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‘El ajuste fiscal no debe afectar gasto en infraestructura’

Según José Agustín Aguerre, gerente de infraestructura y energía del BID, hay que invertir más en estas obras y mejorarlas para apoyar el repunte.

José Agustín Aguerre

José Agustín Aguerre es el gerente del Sector de Infraestructura y Energía del Banco Interamericano de Desarrollo.

Archivo particular

POR:
Portafolio
marzo 16 de 2021 - 07:00 p. m.
2021-03-16

Hoy da inicio la agenda de la Asamblea de Gobernadores del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en Barranquilla, la cual se centrará en temas como la infraestructura en la reactivación, el cambio climático, la equidad y la digitalización, entre otros.

(Duque anuncia agenda legislativa, que incluye la reforma tributaria). 

Además, desde el lunes se desarrolla una agenda paralela, con anuncios como el crédito de US$250 millones a Barranquilla, y conversaciones en el ‘Circuito Colombia’ sobre transición energética, infraestructura, recuperación verde y la navegabilidad del río Magdalena, entre otros. Además, el viernes se hará oficial la financiación del BID para el programa ‘Sacúdete’ para adolescentes y jóvenes para el desarrollo de nuevas habilidades. Será de US$50 millones y lo administrará el ICBF.

Cabe señalar que el BID presentó ayer un nuevo informe sobre la transición energética en Colombia, en el que destaca los avances. Para ello, Portafolio habló con José Agustín Aguerre, gerente de infraestructura y energía del BID, sobre las conclusiones.

¿Cuáles son las principales conclusiones del reporte?

La conclusión es que la transformación energética de los últimos años permitirá tener un servicio eléctrico suficiente y de calidad, fundamental para una sociedad moderna y productiva. Colombia ha asumido un rol de liderazgo regional y global, y sus esfuerzos permitirán promover la seguridad energética, asequibilidad y universalidad del servicio, y la mitigación de efectos del cambio climático.

Esto ayudará a la recuperación sostenible, pues la construcción de infraestructura de energía limpia crea el doble de puestos de trabajo por cada millón de dólares gastados en proyectos de combustibles fósiles.

¿Qué falta en el proceso?

Lo primero es consolidar nuevas tecnologías de generación, como el hidrógeno y la geotermia. El BID está financiando la hoja de ruta para el hidrógeno en el país, preparando el terreno para el trabajo regulatorio, técnico e institucional, junto con los pilotos.

También estamos comprometidos con la electromovilidad, apoyando estudios y preparando operaciones para financiar la compra de flotas de buses eléctricos. Estamos ayudando con los análisis de costo-beneficio y estudios del grado de penetración y los efectos en disminución de pérdidas y la calidad del servicio.
BID sigue siendo un aliado de Colombia en cerrar las brechas en cobertura.

¿Cuál es la posición del BID frente al futuro del sector minero-energético?

Hemos trabajado con los gobiernos para fortalecer los marcos regulatorios y la planificación. La diversificación energética reduce la vulnerabilidad a cambios del mercado y eventos climáticos. Pero cumplir con el Acuerdo de París requiere un proceso de transformación sin precedentes con miras a alcanzar emisiones cero en mitad de siglo.

¿Qué beneficios puede ofrecer la infraestructura en la recuperación?

Invertir eficientemente y en los proyectos adecuados de infraestructura brinda múltiples beneficios, desde impulsar el crecimiento, crear empleos y mejorar la productividad, hasta asegurar un acceso equitativo a los servicios básicos.

Estudios recientes muestran que en América Latina, por cada dólar de inversión en infraestructura, se genera el potencial de que el PIB aumente aproximadamente U$1,5 en cinco años. Y este impacto puede ser aún más grande durante períodos recesivos, como el que estamos atravesando.

Estimaciones que hemos realizado en el BID indican que el potencial de crecimiento producto de la inversión en infraestructura puede hasta duplicarse en estas circunstancias.

¿Este mayor impacto podría cuantificarse?

Solo con los empleos directos generados por la inversión en infraestructura, se calcula en US$35.000 por cada US$1.000 millones, aunque este número puede multiplicarse si se invierte en actividades intensivas como el mantenimiento de caminos o mejoras de viviendas y edificios.

Además, en nuestro ‘DIA 2020’ hemos encontrado que los impactos de la inversión en infraestructura generan un crecimiento inclusivo, ya que el 40% más pobre de la población se beneficia un 16% más en relación con el 40% más rico.

Estos beneficios no son abstractos: son mejores ingresos para las poblaciones relegadas, mayor acceso a los servicios de transporte, electricidad, agua y saneamiento, entre otros.

¿Cuál es la brecha que todavía existe en la región en infraestructura?

La región tiene todavía una cuenta pendiente en la provisión de servicios de infraestructura accesibles y de calidad. Nuestras estimaciones indican que los países en promedio requieren invertir un 3,5% de su PIB cada año para poder cerrar las brechas identificadas.

Esto es preocupante, pues los datos de inversión muestran que pese a los esfuerzos, el dato está alrededor de 2% del PIB, por lo que es todavía necesario invertir más y mejor.

La pandemia genera otra preocupación, pues históricamente ante la necesidad de ordenar las cuentas fiscales, esta inversión sufrió recortes más que proporcionales frente a la totalidad del gasto. Debemos ser fiscalmente responsables, pero si queremos cerrar las brechas existentes es fundamental que evitemos esto.

¿Cuáles son las áreas en las que hay que trabajar frente a lo problemas que deja la pandemia?


Está la necesidad de modificar el paradigma y cambiar el foco de las estructuras a los servicios y de desarrollar infraestructura sostenible. Dejar de pensar en términos de torres de alta tensión y tuberías, y hacerlo en cuanto a la calidad de los servicios que recibimos, que cuarentena demostraron ser claves.

Todo esto en un contexto de revolución digital que brindará enormes oportunidades para mejorar los servicios y poner en el centro a los consumidores.

La digitalización de los servicios de infraestructura permitirá impulsar el crecimiento económico y favorecer al mismo tiempo a los sectores de menores ingresos. Un ejercicio que hemos realizado en el BID muestra que las tecnologías digitales no solo tienen un impacto positivo en el alza del PIB, sino también en mejoras en la distribución del ingreso.

La inversión en infraestructura permitirá poner en marcha las economías luego de la pandemia, pero al poner el foco en los servicios, permitirá que salgamos más fortalecidos.

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