Eurípides Cepeda, mecánico con estrato de empresario

El presidente del concesionario Sincromotors Renault cuenta cómo pasó de ser un aprendiz de soldadura a un mecánico y empresario reconocido en el país.

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enero 31 de 2013 - 01:32 a.m.
2013-01-31

Eurípides Cepeda es hoy el mismo mecánico automotor de hace 60 años. Y aunque sabe mucho más que a mediados de los 50 cuando empezó en el oficio siendo apenas un adolescente, sigue cumpliendo al pie de la letra una frase que él acuñó como disciplina para su vida: ‘Lo imposible lo hago ya y lo difícil inmediatamente’.

El presidente del concesionario Sincromotors, empresa familiar que lleva 40 años en el mercado y que nació como reconocimiento de la marca Renault a la dedicada carrera de este mecánico nacido en Moniquirá (Boyacá), cuyo primer trabajo lo consiguió a los 11 años de edad. Lo hacía escondidas por el riesgo de que su patrón fuera sancionado por emplear menores.

Su difícil, pero exitosa historia personal se inició con el fallecimiento de sus padres cuando él ni siquiera había cumplido una década de vida.

A los 12 años de edad llegó a Bogotá en busca de oportunidades. Rápidamente consiguió puesto como soldador en el taller Sastoque, y unos días después pasó al taller Ortega, ambos de mecánica automotriz multimarca.

Siendo aún un adolescente, rondaba los 15 años, se presentó a un concurso convocado por la multinacional General Motors en Bogotá para escoger los mecánicos para la empresa en Colombia. Al resultar ganador de la convocatoria, la compañía estadounidense lo nombró representante de esa empresa en el país. Casi no lo contratan por ser menor de edad.

Comenzó a atender los camiones que llegaban a Talleres Müller, ubicado al lado de la plaza Samper Mendoza de la capital del país. Luego se dedicó a reparar vehículos de marca Austin. Con lo que aprendió, se fue a trabajar a la empresa Supergas. Allí se encontró con algo muy particular.

Los conductores de los vehículos que distribuían el gas trabajaban un rato y luego se iban a jugar tejo. Por la tarde regresaban a la empresa con el camión lleno de cilindros, sin entregar, y decían que el vehículo se había varado casi todo el día, y que por eso no habían podido hacer las entregas. Sin embargo, una vez se fue a hacer una diligencia fuera del taller y encontró a un buen número de camiones de la empresa parqueados en una cancha de tejo, mientras los conductores y los ayudantes se dedicaban a jugar y a tomar cerveza.

A pesar de sus buenos resultados, una empresa lo despidió debido al mal ambiente laboral en su contra generado porque no aceptó pertenecer al sindicato de trabajadores.

Con la plata de la liquidación, Eurípides Cepeda inició su carrera de mecánico empresario. Incluso vendió algunos bienes de su propiedad, entre ellos el televisor, para completar el dinero para crear su empresa. Abrió Euricep, un taller ubicado en Chapinero.

Al convertirse en empresario independiente, don Eurípides entendió que no se las sabía todas. Por ejemplo, no sabía cobrar. También se le dificultaba encontrar personal idóneo para su empresa. “Querían ganar plata, pero no estaban dispuestos a trabajar al ritmo de su jefe”, dice. Otra de las dificultades fue la de los continuos cambios de ubicación del taller, el cual fue trasladado en tres oportunidades. Pasaron muchas cosas, pero los clientes que Eurípides Cepeda había atendido durante toda su carrera seguían siendo fieles.

La búsqueda de mecánicos lo llevó a hacer recorridos por pueblos de Boyacá y Cundinamarca, hasta el punto que llegó a tener casi una escuela de mecánica. Él les daba el hospedaje, la alimentación, les enseñaba y les garantizaba trabajo. Mientras tanto, sus cuatro hijos, tres mujeres y un hombre, fueron involucrándose en el negocio.

Su éxito estaba en abrir temprano y cerrar cuando el cliente se fuera satisfecho. “Muchas veces amanecimos trabajando para entregar un carro que el dueño necesitaba para el día siguiente”, afirma.

“Empresas de transporte intermunicipal como Flota Magdalena y Expreso Bolivariano llevaban los buses a mi taller a cualquier hora, para que se los arregláramos cuanto antes. Incluso, llegó un momento en que no podíamos recibir tanto carro, porque otro de nuestros lemas era el cumplimiento", dice Cepeda.

Un día de 1972, Renault le propuso que se convirtiera en taller autorizado exclusivo para la marca. El contrato fue firmado rápidamente y Sincromotors, nombre que ya había sustituido al de Euricep, cambió de cara y de estrato. 

En 1981 la compañía entró al negocio de la venta de vehículos Renault, como concesionario. La planta de personal asciende a 112 trabajadores en sus sedes de Bogotá y Chía.

“Como cuando empecé a trabajar, a mis 11 años de edad, mi estrategia sigue siendo la misma: tener clientes totalmente satisfechos. Para ello cumplimos a cabalidad con las 10 promesas del servicio”.

Pese a haber pasado por crisis y momentos de auge, Eurípides Cepeda sigue apegado a su estrategia de vida: ‘trabajar desde temprano y acostarse cuando el cliente diga’.

Eso es lo que lo hace que aún se levante todos los días a las cuatro de la mañana, y les recuerde a sus hijos que hay que ganarle al trancón. 

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