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Empresas

Vendía dulces y hoy lidera una de las empresas más grandes de licores

Luz María González de Bedout está detrás de Dislicores, empresa con más de 1400 empleados.

Luz María González de Bedout en el store de Dislicores de El Poblado, Medellín.

Luz María González de Bedout en el store de Dislicores de El Poblado, Medellín.

Jaiver Nieto.

POR:
MARÍA ALEJANDRA RODRÍGUEZ
noviembre 27 de 2022 - 05:48 p. m.
2022-11-27

Luz María González de Bedout tenía solo 19 años cuando debió tomar una de las decisiones más importantes de su vida, seguir el legado familiar o dedicarse a sacar adelante su carrera de derecho y concentrarse en ser una exitosa abogada.

Hoy, más de 40 años después, no duda ni un segundo en que tomó la mejor de las decisiones. Dislicores cumplió 46 años y tiene presencia en 16 ciudades siendo una de las empresas de licores de las más importantes del país. 

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Eran los años cincuenta, su papá, un piloto apasionado por las aeronaves, pero influenciado por la mamá de Luz María que no le gustaba mucho el tema de los aviones, creó Disconfites, una empresa dedicada a vender bocadillos, dulces, confites y demás alimentos empacados. Años más tarde, incursionaron en el mundo de los licores y comenzaron a distribuir líneas nacionales y algunos vinos, pero la cultura del vino aún no estaba tan marcada como ahora en el país. 

Cuando Luz María cumplió 14 años, falleció su mamá y cinco años más tarde murió su papá. “Con la muerte de mi mamá, yo comencé a trabajar con mi papá y él me daba como derroteros como si él supiera que iba a fallecer, e incluso me daba indicaciones de quién debería guiarme, tanto de la familia como de la empresa”, cuenta. 

Las dos empresas ya sumaban 100 empleados, era una gran responsabilidad para Luz María que no alcanzaba a los 20 años y para su hermano Juan Martín, 3 años menor que ella. 

Yo no sabía ni firmar un cheque, así que tomé la decisión de conformar una junta directiva de verdad porque las de mi papá era donde el dueño tomaba la decisión(…) estuvimos prácticamente quebrados”, cuenta Luz María. 

Hicieron un diagnóstico empresarial y restructuraron administrativamente tanto Disconfites y Dislicores. “Progresamos muchísimo y luego llega el gobierno de Belisario Betancourt que cerró las importaciones en Colombia y le dimos un vuelco a la compañía y jugamos mucho con la industrial nacional”, dice. 

Años más tarde, Luz María ve en el vino un negocio muy importante y ahí decide irse para Chile a pedir la representación de una famosa línea de vinos, Gato Negro. 

Comenzamos a fomentar la cultura del vino y ahí miramos para Europa. Conseguimos líneas en Italia, Francia, Alemania y participamos en todas las ferias y nos comenzamos a posicionar y miramos al vino como una experiencia, mas no como un producto e iniciamos a pensar en los primeros store (tienda)”, explica Luz María. 

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No tenían amplios recursos para publicidad así que vieron a las tiendas como una oportunidad para venderle a la gente experiencia. Comenzaron a afianzar más estas relaciones e iniciaron alianzas con restaurantes y bares; les dieron cursos a meseros para aprender a servir el vino y eso afianzó una relación íntima con “el cliente, el proveedor y nuestros empleados que son fundamentales para nosotros”. 

En el 2020 ya eran 1.000 trabajadores. La empresa que comenzó con 100 cuando tenía 19 años, había crecido 10 veces. Mirar para atrás y ver cómo junto a su hermano habían hecho posible el sueño de sus padres.

Entró la pandemia por el covid-19 y ahora no solo tenía que velar por la empresa, sino por la familia de 1.000 trabajadores.

Y con ella llegaron los problemas con el cierre de establecimientos, pero también las oportunidades.

Comenzaron un trabajo de consumo responsable del licor, del vino, que comenzó a tomar más fuerza en la mesa de los colombianos y fortalecieron sus canales digitales.
Creamos una página que le daba experiencia al cliente, tanto al que compra retail como el que compra al por mayor y nuestros vendedores especializados se concentraron en la experiencia”, relata Luz María.

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Su baluarte más grande

“Trabajamos desde el área jurídica para buscar cómo no sacábamos a ningún empleado y así fue, no bajamos ningún salario y una cosa muy linda es que desde el fondo de empleados les congelaron las deudas durante de la pandemia y ahí nace un tema de responsabilidad social que se ha venido ampliando con los años”, dice González. 

“El baluarte más grande que uno tiene es la gente, yo puedo saber mucho y con muchas ambiciones, pero uno solo no hace nada; entonces si yo no tengo a mi gente bien, si no sé qué tienen todas las comidas, entonces, ¿yo qué estoy haciendo? y eso se me traduce a que mi gente feliz va a transmitir felicidad a mi cliente ”, apunta Luz. 

MARÍA ALEJANDRA RODRÍGUEZ 
EL TIEMPO

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