'Este año, Uber ha pagado unos $44.000 millones en impuestos'

Dara Khosrowshahi, CEO de esta empresa, asegura que están listos para su regulación en Colombia. 

Dara Khosrowshahi, CEO de Uber.

Dara Khosrowshahi, CEO de Uber.

AFP

POR:
SERGIO GÓMEZ MASERI
diciembre 04 de 2018 - 10:35 a.m.
2018-12-04

Todo el mundo le dice Dara, su nombre de pila. En gran parte tiene que ver con su apellido, Khosrowshahi, difícil de pronunciar. Pero también con su carácter afable y descomplicado, siempre de tenis, nunca con corbata y por lo general, de sonrisa amplia. Nació en Irán y desde hace poco más de año y medio es CEO y rostro de Uber, la empresa estadounidense que en la última década ha sido punta de lanza en la revolución del servicio de transporte, pero que hoy tiene sus ojos puestos en decenas de productos que van desde bicicletas eléctricas y carros automatizados hasta “aerotaxis”, que podrían estar volando en los próximos dos o tres años.

Gracias a una invitación de Uber, nos encontramos en sus oficinas en San Francisco, California, donde sus empleados lo veneran por haber sacado a la empresa de unos de sus peores momentos, cuando se los acusaba por prácticas discriminatorias, sexistas y enfocadas a obtener el mayor margen de ganancia sin reparar tanto en el método.

Hoy, dice, la empresa se perfila como un empleador inclusivo, hace parte de la solución de los problemas de movilidad que aquejan a la mayoría de ciudades. Y, sobre todo, salir del limbo en el que se encuentra en la mayoría de países de Latinoamérica, como Colombia, donde no ha sido regulada.

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En la conversación, su primera con un medio colombiano, le pide al gobierno de Iván Duque sentarse a dialogar y anuncia por primera vez el monto de impuestos que le pagaron al Estado este año.

Es evidente que están interesados en América Latina. ¿Qué es lo que les llama tanto la atención?


No solo nos interesa sino que creemos que es una región vital para nosotros. Invertimos desde el comienzo en países como Argentina, Brasil y Colombia porque creemos que hay un gran potencial económico y humano. Es la región de más rápido crecimiento y ya nuestro principal mercado en cantidad de servicios ofrecidos. Lo que vemos es que somos un servicio que a la gente le encanta, una fuente de autoempleo para miles de conductores, que permite a la gente movilizarse de manera más eficiente y que genera desarrollo económico y social.

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Claro. Pero también está el tema de la competencia, con fuertes rivales como Didi, de China. Ya están en México y Brasil. Y también las compañías locales. ¿Qué les hace pensar que su producto es mejor y que prevalecerá?

El negocio de la movilidad es gigantesco y genera unos US$ 6 millones de millones (6 billones) de dólares anuales. Pero, cuando uno observa la manera como las personas se desplazan en las ciudades, es decir a través de carros, trenes, buses, se da cuenta de que es un sector que no se ha transformado con la tecnología al nivel de otros o que apenas está en etapas primarias de esa transformación. Es decir, hay grandes oportunidades. Tuvimos la fortuna de ser de los primeros en entrar a la región, pero le damos la bienvenida a la competencia porque creemos que eso nos obliga a ser mejores, a ofrecer un mejor servicio. Y lo más probable es que esa competencia siga al menos por una década. Mientras sigamos innovando, mientras sigamos ofreciendo un servicio que es bueno y confiable, vamos a seguir creciendo.

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Llevan más de 5 años en Colombia y en otros países de la región y su situación legal sigue estando en el limbo. ¿Cuál es el principal obstáculo que encuentran y qué proponen para salir de ese atolladero?

Lo que pedimos es que se establezca un campo de juego nivelado en materia de regulaciones para todos los proveedores de transporte y movilidad. A los taxis ya los han regulado, pero creemos que esa regulación debe ser actualizada. Mire, Uber es un concepto que va a ser parte importante de como la gente se desplaza en cualquier ciudad del mundo. Estamos listos para hablar con el ministro de Transporte, para desarrollar regulaciones que tengan sentido común y sean justas para todos.

En ese sentido, ¿qué señales ha recibido del presidente Duque?

Supongo que debe estar muy ocupado. Pero lo que sí creemos es que somos actores fuertes en el país. Ya son 88.000 conductores mensuales que usan la plataforma, y en la mitad de este año hemos pagado ya unos 44.000 millones de pesos en impuestos como resultado de nuestras operaciones (un dato que no habían revelado hasta ahora). Podemos ser un motor económico para Colombia como generadores de empleos parciales y de tiempo completo y a través del pago de impuestos. El mensaje que les mandamos es muy claro: estamos listos a ser regulados de una manera que sea justa para todos.

El mensaje de Uber al sistema tradicional de taxis parece ser: o se adaptan o desaparecen.

Todos los modelos deben adaptarse, y si ellos lo hacen van a ser exitosos. Todo el mundo necesita desplazarse, y tanto taxis como Uber tienen un rol. A la larga, lo que nosotros queremos es no solo trabajar con taxis sino con buses y sistemas de transporte masivo y compartir toda la información sobre cómo la gente se mueve en las ciudades y así poder ser actores constructivos en cómo se diseñan las ciudades, los paraderos, las estaciones, etc.

El éxito de Uber y otros ha estado atado al nivel de acceso a internet, teléfonos inteligentes y bajo costo de los planes de datos. En América Latina aún estamos rezagados. ¿Qué tanto está frenando eso la expansión de este tipo de servicios?

A veces hemos pecado por ver las cosas desde una perspectiva muy occidental, donde la infraestructura de banda ancha es abundante y los móviles, más poderosos. Pero somos también autocríticos y cuando nos dimos cuenta de eso armamos un equipo en la India que desarrolló una aplicación que está diseñada para teléfonos de menor capacidad. Se llama Uber Light y se lanzó en septiembre en Colombia. Su descarga ocupa menos espacio y requiere menos banda ancha porque elimina cosas como el mapa que aparecía siempre al inicio y tomaba mucho tiempo en cargar. La aplicación es superrápida y eficiente. Es decir, estamos realizando alteraciones específicas para un mundo donde la banda ancha no siempre es igual en todas partes.

El tema de la seguridad en América Latina es complejo y son frecuentes los robos y abusos en este tipo de transporte ¿Cómo se están adaptando?

La seguridad es nuestra iniciativa más importante. Y, como usted dice, todos los mercados tienen retos diferentes. En Estados Unidos y otros países se usa la tarjeta de crédito y la información bancaria para establecer la identidad de una persona y buena parte de su historia. Pero, en Latinoamérica, el efectivo es muy utilizado como forma de pago y por lo tanto no es posible esa forma de verificación. Pero usamos otro tipo de filtros. Estamos exigiendo, por ejemplo, una conexión con Facebook y otra forma de identificación del usuario. Eso nos cuesta en volumen porque algunos no quieren dar esa información. Hemos concluido que la prioridad es una plataforma lo más segura posible. Estamos usando además tecnología para mejorar la seguridad. Podemos saber, por ejemplo, qué zonas de la ciudad son menos seguras y a qué horas –por ‘info’ que se va recolectando de usuarios y conductores–, y diseñar rutas que las evaden.

¿Qué les dice a los que acusan a Uber de contribuir a la polución y a la congestión vehicular?

La congestión y la polución son problemas que cada ciudad debe enfrentar en la medida en que más personas se muevan hacia los centros urbanos. Hoy, el 50 por ciento de la población está allí, pero la ONU dice que pronto serán las dos terceras partes. Uber lo que ataca son los carros personales, que es el agravante número uno de la congestión, y por eso nuestra tecnología apunta a volver los carros más eficientes y, a su vez, menos relevantes. Nuestro primer paso era lograr que los carros personales se usaran para movilizar más gente y no solo a su dueño. Y eso ha reducido la cantidad de carros en las calles y el espacio que ocupan en estacionamientos. El segundo fue buscar que la gente compartiera una carrera con otras personas. Ese servicio, que se llama Uber Pool, saca aún más autos de las calles. Un tercer componente en el que estamos invirtiendo mucho y esperamos llevar muy pronto a su región (2019) son los vehículos eléctricos personales como las bicicletas y las patinetas para movilizar a la gente en trayectos más pequeños. El cuarto eje de nuestra visión es que Uber se convierta en una plataforma de movilidad para todo. Queremos que los servicios de transporte público –metros, buses y taxis– estén en Uber para ofrecer la ruta más eficiente.

¿Ve un futuro en el que el concepto de carro particular desaparece?


No tiene sentido que una persona tenga un carro para su uso particular. En promedio, un carro de estos se usa solo 5 por ciento del tiempo. Están tremendamente subutilizados. Creemos que la combinación de todos estos servicios, como el pool, sumado a carros eléctricos y carros autónomos, volverán las calles más seguras, más silenciosas, y las ciudades más limpias y descongestionadas. Y harán que el auto personal sea cada vez menos necesario.

¿Cuál es la apuesta de Uber ahora que ha comprado el servicio de bicicletas Jump y está incursionando en el mercado de las patinetas?

La electrificación de estos vehículos individuales es una revolución en sí misma. ¿Ya las usó? –pregunta–. Cuando se monte en una de ellas se dará cuenta de que uno se siente como Súperman. No requieren esfuerzo alguno. En San Francisco, el promedio de los viajes en carros es de unos 4 kilómetros. Pero al menos un 30 o 40 por ciento de ellos son de menos de esa distancia. Imagínese un mundo en el que podamos reemplazar ese 30 o 40 por ciento de viajes más cortos por viajes en bicicletas, que son fáciles de manejar y hasta se llega más rápido al destino final.

Cree que Elevate, los aerotaxis, son el futuro. ¿Por qué?


Tenemos la tecnología para desarrollar un vehículo de ascenso y descenso vertical que será silencioso (es eléctrico) y seguro y que vamos a comercializar a partir del 2023. Así como las ciudades crecieron en tercera dimensión, el transporte también debe hacerlo.

SERGIO GÓMEZ MASERI
Enviado Especial
San Francisco

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