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24 jun 2023 - 4:43 p. m.

McDonald's, Monopoly y la promoción en la que intervino el FBI

Durante los 20 años que estuvo en vigencia el concurso, se llevó a cabo una estafa que involucró a falsos concursantes y millones de dólares en juego.

McDonald's y Monopoly

McDonald's y Monopoly

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Las colaboraciones entre marcas suelen ser una estrategia a la que recurren las empresas con el fin de crear un producto o un servicio único, apelando a la fidelidad de sus clientes para ampliar su alcance.

De manera que, el tomar la alianza entre dos compañías icónicas como McDonald's y Monopoly suena como la opción perfecta para ejemplificarlo. Excepto que en este caso no lo es.

Esta es la historia de cómo lo que inició siendo una idea ganadora, se transformó a lo largo de 20 años en un juego arreglado que involucró a falsos concursantes, pérdidas millonarias y una operación encubierta del FBI.

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El Monopoly de McDonald's

En 1987, McDonald's anunció el lanzamiento de una nueva promoción en conjunto con la compañía de juguetes Hasbro, sumando a la ecuación a uno de sus juguetes estrella: el Monopoly.

La dinámica era simple. La cadena de comida rápida presentó una versión del juego de mesa en la que los clientes tenían que reunir unas fichas desplegables que cumplían la misma función que las tarjetas de propiedad.

Estas venían en los envoltorios de las hamburguesas, las papas fritas y las bebidas y se usaban para completar los casilleros de un tablero diseñado especialmente para el concurso.

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Una vez reunidas las piezas del mismo color, los consumidores podían canjearlas por los premios señalados en los stickers, los cuales incluían comida, casas, viajes, autos e incluso un millón de dólares.

Al contar con más trofeos baratos que recompensas de gran valor, muchas personas lograban ganar de manera constante, lo que las incentivaba a seguir participando para obtener los premios ‘gordos’.

El furor por esta promoción fue tal que se mantuvo en vigencia a lo largo de dos décadas en el mercado estadounidense, incrementando las ganancias de McDonald's en un 40 %.

¿Era posible falsificar las piezas?

Para responder a esta pregunta, hay que destacar que en Estados Unidos las leyes prohíben que las empresas administren sus propias promociones. Esto con el propósito de garantizar una ejecución legítima y evitar fraudes.

La empresa Simon Marketing, conocida por ser la creadora de la famosa Cajita Feliz, fue la encargada de supervisar el concurso desarrollado entre Monopoly y McDonald's.

Para esto la compañía contrató a la imprenta Dittler Brothers para encargarse de la fabricación de las fichas, la cual contaba con estrictos protocolos de seguridad en su producción.

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En el caso de los stickers ganadores, una vez impresas, estas se colocaban en un sobre que contenía otras piezas de menor valor. En la parte de afuera el papel estaba firmado por todos lados y se sellaba con un precinto de seguridad para garantizar que nadie lo abriera con antelación.

El sobre era transportado en un maletín que requería de dos claves, una le pertenecía al contador de Dittler Brothers y la otra al jefe de seguridad de Simon Marketing. Este artefacto solo podía ser abierto en presencia de ambos.

En resumen, todo se dejaba al azar.

Además, cada sticker especial contaba con un código escrito en tinta invisible, así que si un comensal aseguraba haber ganado un premio mayor, sólo bastaba con que la sucursal corroborara esta información para poder hacerlo efectivo.

Durante los años que estuvo en marcha el concurso, McDonald's registró que aproximadamente 53 ganadores de todo el país lograron hacerse con los premios más grandes, incluidos los afortunados que se llevaron el millón.

Y si bien esta cifra parecía indicar que todos quienes participaban tenían la oportunidad de ganar una fortuna, una llamada logró dar un vuelco al juego.

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El comienzo del fin: se suma el FBI

A comienzos del año 2000, el FBI recibió un reporte anónimo que señalaba al Monopoly de McDonald's de estar envuelto en un fraude en el que varios de los ganadores parecían estar relacionados entre sí.

Como dato importante, el informante señalaba que la cabeza detrás de toda esta estafa era conocido como ‘el tío Jerry’.

Aunque parecía algo poco probable debido a la magnitud de la promoción y al tiempo que llevaba vigente, la entidad estatal inició una investigación a la que denominó como ‘Respuesta Final’.

Para llevar a cabo la operación, el FBI se hizo pasar por un equipo de filmación enviado por la cadena de restaurantes para entrevistar a los ganadores. El objetivo era poder interrogarlos, corroborar sus historias y de paso descifrar la identidad de quien lideró el engaño sin que estos supieran que estaban siendo investigados.

El caso, que contó con el respaldo de Mcdonalds para reunir la evidencia, fue llevado a cabo por 25 agentes, quienes lograron rastrear alrededor de 20 mil números telefónicos y grabaron cientos de horas de conversación en las que se detectaron varias irregularidades y contradicciones.

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De igual forma, las indagaciones arrojaron que casi todos los ganadores de recompensas de alto valor estaban conectados y que en el centro de esa gran red se encontraba Jerry Colombo, un hombre que figuraba dentro del listado de los galardonados.

El rompecabezas estaba casi resuelto, pero aún faltaba la pieza clave: descifrar cómo es que Colombo obtuvo las piezas ganadoras.

La mente detrás de la estafa

Aunque Jerry Colombo cumplía un rol vital dentro de toda la operación, de hecho, él también le rendía cuentas a un superior.

El FBI descubrió que el encargado de conseguir los tickets ganadores era Jerome Jerry Jacobson, el jefe de seguridad de Simon Marketing.

Jacobson logró hacerse con los precintos de seguridad empleados para sellar el sobre en el que eran transportadas las piezas, así como con la clave del contador de Dittler Brothers. De esta manera, en momentos de descuido, extraía las fichas más valiosas y las reemplazaba por otras de menor valor.

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Posteriormente, su botín lo distribuía entre algunos intermediarios, incluido Colombo, quienes se encargaban de vender las fichas a conocidos con una comisión de por medio.

El dinero obtenido era entregado de manera mensual, por lo que, menos los impuestos y el porcentaje que le correspondía al intermediario, provocaba que los supuestos ganadores tardaran años en recuperar su inversión. Es decir, la red funcionaba de manera similar a una estafa piramidal.

Los agentes del FBI arrestaron a Jacobson el 22 de agosto de 2001, así como a ocho de sus cómplices principales quienes le robaron a McDonald's alrededor de 24 millones de dólares.

Una vez cerrada la investigación, la entidad dio a conocer que entre 1989 y 2001 no hubo ganadores reales en los premios de alto valor del Monopoly de McDonald's. Por lo que ningún participante ajeno a la estafa tenía una oportunidad verdadera de ganar una fortuna.

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En respuesta al escándalo, la cadena de restaurantes donó 25 millones de dólares en premios a clientes seleccionados completamente al azar.

Por su parte, tanto Simon Marketing como Dittler Brothers tuvieron que cerrar sus operaciones, generando cientos de despidos a su paso.

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