pero hay un problema: los datos sobre la actividad de las compañías podrían resultar incompatibles. Un grupo de economistas de la Reserva Federal de EE. UU. ha estado analizando estadísticas del Servicio de Impuestos Internos (IRS, por sus siglas en inglés) sobre las declaraciones de impuestos corporativas presentadas por compañías públicas y privadas entre 2004 y 2015. Su objetivo era ver qué revelan los datos sobre la inversión corporativa.

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Estas estadísticas no se han utilizado anteriormente para estudiar los flujos de inversión. Sin embargo, los economistas de la Fed creen que los datos dan poderosas perspectivas, pues no sólo capturan el gasto en investigación y desarrollo, sino que también muestran información para las compañías públicas y privadas de forma consistente.

Los resultados son sorprendentes. La mayoría de estudios afirmaban anteriormente que las compañías que cotizan en bolsa estaban menos dispuestas a invertir a largo plazo que las privadas. Sin embargo, los datos del IRS, que cubrieron 2,7 millones de ‘años de compañías’, sugieren que los grupos que cotizados invirtieron 48,1% más - no menos - que los privados, después de ajustar por sector y tamaño.

Aún más notable, cuando el equipo de la Reserva Federal analizó lo que sucedió cuando las compañías privadas salieron a bolsa, sus proporciones de I+D a activos físicos aumentaron en 34,5%, y las proporciones de “I+D a acciones de inversión totales aumentaron a 17,1%”. Sin embargo, cuando las compañías que cotizan se convirtieron en compañías privadas, hubo “una reducción de las inversiones en I+D”.

Esto no significa que el problema del cortoplacismo haya desaparecido: las investigaciones señalan que las compañías que cotizan en bolsa de “industrias sensibles a los anuncios de ganancias reducen sus inversiones en activos físicos a largo plazo e innovación" cuando los precios de las acciones oscilan de forma drástica, invirtiendo, en cambio, en proyectos a corto plazo. Pero esto no cambió las estadísticas generales. Los investigadores encontraron "pruebas sólidas de que las compañías públicas invierten más en general, particularmente en I+D” que las compañías privadas.

¿Qué deben interpretar los inversionistas de esto? Un cínico podría señalar que el problema del cortoplacismo no se puede medir sólo por el gasto de capital. Las presiones del mercado de valores pueden llevar a los directores ejecutivos a tomar otras medidas destructivas, como buscar adquisiciones absurdas, crear descabellados planes de compensación o ignorar ‘externalidades’, como los costos ambientales.

Además, los datos de gastos de capital lucirían menos impresionantes si se analizan en un entorno internacional más amplio. En términos brutos, la I+D corporativa en EE. UU. ha aumentado en los últimos años. Pero en términos per cápita, se ubica por debajo de países como Corea del Sur, Japón, Alemania y Suiza, y la I+D de China está recuperando terreno rápidamente.

Pero incluso con esas salvedades, la investigación defiende el principio del capitalismo de accionistas. Sí, la cotización en bolsa está plagada de peligros. Pero el hecho de ser una compañía privada no garantiza un aumento en la inversión a largo plazo o en I+D. Quizás alguien debería enviarle el documento de la Reserva Federal a Musk. O mejor aún, al nuevo presidente de Tesla.

Gillian Tett

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